De hooligans políticos y títeres
Recuerdo un partido en el Santiago Bernabéu en el que el Real Madrid se jugaba las semifinales de la Copa de Europa contra el Manchester United que posteriormente subiría a las vitrinas del Real Madrid, concretamente el año de la séptima. Estaba en las gradas con mis amigos Josefito, Marcos, Lolo, Jorge y Fran, que recuerde, y escuchábamos los cánticos de los ingleses. Ju-li-án, gritaban. Hooligan decían en realidad, pero escuchábamos Ju-li-án una y otra vez. Nosotros haciendo señas para llamar su atención, les gritábamos a modo de respuesta: “¿Qué Julián?” con esa tontería nos reímos. Siempre pensé que los Hooligans únicamente se encuentran en el estadio de fútbol. También los hay en la religión, por ejemplo, y especialmente, en la política.
Si hay algo que detesto es la defensa irracional de una postura porque eso implica defender a los míos. Yo, siguiendo con el ejemplo futbolístico, como madridista que soy, entiendo que a Mourinho le tendría que haber castigado el Real Madrid cuando metió el dedo en el ojo de Tito Vilanova; o también que Pepe, tras la agresión que cometió contra Casquero en el Santiago Bernabéu, debería haber sido expulsado del Real Madrid. En cambio, hay gente que si un personaje de su partido es inculpado por presunto robo o lo que sea, le defenderá siempre, la razón de peso es porque es de los suyos.
Si hay otra cosa que detesto es la justificación del presunto delito de los suyos porque los otros han cometido otro igual, peor o menor, da igual. El caso es defenderlo y justificarlo. Es como si el dedo en el ojo de Tito Vilanova fuese justificado por los desplantes de éste a Mourinho y los insultos al Real Madrid durante todo el partido. Y hay quien lo justifica, de hecho. De modo que no se trata de corregir el error cometido por los otros, sino que dicho error te da bula para que los tuyos cometan los delitos iguales, mayores o menores que ellos puesto que ya tienen justificación.

Hay otra postura que esta más que detestarla, la odio porque se hace desde el conocimiento, que es minimizar el delito de los tuyos en contraposición a lo que dicen de él los otros. Es como si los del PP se escudan diciendo: “hombre, los trajes regalados a Camps no llegan, según leí el otro día, a costar 15.000 euros” Sin detenerse a pensar, o habiéndose detenido y queriendo desviar la atención de lo verdaderamente grave del asunto (esto es lo que odio y detesto) que es explicar qué tipo de favor político ha costado cada traje al señor Camps además del coste monetario que no pagó. Extrapólese esto al presunto delito de Pepiño Blanco y su cuñado.
Y ya, como colofón de la justificación para cometer los más descarados desmanes, como es poner de excusa la crisis que estamos padeciendo. Unos sufrimos más, como somos los cinco millones de parados; y otros menos, como es la junta municipal, por ejemplo, en pleno de Tres Cantos que, tras bajar el sueldo de todos los funcionarios de dicha administración en un 5% tienen la desfachatez de subirse el sueldo entre el 16% y el 33% con el voto favorable de todas las fuerzas políticas, salvo IU que vota en contra pero cobra a favor.
En definitiva, vivimos en un país en el que nos gobiernan presuntos ladrones, votamos a presuntos ladrones y, si son de los nuestros, vamos a las puertas de los juzgados a aclamarlos. Veánse los vídeos del Caso Malaya, Gürtel, Campeón, por ejemplo. En lugar de correr a mamporros a todo ladrón sea cual sea su afiliación, aquí, como imbéciles que somos, defendemos a los nuestros, si son ellos quienes nos roban, presunta o realmente, para clamar contra los otros si nos roban, presunta o realmente. Un país de gente que grita en su casa contra el que le robó, gritando bravatas salpicadas con cualquier blasfemia pero que no se atreve a acercarse a los juzgados a mostrar su indignación contra quien le ha robado. Un país de tontos que confunden un divertimento como es el fútbol y lo visten de política y viceversa. Porque somos del PP o del PSOE y nos enorgullece serlo; somos peperos o sociatas y nos vestimos como tales, hablamos como tales y decimos lo que nos dicen que digamos y/o pensemos. Un país de marionetas, en definitiva.
Ladrones
Ladrones hay a patadas
por todas partes los vemos
los hay que parecen memos
y nos roban hasta el habla.
Hay quienes roban por vicio
por carencia o quizá porque
perdiendo del todo el norte
no conocen de otro oficio.
Ahora llega un desalmado
que parece un infeliz
que, por casorio, ha logrado
llevar su prole hasta el fin
no sé si por cruel o malvado
nos despluma a ti y a mi.
A mi me da igual.
De un tiempo a esta parte estoy notando ciertas redondeces en mi cuerpo. De hecho, mi cara, otrora alargada, deviene en una redondez que sería preocupante si el físico fuera algo que me importase. Tan es así que, ahora (porque siempre hago las cosas tarde) que me subo del trastero la ropa del invierno pasado, veo que hay ciertas prendas que no me entran ni en un pie. Si junto mis pies y miro hacia abajo la tripa no me deja ver la punta de mis pies. Mis partes pudendas hace tiempo que no las veo, pero es normal puesto que nunca fui un superdotado.
La verdad es que tengo un apetito pantagruélico. Me siento a comer y puede ser que me pase como a los peces. Es decir, que muera reventado por dentro porque no soy capaz de parar de comer. Nunca me siento lleno. Es mejor comprarte un traje que invitarte a comer, dicen con cierto retintín algunas de mis amistades. Pero bueno, si hace calor, tomamos unas cervecitas con las correspondientes tapitas. ¿A quién, en su sano juicio, no le gustan unas cervezas con sus respectivas tapas? Me dicen también que si soy bulímico. Vamos, ni de coña, no puedo vomitar. ¿Cómo, si me gusta tanto comer, voy a ser capaz de vomitar la comida? Así que no, no soy ni anoréxico, ni bulímico, ni buliréxico, ni nada de nada. Simplemente, me gusta comer, así de claro.
Así que lo que ahora me toca es ponerme ropa ancha y cómoda. Nunca fui un “fashion victim” ni mucho menos, he ido siempre a mi bola. Y al contrario del resto del mundo. Que estaba de moda ir con pantalón ancho, yo iba con pantalón pitillo; que la moda era al revés, pues yo con pantalón ancho, y así siempre. Ahora que estoy en paro, no dejo de ir en zapatillas de deporte y vaqueros. Es para lo único que uso las zapatillas de deporte, porque, de momento, me gusto. Así que no voy a esclavizarme a pastillas para vomitar o para redigerir mis grasas o cualquier otra imbecilidad por el estilo.
Como no me van a contratar para gritar en la televisión, no tengo que vivir de mi imagen. De hecho, la televisión no es mi religión. No estoy todo el día enganchado a programa tras programa, lo único que veo es deporte y algún documental de la dos en el que el protagonista sea un escritor o algún personaje de cuya vida me apetezca saber o me parezca interesante. Además, tampoco soy el ejemplo a seguir porque, en estos tiempos que corren, soy heterosexual convencido. No soy homófobo. Solo me gustan las mujeres. Y, de entre todas las mujeres, la chica con quien me casé. Ya sé que tampoco es estar a la moda, pero estoy enamorado de mi mujer, qué le voy a hacer.

Así que, recapitulemos, estoy engordando a marchas forzadas, pero soy feliz porque como lo que quiero y como quiero y, hasta que mi mujer no me diga que no le gusto, seguiré igual, siendo feliz con mi apetito y mi ropa cómoda. Tampoco voy a salir en la televisión así que no vivo de mi imagen; ni voy a la moda sino cómodo; no tengo una sonrisa cegadora, más bien, tengo una risilla sarcástica que suele tocar la moral a quien sea el blanco de mi risa. No soy tampoco el ejemplo a seguir porque soy heterosexual y, además, para terminar de tocar las pelotas al personal, estoy enamorado de mi mujer. Y, si no os gusta, a mi me da igual.
¿Sabes? Amy Winehouse murió.
Enciendo la radio por la mañana y ¡zas! En mitad de la cara un golpe en forma de cancioncilla lamentable y prescindible. Mi despertador es una radio y, cada mañana, tengo puesto un programa de noticias porque detesto la odiosa música con que nos infectan los oídos las malditas radio fórmulas. Porque todos, nos hagan creer lo que quieran hacernos creer, son radio fórmulas. Porque a todos pagan para que pongan determinada música. Para crear determinada corriente de opinión, hacer triunfar a determinado “artista” y que así un cantante de medio pelo triunfe y se convierta en fan de la mediocre muchedumbre. Pues bien, yo no pongo música en la radio, me despierto con noticias normalmente. No escucho música actual, salvo muy honrosas excepciones, los que, a mi modo de ver son buenos músicos, como Jaime Cullum, Michael Bublé, Adele, Norah Jones, Nelly Furtado, Sabina, Amaral, Loquillo y poco más, la verdad. El resto son cantantes antiguos, del estilo de Elvis Presley, John Lennon, Bob Dylan, The Who, The Rolling Stones, The Beatles, Sex Pistols, The Clash, The Ramones, Toy Dolls, Stray Cats, Blondie, Patty Smith, Johnny Thunders, New York Dolls... y muchísimos más. Hay veces que escucho a gente nueva como puede ser Wilco, Travis, Oasis, los Gallagher por separado, Blur, Green Day, Red Hot Chili Peppers, The Offspring... A todo esto, debo añadir, que no estoy pendiente de la actualidad musical en absoluto, me fío de lo que me pueden llegar a decir amigos con gustos similares y poco más.
Una vez explicadas mis preferencias, o algunas de ellas, diré que no soporto en absoluto las músicas étnicas (salvo la excepción de La Orquesta Baobab), flamenco, salvo que sea en vivo, tango, no me gusta la canción en sí, pero me encantan las letras. No me gustan nada la salsa, el merengue, la bachata, los chachachás, ni todas sus mezclas y variedades. Tampoco aguanto la música trance, dance, ni los dj’s (Nunca entendí que se hiciera más famoso el tipo que pone el disco que el tipo que hizo la música, son cosas mías, supongo) Yo soy de una generación en que la gente se catalogaba por la música que escuchaba, se vestía de acuerdo a esa música y se juntaba con otra gente con sus mismos gustos musicales. La música era el centro de nuestras vidas. Se escuchaban los mismos programas de radio y, al tener las radios clientes potenciales en todas las tendencias, las radio fórmulas no se plegaban, como ahora, a los Carlos Baute, Ricky Martin, Alex Ubago, Alejandro Sanz y demás, a mi modo de ver, bazofias; más bien, te mostraban todos los colores que tenía su paleta con la que pintaban nuestro universo musical. En cambio ahora, nuestros amigos los productores (dales de comer, cuida porque no se extingan) pagan porque escuchemos a las bazofias antes mencionadas y todos los que han salido copiando sus respectivos y lamentables estilos.
Eso era lo único bueno que tenía la época de la movida madrileña, que podías escuchar en un mismo programa a Los Nikis, Alaska, Radio Futura, Loquillo, Glutamato Yeyé, Siniestro Total, Mecano, Mamá, Tino Casal, Duncan Dhu, Gabinete Caligari, Brighton 64, Zombies, Nacha Pop, Los Secretos... Grupos que, entre ellos, no tenían prácticamente nada en común. La dichosa movida lo que nos trajo fue la posibilidad de que todo el mundo pudiera hacer, ver y oir de todo, de modo que te encontrabas con gente realmente mediocre, junto a gente buenísima. Porque había de todo, al amparo de la “apertura total” que supusieron los primeros años ochenta. Desde unos que no tenían nada que aportar; otros que eran “one hit wonder” y otros, los menos, que eran realmente artistas con mayúsculas. Muchos de los cuales, ahora son reputados artistas, fotógrafos, cantantes, pintores, poetas, escritores y periodistas.
Otros están en la cima de la ola, dirigen nuestros gustos previo pago porque, previamente, vendieron su alma al diablo. A esos les pregunto: ¿Por qué, si vosotros pudisteis disfrutar de esa libertad, cerráis la puerta a los que hay ahora y sólo podemos escuchar la mierda que os da de comer? ¿Por qué, si queremos escuchar algo distinto, nos tenemos que sumergir en el mundo “underground” que no indie? Queremos libertad de opción en todas las esferas artísticas para conocer todo y así poder elegir lo que realmente nos gusta, no entre lo que a vosotros os apetece que nos guste. Porque si únicamente se nos hubiera enseñado a Goya (excelso pintor) nos hubiéramos perdido a los, no menos excelsos, Dalí, Picasso, Velásquez, Sorolla... Por citar solo españoles. Ahora, la gente se junta por cercanía, no por similitudes musicales o de vestimenta. La gente no tiene ninguna inquietud artística, muy pocos la tienen, pero es que desde las alturas fomentan más la vida fácil de Belén Esteban, Kiko Hernández y otra gente que trasunta por programas del corazón (evidentemente porque se ven) que la ardua, difícil y trabajada de Ceesepé, García Alix, Ouka Lele, Loquillo, John Lennon, Bob Dylan, entre muchísimos otros, que desde el stablishment se niegan a promocionar, dar a conocer y mostrar, salvo casos sangrantes de clásicos que son imborrables.
Recuerdo un día, hace no sé cuánto tiempo, en que una canción iba abriéndose paso en mis sueños para ir llamando a mis sentidos poco a poco y despertarme con una dulce sonrisa en los labios. ¿Eh? ¿Qué es esto? No había escuchado nada igual en años (Debe tenerse en cuenta que, como ya os he dicho, mis músicos favoritos nunca suenan en las radios salvo que una equivocación suma en el desorden a las radios o porque el grupo de turno diga públicamente que entre sus influencias están tal o cual grupo que a mi me gusta y se empiezan a escuchar a modo de homenaje, o algo parecido, en sus emisoras) Era una dulce voz de mujer que musitaba no, no, no... y decía algo de back... no, no, no... black...
Luego, el locutor, dijo un nombre rarísimo y lo apunté en un cuaderno que tengo en mi mesilla de noche por si me asalta la musa. Tengo cuadernos por toda la casa y en, prácticamente, todos mis abrigos, para que si se me ocurre algo, pueda apuntarlo en seguida y no se me vaya la idea. Bueno, que me desvío. Pues esa chica: Amy Winehouse, me gusta cómo canta. A raíz de ese sonido retro pude enlazar con otros artistas retro de la talla de Imelda May, Adele, Norah Jones, Michael Bublé, Harry Connick Jr y Jaime Cullum, entre otros.
La esperanza es lo último que se pierde, y también en la música es así, pero me he enterado que esta chica que sí canta bien, no como las bazofias a las que me referí antes, murió este verano. Fue de este modo, estaba hablando con un colega, de la vida, de música y de esto y de lo otro, y, en un momento dado, le comenté que estaba esperando que sacara nuevo disco “la Winehouse” y me dijo esa frase que me ha dejado helado: “¿Sabes? Amy Winehouse murió”
No lo soporto. (A los periódicos)
No puedo soportar, no lo soporto,
la estupidez supina con
que te muestras, y me da una absoluta
repulsión, ver que te mueves impulsado por la brisa
de determinado político
que te usa de altavoz.
Aunque, bien pensado,
quizá no sea estupidez
sólo maldad,
comprada por el poderoso
pero, no por eso, deja de ser malo
el asqueroso que se vende al mejor postor,
y aún peor,
pues vendes tus ideas y tu honor.
Y a tu pueblo dirige, como Moisés, a
tu tierra prometida
que se llama Perdición.
Y, como un barco que llevas a
tus pasajeros, directos al hundimiento,
raudo, veloz y muy moderno,
pues, cual Titanic, les vas a hundir a todos
y te da lo mismo
pues tú cobras igual,
y mucho,
del cerdo que paga porque tú,
consigas más votos a su fin.
Porque le sirves bien,
te sube a los altares de la gente.
Te crees un prohombre que
repartes caramelos a los niños,
acaricias las nalgas de teñidas rubias, y
te envidian sus maridos,
porque te han puesto
donde nunca llegarías
por méritos propios,
que nunca tuviste,
y llegas, al fin,
por un favor que no es más que
fabricar una corriente de opinión
para que la gente vaya a votar
al bastardo a quien sirves
aunque, más bastardo tú, que les engañas
y ellos más idiotas que te siguen.
Políticamente incorrecto II
He de decir que siempre me llamó la atención lo políticamente incorrecto. Quién bien me conoce, bien lo sabe. Siempre me gustó la provocación y la frase incendiaria. Y no porque sí, sino porque lo que siempre me ha encantado es la sinceridad. Veamos, ser sincero nunca es políticamente correcto y no entiendo el porqué. Hay que ser discretos y respetuosos con el de enfrente aunque se te abra la úlcera. Pues, sinceramente, me parece una patochada. Vamos a ver, si estoy ante un imbécil recalcitrante, por qué razón tengo que hacer que me cae bien o, para definirlo mejor, no le tengo que decir que me cae mal ¿y que se vaya a casa tan tranquilo? No lo entiendo. Sinceramente, me parece que la educación nada tiene que ver con la falsedad.
Una cosa es la urbanidad, que aconseja saludar cuando te cruces con otra persona, ceder el asiento en el autobús a personas mayores o mujeres (especialmente si están embarazadas) abrir la puerta a los vecinos que vengan a tu portal y sujetarla hasta que pasen (y no para mirarle el culo a la vecinita del quinto) o el saludo cortés con tus convecinos, la conversación con las personas que, más o menos conoces, y demás. Y otra muy distinta es ser un cínico. ¿Porque encontrarte con un imbécil y no hacerle ver que lo es no es ser un falso? ¿acaso disimular con la vecina subnormal y gritona que te da asco no es ser falso? ¿Qué narices tiene que ver la educación con la falsedad? ¿No dicen que hay que ir siempre con la verdad por delante? ¿La verdad? ¿Para qué coño quieren que seamos sinceros y digamos verdades si luego no son capaces de soportarlas?
Pero, ojo, no me refiero tampoco a hacer daño por hacer daño. No vas a ir llamando a la gente bizco, gordo, fea, borracho, puta, imbécil, tartaja o cojo por la calle cuando te encuentres a alguna persona con alguno de estos defectos. La saña, salvo con quienes me tocan las pelotas y me caen mal, nunca ha ido conmigo. Y eso que, muchos de los que me conocen lo saben, he sido el personaje más sincero (sino el que más uno de los que más sinceros) que han conocido. Cuestión que nos llevó a más de una discusión con el interfecto al que profería mis sarcasmos. Porque, si bien, la inquina por la inquina (ya digo, salvo con quienes me han tocado las pelotas) nunca ha ido conmigo, en cambio la ironía, el sarcasmo, el insulto y la ofensa sincera sí. Siempre he dicho, no te enfades por mis insultos, pregúntate por qué los digo. Si me has tocado las narices, es que me estás dando pie a que yo empiece a insultarte. Y si luego te duele, haberlo pensado antes.

Pues bien, digo todo esto porque así se conocerá el por qué me gustan personajes tan ambiguos como Don Francisco de Quevedo, Don Miguel de Unamuno, Don Arturo Pérez Reverte, Don Luis Alberto de Cuenca o Don José María Sanz Beltrán, alias Loquillo. Por poner a los más evidentes y de toda índole que me caen bien, que me parecen que son ejemplares en sus conductas. Gente que no tienen pelos en la lengua, que llaman a las cosas por su nombre. Que provocan incendios allí por donde pasan porque, si bien se les supone una filiación o una forma de ser, no tienen reparos en criticar a los, supuestamente, suyos o en decir que algo no les gusta. Gente honesta y gente de principios y de honor. Gente que no temen ser sinceros y que, por lo tanto, son políticamente incorrectos.
Desde Quevedo que fue capaz de llamar coja a su majestad la reina y tener el honor de ser el mejor escritor satírico de la poesía hispana de todos los tiempos; pasando por Unamuno un personaje con una ejemplar biografía al que, fijaos bien, tacharon de facha los rojos y de rojo los fachas ¿hay algo más provocador e incenciario que eso? También Pérez Reverte en su visión de héroes hispanos trasnochados y nada actuales y mal vistos por la voz única imperante en la opinión pública de nuestro miserable país, porque significan que nuestro país una vez fue grande y que tan bien sabe poner el dedo en la llaga y ejemplificar con aquéllos polvos que traen estos lodos. También Luis Alberto de Cuenca, que es un maravilloso poeta, marcado por la opinión pública por su filiación al PP y que, en cambio, no ha tenido reparos en unirse al staff del cantante Loquillo, personaje nada sospechoso de ser de derechas, ni mucho menos. Lo que le ha costado más de una crítica y lo que él ha criticado. O el propio Loquillo que es capaz de arañar las conciencias de la puta opinión pública con un vídeo que ha sido vetado en España porque habla de la tortura en una cárcel sufrida por una persona de ideas abertzales y que, al ver las fuerzas del orden que no tenía nada que ver con todo lo que se le imputaba, se le dejó marchar con un: “Disculpe, que tenga usted un buen día”
Todos ellos son considerados por mí como héroes. Héroes de un país adormecido por la clase política con el beneplácito de los que tienen por misión informar y crear opinión. Un país dormido que no es capaz de despertar para decir: “Que no me toquen más los cojones” Un país en el que todo es de pandereta, de traca, absurdo. Un país que debería empezar de cero. Héroes de la verdad, porque hoy en día la verdad es una puta con la que todos comercian al son que más les convenga para convencernos de una cosa y la contraria en la misma oración. Héroes de la sinceridad. Héroes de lo políticamente incorrecto.
Políticamente incorrecto.
He de comunicaros que, desgraciadamente, nada ha cambiado desde hace años sobre la faz de la tierra. Todo sigue igual. La vida, que cantaba Julio Iglesias, sigue igual. Nada varía, todo pervive y permanece. Porque todo lo que es políticamente incorrecto es lo obvio, es lo que todos vemos y nadie se atreve a comentar. Es decir, hablar desde el sentido común y la lógica es lo que se considera políticamente incorrecto. Lo correcto, en cambio, es seguir las directrices marcadas por determinada corriente de opinión. Si nos alejamos de una corriente de opinión y, además, tenemos la indecencia de no confrontar nuestras afirmaciones con la parte opuesta, seremos vilipendiados, insultados y señalados con su mugriento dedo acusador. Desde fascistas de mierda o rojos de mierda también (porque aquí no hay nada de originalidad) puede que, si son más fanáticos los que nos insultan, añadan un puto delante. Con lo cual la frase acabaría quedando así: “puto fascista/rojo de mierda” Pero bueno, os diré que me da lo mismo. Porque si opino una cosa, la voy a seguir opinando, a no ser que me demuestren que estoy en un error, en cuyo caso rectificaré, por supuesto. No me duelen prendas en afirmar que he tenido que rectificar en muchas ocasiones. Pero no por eso me callaré.
Por poner un ejemplo claro. En política, si la gente te oye hablando de que este gobierno en los inicios de la crisis, negaba tajantemente su existencia o bien que utilizaba frases eufemísticas del estilo: “Estamos inmersos en una desaceleración” te tacharán de pepero ó fascista (de mierda, si se quiere) Además, si señalamos con el dedo a Alfredo Pérez Rubalcaba porque, tras siete años en el gobierno, dice que ahora tiene la receta para sacarnos de la crisis y por ello le insultas; te llamarán pepero fascista de nuevo. Si, además, les dices que es una vergüenza lo mal que han gestionado esta crisis, ya de perro judío no baja el insulto nadie, aunque le cantes el repertorio completo de Joaquín Sabina, Miguel Ríos o Ana Belén, o, a lo mejor, ni siquiera. Si hablas del tema de los ERES en Andalucía y del señor Chaves, te van a insultar y te van a responder (porque la ideología política española es así) que los peperos tienen el Gürtel. Con eso parece que el PSOE tiene bula papal para hacer lo que les venga en gana. Es que, ellos más. La política en España es del “y tú más” Lamentable. Si también comentas que es una vergüenza que nadie hable de la guerra de Libia, te llamarán fascistón de mierda.
Pero además, si dices que es una vergüenza que Camps se haya presentado a unas elecciones estando inmerso en el caso Gürtel que, incluso ha tenido que dimitir pasados unos días de las elecciones en las que los valencianos le votaron masivamente. Si señalas con el dedo a este señor, dices que es una vergüenza que hagan alarde de decencia por su dimisión, cuando, reitero, no se tenía que haber presentado, pues te llamarán rojo o puto rojo de mierda. Si dices que Gallardón, puede que sea el mejor político de España, pero lo que está claro es que es el peor gestor del mundo por cómo ha gestionado las obras de Madrid, que, sin entrar a valorar si eran necesarias o no (yo creo que sí) nos van a ahogar con la deuda que nos deja, pues probablemente muchos del Partido Popular te digan que es cierto, porque es el menos querido de sus barones, y otros te llamarán igualmente rojo de mierda. Si de Esperanza Aguirre prefieres no hablar, seguro que te llamarán rojo de mierda. Pero irán más lejos, porque es la “Margaret Thatcher” de los populares. Si se enteran de que escribo y que además estoy en contra de todas las guerras, me dirán, además de rojo, que soy de la ceja.
Si, hablando de la educación pública de Madrid, dices que estás a favor de los profesores, que no crees que sean necesariamente ni vagos, ni malos, ni delincuentes. Ya sabéis, ¿no? Rojo de mierda. Si, por otro lado, dices que no te parece mal que se añadan dos horas lectivas más a su horario. Toca ser pepero de mierda. Si opinas que, como pasa en mi barrio, de cinco colegios públicos que hay, en dos los alumnos que van son mayoritariamente gitanos, que en su puerta, a la salida, hay cuatro patrullas de policía y que no quieres que tu hijo vaya ahí o que, en otro que hay con un índice de inmigrantes enormes, de modo que el niño sea el único alumno español de la clase, o los españoles sean la minoría en esa clase y te toca la moral que el niño vaya. Toca ser un pepero fascista de mierda. En cambio, si dices que estás en contra de lo que dice Esperanza Aguirre (a priori parecería que vas a ser rojo de mierda, pero aguardad) de que tenemos que quitar los puntos por cercanía de modo que todo Madrid sea un distrito único. Y tú opinas que mejor que sean distritos mucho más pequeños, de modo que en casi cada urbanización haya un colegio, con lo que los niños (habiendo todo tipo de gente, al menos en mi barrio, mayoritariamente obrera) irían al colegio con un número homogéneo de alumnos. Así que, toca otra vez ser pepero, a pesar de haber empezado bien. En mi caso, he tenido que pagar un colegio concertado, porque en los públicos que hay en mi barrio no tengo puntos para que entre el niño y cabe la posibilidad de que me hubieran asignado uno de los colegios de los gitanos. Cosa que me niego. ¡¡¡Fascista de mierda!!! Mi hijo irá a un colegio con gitanos detrás de los hijos de Gallardón, Esperanza Aguirre, Zapatero, Pepino Blanco y demás.
Si dices que, efectivamente, estamos inmersos en una de las mayores crisis económicas que se han producido a lo largo de los años. Provocadas por el afán de amasar fortunas de los bancos, que no son más que entidades que prestan dinero a quienes demuestran que no lo necesitan, a un tipo de interés abusivo. Eres un rojo de mierda. Si dices que es lamentable que no se haya atajado el problema de la destrucción de empleo y que no se hayan hecho políticas de creación del mismo, llegando a unos índices de desempleo anormales y que triplican a Alemania. Te llamarán pepero de mierda. Si dices que huele mal que esa cantidad de gente que está en el paro no monte huelgas y estén quemando las calles en Madrid y el resto de ciudades de España, y que parece que haya muchísima economía sumergida, porque si hubiese un millón de familias con todos sus miembros en paro, habría revueltas. Toca que me llamen rojo de mierda. Si, además, insinúas que esta crisis, en la que, efectivamente estamos metidos, es una excusa para que los empresarios hagan con los trabajadores lo que les salga de las pelotas. Eres un rojo de mierda.
Si te metes en el berenjenal de las Autonomías y dices que es una auténtica vergüenza la cantidad de altos cargos que hay en este país, entre Gobierno estatal, gobierno autonómico, ayuntamientos y diputaciones, te llamarán fascista salvo si hablas de diputaciones que fue lo que dijo Rubalcaba, en cuyo caso, eres rojo. Si hablas de que debe haber una política de austeridad en las entidades públicas eres un fascista, claramente. Si dices que se deben bajar el sueldo los políticos y demás senadores y diputados y que se debe investigar en qué momento, cómo y cuánto ha sido el incremento de sus patrimonios desde sus inicios en la política hasta la fecha, de todos y cada uno de los políticos que tenemos en este país. No sé qué me llamarán. Pero seguro que me dirían: “es que Zapatero como presidente cobra no sé cuánto” con lo que seré fascista de mierda. O que Rajoy, además de político, es registrador de la propiedad...¿Es justo que cobre por ser registrador y por ser político? puto rojo de los cojones. Aunque, la verdad, si la alternativa es unos u otros, por favor, llamadme magenta.
¿Qué es mejor?
¿Qué es peor enterarte el último de que tu curro es una sustitución de verano o de que la fiesta a la que vas no es de disfraces?
Mi amigo Héctor dice que, siempre, enterarse el último de algo te hace quedarte con cara de tonto. Yo añadiría, amigo mío, que además te deja incómodo, con un ligero sabor agrio y con muy mala leche. Y, ya que yo no soy capaz ni de perdonar ni de olvidar, en mi caso también me deja con muchas ganas de revancha. En el caso que nos ocupa ¿qué es peor? Pues depende... Entonemos todos juntos, amiguitos: "Depende, todo depende de según como se mire todo dependeeeee..." que cantaba Pau Donès hace algunos años. El viejo refranero español nos deleita con un dicho que, por cierto, le encanta a mi madre, ya que lo usa siempre que puede y dice: "en este mundo cruel, nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira" Pues bien, es cierto que todo depende de cómo se tome uno lo que le acontezca. Depende de la importancia que se le dé a cada circunstancia y, por supuesto, depende de la escala de valores actual que tengas. Como también depende del estado de ánimo en que te pille lo sucedido. A mí hay varias cosas que me sacan de quicio porque hay varias cosas que suceden alrededor que no entiendo. No soporto la gente que se cree superior, ni la falta de educación de la gente, ni la incultura, ni el afán por molestar al de al lado.
¿Qué es peor ser cabeza de ratón o cola de león?

Porque hay gente que se cree que es la elite en el sitio que ocupa en el lugar actual. No sólo me refiero al puesto de trabajo aunque mayoritariamente lo ves ahí. Pero se puede ver en cualquiera que tiene un cargo con un poquito de poder sobre tí, véanse policías, guardias civiles, guardias de seguridad, funcionarios públicos, administrativos bancarios, la tendera de la esquina o el dispensador de lotería. Todos se creen la élite en su metrito cuadrado. Yo, que además he hecho la mili, también en el ejército lo he visto claramente. He visto gente que no sabía ni leer ni escribir, al que daban un galón para hacerle soldado primera y se creían Jesucristo aparecido en la tierra vestido de uniforme. Si yo tuviera un trauma similar al que tienen uno de esos tipos, ahora mismo me creería el "hacedor de universos" de mi silla, o el demiurgo de mi comedor, o mejor aún, "el dador de vida" de mi dormitorio, o el Dios de mi teclado ¿Podéis hacer el favor de llamarme maestro, dejaros barba y el pelo largo, y caminar en chanclas para seguirme, por favor? Gracias.
En cambio, cuando esa gente que se cree lo más de lo más en su lugarcito nimio en el mundo, salga de su empresa, o lugarcito, en cuestión y se cerciore de la mediocridad en la que estaba metido y de lo insignificante de su vida, se dará cuenta que lleva engañado mucho tiempo. Lleva creyéndose el ángel vengador, la reina de Inglaterra o el premio Nobel en Físicas mucho tiempo y, en realidad, no son más que basurilla pequeñísima como tú y como yo. Por lo que, para mí, es mejor saber quién y qué eres, hacia dónde vas y cómo quieres vivir tu vida y con quién, siendo consciente del lugar que ocupas en el mundo. Porque es muy triste creerte caca y no llegar a pedo, como les pasa a esos mendrugos. Por lo que, en mi caso, fue peor enterarme que la fiesta a la que iba disfrazado de Teletubbie rosa no era de disfraces. Eso sí, lo llevé muy bien y se rieron mucho conmigo, creo.
¿Qué es mejor ser tiquismiquis o hacer la vista gorda?

Porque hay gente que, si bien se han dejado una pasta en ordenadores y móviles de última generación, no son capaces de esbozar una sonrisilla ni decir un triste "hola" cuando se cruzan contigo. Todos tenemos vecinos así. Y qué decir de si tienen que pedir algo, pronunciar un "por favor" o, si tienen que llamar a alguien, decir un "perdone" en cambio dicen un "oye mira" o, incluso, silban o chistan como si a ganado se dirigiesen. En fin, algo muy triste. Saluden, hombre, que no pasa nada. Bajan la cabeza, no dicen ni hola, van a su rollo. Qué decir de ceder el paso o abrir la puerta de un portal o un ascensor. Si sé de gente a la que, al estar abriendo con el pie el ascensor porque iban a meter la compra recién hecha, se les han colado y les han quitado el ascensor. Un pelín de educación no vendría nada mal.
También es fabuloso, y esto me ha pasado sobretodo con señoras mayores y en más de una ocasión, verlas radiantes hablando por el móvil a gritos y te miran, te sonríen y te asienten con la cabeza alzando las cejas, como queriendo incluirte en la conversación. Por favor, señora, me la suda si va a hacer "armóndigas" o "cocretas" para cenar porque viene su primo de Alguazas. También me dan ganas de vomitar cuando veo carteles en tiendas del estilo: "comprar tres pagar dos" que te dan ganas de decir: "jau, ¿dónde estar gran jefe?" "¿No saber?" "Pues estar en gran cascada y unos días se la casca ahí y otros días más allá" Hoy, hablando de la ignorancia que impera en este país, yendo al INEM, he visto en el autobús a una señora que iba desdoblando un papel y, yo que soy cotilla por naturaleza, lo he mirado para quedarme perplejo, porque tenía puesto: "toma la línea 6 hasta plaza de la cevada" La palabra línea la tenía tachada y corregida por ella misma, porque la letra era inconfundiblemente de persona mayor, haciendo que el texto definitivo quedara así: "toma la linia 6 hasta plaza de la cevada" Toma ya.
Y también me hierve la sangre cuando me cruzo por la calle, hoy ha sido con una chica pero da igual el sexo, de unos trece o catorce años, peinada como Amy Winehouse, escuchando en su móvil de última generación, a David Bisbal a todo volumen llevando el teléfono en la mano para que todo el mundo pudiera escuchar la bazofia que le encanta a ella. Qué asco por favor ¿tiene que compartir semejante basura conmigo? ¿no puede tener un poquito de consideración y, no ya escuchar buena música, sino que se ponga unos cascos así no me dan ganas de vomitarla encima?
Según cómo te levantes ese día dan ganas de, por un lado, decirle a la inculta musical esta que apague su trasto; por otro, a la señora del autobús que vaya a una escuela de mayores y, por último, al de la tienda que termine la EGB, la primaria o como cojones se llame ahora. Ah, y a los vecinos estúpidos y maleducados, que aprendan a vivir en sociedad o se vayan al puto campo con las putas amapolas, joder.
En estos casos, a mi modesto entender, pienso que es mejor no mirar papeles que llevan las señoras, ni fijarte en las que hablan por el móvil, ni escuchar la música de nadie llevando tu propia música en tus cascos y pasar de todos los vecinos, así que, mejor hacerse el sueco y pasar de todos y de todo: ¿Yah, yah, yah?
¿Es mejor tatuarse o no tatuarse la piel?

A mí que la gente se tatúe me parece algo bonito, cuando tiene un sentido, un significado y... va a durar. Porque en caso contrario me parece una gilipollez. No me digáis que no es una imbecilidad. Es mejor no tatuarse. Y no me refiero a si es higiénico o no, que eso cada cual opinará lo que sea. Para eso las opiniones son como los culos, cada cual tiene el suyo. Ni si es bonito o no, que también hay opiniones para todos los gustos. No. Me refiero a si es inteligente tatuarse la piel o no. A ver, un niño de unos diecisiete años de mi barrio tenía tatuado en su antebrazo el nombre de su novia. El otro día, cuando volvía a casa de comprar unos libros, le ví borracho perdido abrazado a otro amigo, porque la niña en cuestión le había dejado. Tendrá que echarse una novia que se llame igual. Me reí, claro. Me reí y me miraron mal tanto él como su amigo y me seguí riendo, por supuesto, y, mientras me alejaba, negaba con la cabeza riéndome. Hay que ser imbécil. Porque creerse que un amor a los quince años es para toda la vida... Difícil. Aunque algunos hay pero son los menos. Hay otra gente que se tatúa el nombre de su hijo. Ahora, que como tengan quintillizos va a ser una gran putada. No sólo por la pasta que se van a dejar, también porque los nombres que ponen ahora se las traen. Vaya nombres. Yo, que soy muy clásico para eso y no me gustan ni Jessica, ni Kevin, ni Izan, ni leches en vinagre, me quedo flipado con gente que tiene puesto en el antebrazo Izan o Thomas... Os cuento: hay un taxista de mi barrio tiene puesto Isabel en el antebrazo izquierdo y Thomas en el derecho... ¡y tanto su mujer como él son de Toledo de toda la vida..! Alucina vecina. Si, es que, la gente es muy tonta. Donde esté un Drósino que se quiten esos nombres, coño.
Muertos de Póker
En cualquier lugar del Oeste americano, en cualquier partida de póker.
- Has hecho trampa, Joe.
- No digas sandeces, Sam.
- Aparta muy despacio tus manos de la mesa y ponlas donde pueda verlas.
El resto de jugadores se miran entre sí y se retiran con un rictus de miedo en la cara. El barman deja de secar los vasos y se agacha tras la barra. El piano deja de sonar...
- Si miras por debajo de la mesa verás mi Remington del calibre 22
- Esa es un arma de mujer...
- Por eso, quizá, está apuntando directamente a tu entrepierna.
- ¡Glub! Tramposo de mierda...
- No seas maleducado Sam. –y dirigiéndose al resto de parroquianos, con una sonrisa en los labios, dice: Caballeros, creo que ha llegado el momento de marcharme. Ha sido un auténtico placer.
Dando una patada a la silla la lanza contra el resto de asustados jugadores y se marcha corriendo del saloon. De un salto, monta en la grupa de su caballo y se marcha al galope, con los bolsillos llenos, como alma que lleva el diablo. Mientras, en el saloon, Joe se queda viendo como Sam se aleja con su dinero.

- ¡No descansaré hasta ver tu cuerpo balancearse en una horca, cerdo!

Grita a voz en cuello al polvoriento horizonte. Probablemente Sam acabará, efectivamente, colgando de alguna soga o con un disparo en la espalda en cualquier callejón oscuro. Esta escena, si bien inventada, podría haberse dado en el lejano Oeste. De hecho, no escasean escenas parecidas en novelas, películas ni en leyendas de la época. Una de ellas nos habla de la muerte del famoso Wild Bill Hickok quien fue un astuto pistolero y, posteriormente, agente de la ley. Pues bien, el Salvaje Hickok fue asesinado por la espalda por el taimado Jack McCall tras una partida de póker. Hickok murió con una mano de cartas sin valor en su poder. De ahí que la leyenda diga que Wild Bill, al morir, llevaba “la mano de la muerte” Hickok era un fanfarrón que juraba haber matado a más de cien hombres en distintos duelos y reyertas, pero, según sus propias palabras, nunca mató a nadie por una partida de cartas. Lo que no impidió que, tras una partida de póker, acabara en una caja de pino.
Cuando el ferrocarril llegó al lejano Oeste, algunos vagones de tren se convirtieron en improvisadas timbas. Lo que hacía que entre los pasajeros de dichos trenes hubiera jugadores profesionales, timadores, tahúres y tristes personajes desesperados que, en un golpe de fortuna, esperaban, en vano, cambiar su suerte. Así que los trenes se utilizaron, como antes se habían utilizado en otros puntos del profundo sur americano, los barcos de río, con sus enormes e inmaculadas ruedas y su pausado navegar, en los que también se organizaron míticas timbas. El origen del juego del póker, si bien, es algo oscuro, apunta a Francia. Por lo que no sería extraño que en New Orleáns se dejaran ver los primeros tahúres en dichos barcos que surcaban las aguas del río Mississippi. Lo que hizo publicidad para esta forma fácil de ganar cantidades ingentes de dinero, lo que formaba también parte de la leyenda del “Sueño Americano”.
A lo largo de la historia, ha habido suicidios de toda índole tras haber perdido una partida en un golpe de mala suerte o tras observar como no llegaba jamás la carta que nos sacaría de la pobreza. Se sabe de jugadores que se han llegado a jugar a su amante, su mujer, o lo que se le hubiese ocurrido en ese momento, por una mano desesperada que les sacara de la bancarrota. Siendo las víctimas propiciatorias de esos seres sin escrúpulos que se llamaban tahúres. Ya en el siglo XVIII, en Francia y en Inglaterra, era frecuente ver a caballeros de alta alcurnia en timbas ilegales para jugarse sus bienes frente a caballeros de empolvada peluca. La mayoría de los cuales no eran sino jugadores profesionales de exquisito disfraz que se aprovechaban de tiernos infantes que querían añadir a su rancio abolengo una suculenta suma de dinero. Y se quedaban sin título ni dinero.
Más tarde, en los turbulentos años veinte, se forjó un emporio para el juego en otras regiones de Estados Unidos, concretamente más al Este, en ciudades como Atlantic City, Chicago o Nueva York. Eran los tiempos de la “Enmienda de la Constitución” más conocida como Ley seca, con la que el gobierno pretendió conseguir exactamente lo contrario de lo que obtuvo. Es decir, que los ciudadanos americanos dejasen de beber tanto. Las mafias irlandesas e italianas se hicieron las dueñas del país para producir e importar licores ilegales. La elaboración clandestina del alcohol contribuyó a la pésima calidad de los licores pero permitió que se crease una red de contrabando con la que la mafia se enriquecía, no sólo del alcohol sino también de la prostitución y el juego con los que aderezaban sus locales para que los clientes estuvieran lo más a gusto posible. No obstante, los burdeles de aquélla época, eran garitos donde se bebía todo tipo de bebida que pudiese hacer que te embriagaras y se jugaba a todo tipo de juegos. Desde la ruleta hasta el póker. Convirtiéndose, estos autoservicios del placer, en los primigenios casinos clandestinos.
En aquélla época, los asesinatos y las matanzas estaban a la orden del día, en medio de un ambiente cargado de lujo, frivolidad y desenfreno. Para mantener ese “status” que deslumbraba al ciudadano de a pie, se tenía que tener dinero, muchísimo dinero. Así, en este mundo de dinero fácil, contrabando, crimen y negocios turbios, aparecieron personajes como Al Capone en Chicago o Lucky Luciano en Nueva York, que se convirtieron en los auténticos señores del crimen. Hubo también otros mafiosos, igualmente importantes, que fueron apareciendo bien desde Europa, o bien pequeños criminales autóctonos que fueron aumentando su poder emergiendo de los barrios más humildes de las grandes ciudades. Con estos enfrentamientos y luchas de poder se iniciaría, la que, posteriormente, sería denominada guerra del hampa.
Vidas al límite
Ansiosos por crecer socialmente. Equivocando respeto con miedo. Creando el terror a su alrededor. Sembrando inseguridad. Elaborando un escenario de crimen y maldad beneficioso para sus intereses. Cuánto más miedo les tenga la gente, mejor. Más les respetarán. Sin nada que perder y con todo por ganar. Haciendo ver a su alrededor que no les importa la gente. Creyéndose superiores. Sabiéndose de peor calaña. Fanfarrones y perdonavidas. Mostrando una crueldad suma con sus enemigos. Devolviendo ojo por ojo. No perdonando ningún desliz. Haciendo ver a sus convecinos que lo perderán todo si se enfrentan a ellos. Vanidosos y ególatras. Negociando vidas y muertes. Comprando, de hecho, a la policía. Allanando su camino. Ostentosos en sus formas y grandilocuentes. Sin miedo a nada. Cimentando su estatus.
Ansiosos de poder. Ávidos de dinero y fama. Viviendo en el filo de la navaja. Con ganas de comerse el mundo sin cuchillo ni tenedor. Ganadores natos. O perdedores sumos. Su mayor preocupación fue siempre conseguir cantidades insultantes de dinero de la manera más rápida y sencilla posible. Daba igual el método. La cuestión era ascender en su escala social. Tenían una escala de valores muy definida. Emprendedores natos. Criminales. Obsesionados con su posición social. Llegados de todo el mundo. Criados en los suburbios. Cuidaban su imagen. Aparentaban lujo y gloria. Lucían los mejores trajes. Montaban los mejores coches. Se acostaban con las mejores mujeres. Envidiados y envidiosos. Amantes de la familia tradicional. Hicieron que otros quisieran imitarles. De su lucha de poder surge la guerra de la mafia. En una sociedad en la que se aprueba la Ley Seca ven un terreno abonado para sus escaramuzas ilegales. Asesinos, extorsionadores, amenazadores, ostentosos, fanfarrones, matones. En definitiva, gángsters.
Uno de ellos, el gran Bugsy Siegal, concibió la idea de crear una nueva ciudad. Fue en una antigua parada de ferrocarril de Union Pacific entre Los Angeles y Salt Lake City. Un lugar regado por numerosos riachuelos que le daban una tonalidad verde característico que motivó que los colonizadores españoles denominaran Las Vegas a ese inhóspito lugar. Pues bien, nuestro amigo Bugsy, tras ver que en dicha ciudad se había autorizado el juego, creó el primer complejo hotelero original de Las Vegas, el Flamingo. Bugsy falleció de un disparo en 1.947 por lo que no pudo ver el sueño de su vida hecho realidad. Así nació el mito de Las Vegas. La ciudad del juego ó Neónpolis, como quisieron llamarla por sus ingentes cantidades de luces de todos los colores. El hecho es que dicho complejo hotelero nació y se produjo un efecto llamada entre muchos otros personajes de toda índole que querían invertir en un negocio seguro. Muchos de sus padres espirituales, si no todos, provenían del negocio de la muerte. Sobretodo su mentor, inventor y principal valedor.
Los primeros biberones en forma de enormes inversiones fueron hechas desde el mundo del hampa. Y, es que el dinero mueve montañas, por lo que dicho dinero consiguió que se pudiese contratar espectáculos de gente como Dean Martin, Frank Sinatra, Sammy Davis Jr., el humorista Liberace o Elvis Presley. Lo que hizo que la fama de Las Vegas tomara una proyección mucho mayor en todo el mundo. Se hizo conocida en todos los rincones del mundo civilizado. Tan es así que son míticos los conciertos de “The Rat Pack” el grupo de amigos de Frank Sinatra que, como todo el mundo sabe, tenía negocios con la mafia y con, entre otros, gente tan importante como el presidente Kennedy. Framkie era un hedonista. Bon Vivant con mayúsculas. Joe Bishop, uno de los que frecuentaban su círculo de amistades resumiría su vida en Las Vegas en su biografía del siguiente modo: “Todos estábamos en el mismo barco; dábamos dos espectáculos por noche; nos acostábamos a las cinco de la mañana; nos levantábamos a las siete u ocho y rodábamos una película. Volvíamos al hotel, íbamos a la sauna, comíamos algo y volvíamos a empezar de nuevo. Muchos apostaban a que más pronto que tarde acabaríamos en una caja”
Deseando dinero fácil. Consiguiéndolo. Intentando llamar la atención de los que manejan el cotarro. Atraerlos y atraparlos en sus garras. Cuánto más alto en el escalafón, más en el centro de su punto de mira están. Creando una nueva sociedad de nuevos ricos y glamour. De espectáculos de cabaret, deportes y locales de juego. Reuniendo en sus locales a lo más granado de la sociedad americana. Llamando su atención con la facilidad de conseguir dinero en sus locales. Utilizándolos de reclamo. De modo que, cuántos más famosos fueran sus parroquianos, a mayor número de ciudadanos de a pie llamarían. Lo que daba lugar a mayores ganancias. Apostando a todo lo que se pudiera apostar. O no, daba igual. Se jugaban el dinero en carreras de caballos, perros, coches o combates de gallos o de boxeo.
Hablar de boxeo y de mafia nos lleva a hablar de Sonny Liston. Prototipo de púgil utilizado por la mafia. Dio con sus huesos en la cárcel por diversos motivos. Lo cierto es que fue el último de los boxeadores en caer en las redes de la mafia. De hecho, en Filadelfia, tras varios altercados con agentes de la ley, le ofrecieron protección dos mafiosos, los capos Frankie Carbo y Blinky Palermo. Se ganaba la vida de manera sospechosa al ejercer de matón para ellos aunque un tal John Vitale le hiciese un contrato como descargador en el muelle. Mirar su contrato de boxeador profesional habla a las claras de cómo la mafia se lanzó a por él como un ave de rapiña sobre su presa. A saber: el 52% era para Frankie Carbo, el 12% para su jefe John Vitale y el resto para él y su manager Pep Varone. Sus combates contra Floyd Patterson y, más tarde, contra Cassius Clay fueron el cenit de su carrera. Consiguió el título del mundo y lo defendió dignamente en varias ocasiones . En su epitafio se puede leer: Charles Sonny Liston: Un hombre.
Si, es que, somos tontos...

Llevamos dos días viendo una riña de patio de colegio en el Congreso de los Diputados. Y en los consiguientes programas los periodistas de uno y otro bando llevan la discusión más cerca de los ciudadanos. Mientras los políticos siguen acusándose con el pueril recurso del “y tú más” “pero tú robaste más” “pero tú eres más inútil” “pero tú eres más tonto” y la verdad, la única verdad, es que los tontos somos los ciudadanos que han votado a estos menguados mentales para que nos representen. Si me escuchara alguno de ellos me diría: “Tú más tonto” A mí me tiene sobrecogido, hasta límites insospechados, que estén dos días (y lo que te rondaré, morena) debatiendo el estado de la Nación. Llevando meses y meses preparando este debate entre todos ellos, buscando coaliciones y ayudas para que les permitan conseguir llevar a cabo una u otra proposición. Pero, hombre, el estado de la Nación... ¿Es que no ven que está mal? Es que, de verdad, que son muy tontos.
Si, es que, somos tontos...
En las pasadas elecciones, vimos a los partidos políticos decirse de todo. Insultos, denuncias y gritos amenizaban los (algo que me llama poderosamente la atención es que estén siempre llenos de gente de la tercera edad, será uno de los famosos viajes del imserso) mítines de los partidos. Pues bien, se digan lo que se digan; tengan o no tengan razón. Da igual. Luego votarán a los que tenían previsto votar desde un primer momento. Hayan robado, estén implicados en tramas de corrupción o con los trajes “regalados” es lo mismo. Les votaremos porque son de los nuestros. También es alucinante que esta gente primero se rasgue las vestiduras para que los etarras tengan representación política, porque, según decían, eso es un primer paso para que dejen definitivamente las armas; y, una vez que han conseguido obtener dicha representación, ahora digan que ésta no se tenía que haber conseguido. Y no nos acordemos que, en la transición se hizo borrón y cuenta nueva con los delitos cometidos durante la guerra y la dictadura.
Si, es que, somos tontos...
Hace un tiempo. No sé exactamente el tiempo que hace porque he intentado olvidarlo, pero se llegó a la conclusión de que había que reducir el límite de velocidad en autopistas en 10 kilómetros hora. Para ahorrar, decían. Para recaudar, digo yo. Porque siempre es mucho mejor recaudar un dinero con las multas que intentar arreglar las carreteras. Sí, ya sé que supone un gasto importante por lo que, aunque disminuirían los fallecimientos en accidentes, siempre es mejor recaudar algo de dinero que invertir en seguridad para los ciudadanos. Es el mismo doble rasero que se utiliza para la prohibición del tabaco. Porque, por un lado, recaudan impuestos de la compra del tabaco y, desde el bar de la esquina, recaudan una cantidad similar por las multas interpuestas a los fumadores. Bueno, el caso es que ahora, pasado ya el tiempo que habían previsto, hay que cambiar todos los cartelitos de las carreteras. Habría que investigar quién tiene la franquicia de esas pegatinas, porque lo que ponen son pegatinas encima de las anteriores señales. Ahora, imagino, pondrán otras pegatinas volviendo a poner la velocidad anterior. Así que el interfecto se va a hacer de oro a cuenta de todos los españoles. Yo no sé quién es, pero me gustaría saberlo, para darle la mano y, con lágrimas en los ojos por la emoción, estrecharle entre mis brazos. ¡Qué visión de negocio! Si no se lo dijo nadie, claro, en cuyo caso sería un delito... Vamos, digo yo.
Si, es que, somos tontos...
También fue muy gracioso ver, cuando al rey le operaron en Barcelona (o cuando fue en Madrid también, da igual) y el hospital de turno, todo ello en un comprensible alarde de generosidad, le cierre toda una planta para que el monarca esté con total comodidad en el centro en cuestión. Y que luego salga diciendo, eso sí muy campechano, que tenemos que estar orgullosos de la Sanidad pública que hay en España. En una habitación compartida con otras tres familias, cuyas bolsas de sangre no es muy azul, precisamente, me gustaría verle. Pero no se crean que esto sólo sucede en España. También fuera de aquí se oyen tonterías, y muy grandes, más aún, si cabe. Porque no me digan que no es altamente indignante que el Príncipe Guillermo de Inglaterra y Kate Middleton, que se han tomado unas vacaciones de seis meses, declaren que quieren tener niños. Vamos a ver, ¿acaso tener la sangre azul es una condición indispensable para decir tonterías? Pero si es lo único que tenéis que hacer, criaturitas del Señor. Con sus vidas resueltas, se disfrazan para casarse (más de la cuenta, porque si nosotros, ¡oh, pobres plebeyos! nos disfrazamos de ricachones; ya lo de ellos es de auténtica traca) Eso sí, nos guste más o nos guste menos luego ver la boda real en la televisión. Que, no seré yo quien lo niegue, luego nos quedamos pegados a la tele, viendo las bodas reales. Y yo me pregunto: ¿Es que las nuestras son ficticias?
Si, es que, somos tontos...
Pero si hay algo que me ha llamado la atención en estos días en cuanto a absurdo y estupidez se refiere, ha sido el reconocimiento médico de De Gea por el Manchester United. Por si alguien no lo ha visto, os lo intento describir: Es una operación secreta, por lo que, va el jugador con sus familiares a pasar un reconocimiento médico, para empezar a jugar en el club inglés, por lo que a la inteligencia británica (que no sé cuál de los tres individuos de metro sesenta, a ojo, representa a la inteligencia británica) se le ocurre la feliz idea de tapar con una sábana a un tipo de metro noventa y tres y, con el pelo de punta, casi dos metros. Pues bien, aún la primera fotografía está bien, es correcta; porque se ve a dos tipos cogiendo una sábana en alto y un tercero dirigiendo las operaciones. Pero hete aquí que viene la segunda fotografía. Los tipos en cuestión siguen en el mismo sitio, no sé si se han llegado a mover un milímetro, también a ojo. Así que se puede ver perfecta y nítidamente a David De Gea entrando en el centro donde ha quedado con los representantes del Manchester. Aunque, siendo sincero, yo no vi a la madre del ex jugador atlético, por lo que, pienso, que los de la sábana los puso David para que tapara el apretón de su madre y no saliera a la luz pública en tan indecorosa situación.
político
De ciento que dices ni una es verdad
ya que tu vida sólo es falsear,
engañar a todos y después robar.
Hasta robas los sueños de su libertad.
De ciento que sientes todo es traición
porque a tus fieles has engañado
vuestros ideales has masacrado
y el voto les pides sin remisión.
Verdad a quién sólo nombrarla es raro,
ideal de gente en fuego ha ardido,
engañar a todos es tu legado.
Amarte a ti ha de ser prohibido,
odiarte, en cambio, lo que has encontrado
ya que sólo buscaste tu beneficio.
Llegó la hora
Han pasado las elecciones. Parecía como si nos fuésemos a caer por un precipicio. El fin del mundo iba a ser el pasado Domingo. Joder, menos mal que no, con la de cosas que me quedan por hacer. Pensándolo bien, para alguno del PSOE sí que ha sido el final. O no lo ha sido aunque debería, porque, como hemos podido todos ver, ha salido el señor Blanco desde la sede en Ferraz y ha dicho que, si bien han salido derrotados en estas elecciones, no pasa nada, que van a seguir con su plan de trabajo para no paralizar las reformas que son necesarias e imprescindibles para España... Pero vamos a ver ¿no te han dicho en las urnas que no se te respalda a ti ni a tu proyecto? ¿A qué viene ese intento por aferrarse al poder? ¿Es por nuestro bien? Eso me decía mi madre cuando hacía criadillas para el almuerzo y yo no me las quería comer, sobretodo cuando supe lo que eran, ahí sí que no me las quería comer. Si es por tu bien. Si es por vuestro bien. Si es por el bien de España ¿se piensan que seguimos teniendo ocho años y somos igual de maleables? Que no, que sé lo que son las criadillas y no me las como. Que sé lo que son los políticos y no me representan.
Llegó la hora
El movimiento surgido, de entre los jóvenes de este país, y acampado en la puerta del Sol y en otros puntos de la geografía española sigue. Dijeron algunos preclaros que se iban a ir cuando cumplieran con su labor de hacerle la campaña electoral al PSOE y a IU, pero no, ahí siguen. Espero que por mucho tiempo, al menos hasta que se consigan todas las peticiones. Bueno, pues ellos han anunciado que van a establecer comités consultivos desde los que elaborarán un borrador con la hoja de ruta y el portafolio de trabajo desde el cual empezar a trabajar de cara a las siguientes elecciones. Buscando un modo de informar a la opinión pública de su proyecto, sus solicitudes y su método de trabajo. Invito a todo el mundo a informarse antes de establecer una opinión que, sin previa información, nunca será suya. De modo que critiquen, respalden, amen u odien lo que les digan una vez dicho. Es mi forma de hacer las cosas. Intento informarme antes de emitir una opinión. Luego, puedo sacar conclusiones erróneas, pero son mías. No las de fulanito de tal que me lo ha dicho en no sé qué emisora de radio o programa de televisión. Me gustan los librepensadores que se preocupan por su información.
Llegó la hora
El presidente del Fondo Monetario Internacional está detenido en una cárcel en Estados Unidos por un supuesto caso de abuso sexual contra una camarera. De modo que pensábamos que en España estábamos fatal pero esto demuestra que trastornados hay en todos los sitios del mundo. Está en prisión preventiva. Ya sabéis lo que es eso: encerrado en su piso, con sus doce sirvientes y su chófer, por si quiere ir a algún lado, y, es que es duro estar preso para un multimillonario. Si tuviera su pisito de setenta metros cuadrados y su bocata de sardinas no sería más infeliz, seguro, porque tendría menos que perder. Bueno, me voy a hacer eco de dos noticias que me han llegado, a saber: por un lado, su esposa ha declarado que está orgullosa de tener un marido tan atractivo. Esta señora confunde presunto agresor sexual (que lo puede ser el Fari comiendo limones) con un playboy (que lo somos George Clooney y otros pocos más) pero bueno, esta gente tiene una escala de valores distinta a la nuestra. Y, por otro lado, he sabido que la policía científica estadounidense ha encontrado muestras del adn del señor Strauss-Kahn en la ropa de la camarera agredida. O mucho me equivoco o le queda un mal rato que pasar a este señor. Pero, eso sí, montado en un Rolls Royce y esperando que le llegue la hora mirándola en su Rolex.
Llegó la hora
Hace un año, aproximadamente, entró en erupción un volcán en Islandia y sus cenizas estuvieron flotando por los cielos europeos casi un mes. Haciendo que se cerrara el espacio aéreo de prácticamente todos los países de Europa. Pues bien, debe ser por simpatía, porque están de botellón, o porque el planeta está hasta las mismísimas de los seres humanos, este año, ha entrado en erupción el volcán adyacente al que explotó el año pasado. Una columna de cenizas se ven subir hasta el cielo y de ahí se expandirán, dicen que por toda Europa otra vez. Se prevé que a España llegarán aproximadamente el próximo jueves día 26 de Mayo. De momento, las acciones en compañías aéreas están bajando en los últimos días, previéndose pérdidas importantes por culpa de la ola de cenizas. Hala, eso para que prohibáis fumar.
Llegó la hora
El Deportivo de la Coruña ha bajado a segunda división. A mí como si se la pica un pollo, la verdad. Llevan veinte años en primera división, de los cuales, los últimos diez están haciendo el ridículo año tras año. Además, Lendoiro su presidente, puso ya hace cuatro años, al frente del equipo a Lotina, entrenador que se caracteriza por su presencia de ánimo y por su sentido del humor, amén de por hacer de equipos ramplones equipos campeones ¿o es al revés? No sé, creo que me estoy liando.
El Barcelona espera velando armas a que el Sábado que viene puedan conquistar la cuarta copa de Europa. La máxima preocupación, que debería ser el conjunto inglés del Manchester United, que es al que se enfrentan, en cambio, es la columna de cenizas que se esparcirán por todo el cielo europeo. Ha salido Guardiola en rueda de prensa expresando su deseo de que se disperse la nube de cenizas y que sus aficionados, que ya han adquirido la entrada, puedan ir a presenciar el partido. Siempre nos quedará el tren, señor Guardiola. Aunque, imagino, que sus amiguetes de la UEFA pondrán parques eólicos apuntando al cielo para dispersar la nube, no se preocupe por ello, Don Josep.
La liga de baloncesto española está inmersa en los play off por el título, habiendo un duelo Barcelona – Caja Laboral y Real Madrid Bilbao Basket, por lo que, puedo prever, sin ánimo a equivocarme excesivamente que, si pasa el Barcelona, ganará el campeonato. Porque al Real Madrid le tiemblan las canillas cuando le toca enfrentarse al que, a mi modo de ver, es el mejor conjunto de Europa con diferencia, el Barcelona. Eso sí, siempre y cuando ellos se deshagan del conjunto bilbaíno, que si ha llegado a semifinales, no son unos tuercebotas, precisamente. En cambio, si ganase el Caja Laboral, habría alguna posibilidad más para mi Real Madrid, cosa que espero y deseo.
Llegó la hora
Y, por fin, mi amiga Marina Fernández va a publicar su novela “Los patos de Central Park” Digo por fin porque sé que le ha costado sangre, sudor y lágrimas, que diría Winston Churchill. Así que, desde aquí, animo a la gente a comprársela, a degustarla, a leerla. Es un bonito regalo para nuestros seres queridos, una gran novela para leer en la playita, en casa tranquilos o donde estimemos oportuno, este verano. Estaremos disfrutando de una grandísima escritora que, debo decir además, es una excelente persona, y también de una mejor literatura que ella y pocos más son capaces de plasmar en un papel en blanco. De lo mejor que se puede leer actualmente en lengua castellana. Ahí lo dejo.
Análisis electoral y del 15-M.
El primer dato que llama la atención ante unos comicios es el de la participación y, en consecuencia, el de la abstención. La participación, según los datos oficiales, fue algo más elevada que en los anteriores comicios. Y, en el día de ayer, se abstuvo casi el 35% de los ciudadanos censados y con capacidad para votar. Lo que indica que el llamamiento masivo al voto por parte de todas las fuerzas políticas y del movimiento 15-M tuvieron algo de eco pero no encontró el calado deseado por todos. De modo que unos doce millones de votantes se quedaron en casa. Ya expliqué en este mismo blog que, con la ley D’hont estos no votos no sirven para nada. En todo caso, únicamente sirven para que los partidos minoritarios se vean perjudicados, en el sentido de que, para llegar al mínimo establecido para tener participación política, necesitan un número mayor de votos. En consecuencia, para hacer la misma participación en unos comicios con votos en blanco, necesitan menos votos puesto que se contabilizan el total de los votos realizados.
El siguiente dato a valorar, es el del ascenso de IU y de UpyD, partidos pseudo-minoritario el primero, y minoritario por joven, aunque de adscripción nacional, el segundo. Que, como bien nos dijo su líder Rosa Díez ayer, obtuvieron incluso una alcaldía con mayoría absoluta en un pueblecito de Ávila. Pues bien, ambos partidos, deberán hacerse oír en las cámaras en las que han conseguido representación, de modo que los ciudadanos oigamos lo que nos quieren decir, escuchemos sus exigencias a los gobiernos legalmente establecidos y hagan que nos sintamos identificados con ellos, de manera que, en las siguientes elecciones obtengan un mayor número de votos porque nos han convencido de su buen hacer.
El tercer dato y, no por ello menos importante, es el de la efervescente aparición de Bildu, como se preveía, en todas las instituciones vascas. Puesto que ha tenido una gran campaña publicitaria con su prohibición o aceptación; están intentando alejarse de las armas; ¡qué buenos son! admítanlos a jugar en el juego democrático, señores jueces; este intento de entrar en los comicios significa que el fin de los terroristas está cercano. Todo esto consigue, por una resolución judicial realizada al dictado del gobierno de España, que dicho partido entre, con las reservas de la policía, algunos partidos políticos y prensa especializada, en las administraciones vascas. Obteniendo, de este modo, no solo poder, sino publicidad, información y financiación. Lo que demuestra a las claras, como también hemos dicho en este blog, que el sistema jurídico español está totalmente manipulado por la política y, en consecuencia, ni es justo, ni es lícito; todo ello para conseguir un rédito político en las elecciones de ayer, que, a la vista de los resultados obtenidos, no se produjo.
Por último, el varapalo enorme y monumental que se ha llevado el PSOE en todas y cada una de las circunscripciones del país. Es tan importante lo sucedido que tiene que tener unas consecuencias inminentes, inmediatas y contundentes. En el sentido de, por dignidad, eso de lo que carece y de lo que tanto presume nuestra clase política, debería pedirse responsabilidades políticas en su propio partido. Porque esto significa que España al completo ha dado la espalda a la gestión gubernamental, nos guste o no. Aún tratándose de unas elecciones autonómicas ya que lo que se ha juzgado es, precisamente, la labor del PSOE en el gobierno. La historia nos indica que, cuando se da este resultado en unas autonómicas, en las siguientes elecciones generales es muy difícil que el partido derrotado solucione y consiga una mejora del resultado, puesto que, suele haber un efecto eufórico en los ganadores y pesimista en los vencidos, que hace que los ciudadanos vuelvan a votar al partido ganador masivamente. Obteniendo, de este modo, una mayoría igual o, incluso, superior. Si bien, en los discursos del PSOE, todos y cada uno de los políticos que han salido a la palestra han hablado de que estos resultados se producen por el desgaste sufrido al ser los que están gestionando la crisis económica. Ni qué decir tiene que han enviado ese mensaje para sus votantes, de modo que veremos en los siguientes días cómo éstos, nos van a bombardear una y otra vez con la cantinela de la crisis y el desgaste. Lo que no quieren decir es que es un partido político con un proyecto gastado que llegó al poder “gracias” al atentado del 11-M y que el rédito político que una situación extrema así, la tienes que compaginar con un mínimo de capacidad, gestión y diagnostico. En lo que yo creo que este gobierno, principalmente, ha fallado es en diagnosticar los problemas del país y, en consecuencia, no ha sabido gestionar ni atajarlos conduciéndonos a una situación complicada.
Finalmente, he de decir que he escuchado mensajes variopintos dirigidos al movimiento del 15-M. Por un lado, como vimos en los días previos a las elecciones hubo partidos políticos que se acercaron a dicho movimiento. Sin ir más lejos, UpyD dijo, a quién quiso y pudo escucharles, que las exigencias de dicho movimiento se recogían de manera masiva en su programa electoral. Izquierda Unida y Cayo Lara enviaron refuerzos humanos a la plaza de Sol e hicieron que los entrevistasen acompañados de sus familias y, el PSOE intentó posicionarse cerca de los desencantados, sin pensar que, si están desencantados e indignados, en gran medida es por su propia labor y gestión. La organización de dicho movimiento se ha hartado a emitir el mensaje de que son un colectivo de colectivos en el que hay gente de todo tipo, ideología y condición. Esto les está costando entender a los partidos políticos. Si bien, todos los movimientos sociales acaecidos en nuestro país, normalmente han sido instigados desde la izquierda, motivo por el que la izquierda se sentía en la necesidad de acercarse y la derecha se siente algo perjudicada.
De hecho, en todos los mensajes triunfadores del PP, se han acordado del 15-M. Ayer pudimos escuchar a sus afiliados en Génova a voz en grito: “esto es democracia y no lo de Sol” Y a Mariano Rajoy en el paroxismo del éxtasis, en el balcón, diciendo que la “fiesta de la democracia” son las elecciones. Porque, cuando alguien cree que van a por él no piensa ni procesa el mensaje que se le envía. Desde el movimiento 15-M, yo mismo lo he escuchado en doce mil ocasiones aproximadamente, se ha dicho a todo el mundo que ejerza su derecho al voto de una manera responsable y se ha explicado el funcionamiento de la ley D’hont. Desde Sol no se va contra determinado partido político favoreciendo los intereses de los de enfrente, no. Se va contra el sistema político, pidiendo un reparto más justo de votos, pidiendo un cambio en la ley electoral y otra serie de peticiones que, si bien han de poner en común, son visibles y legibles, si se quiere y se toma uno la molestia, claro. Pero es más fácil hablar de oídas y decir de carrerilla el mensaje institucional dictado por la jefatura del partido.
Por otro lado, en medios afines al Partido Popular, he visto desde chistes, desoyendo todos los comunicados emitidos desde la organización del 15-M, en los que se decía que Zapatero y Cayo Lara estaban en connivencia para, tras haber organizado este movimiento (que, repito, ha sido espontáneo, popular y voluntario) conseguir más votos y que ya pactarían el lunes. La risión, vaya, de hecho todavía no he podido ponerme el pijama desde anoche del ataque de risa que me ha entrado ¡Qué agudeza! He leído también que van más personas a ver los toros a la plaza de Las Ventas que a la reivindicación de la puerta del Sol, en un alarde no sé si de sentido del humor o en un intento de desprestigiar este movimiento ciudadano. Ese es uno de los mayores problemas que hay en este país, que, con la manida fórmula: “Panis et circensis” nos tienen comidita la cabeza y vamos en la dirección que nos dicen que vayamos sin, ni siquiera preguntarnos nada, con el dedo en el raíl. Como el tonto que siguió la vía hasta que llegó a la estación. Si esa es la sociedad que quieren, que la tengan. No es la mía, no es a la que yo pertenezco y no es el país que quiero para mis hijos. De modo que hacer alarde de algo que me parece lamentable, a mi juicio, hace a tal persona sea lamentable igualmente. Si esa es la sociedad que quieres, para ti, campeón.
Por último, he de decir que, si bien no lo he visto en su totalidad por la náusea, el asco y el odio que me ha producido, sé que hay un vídeo en el que un afamado periodista ha dicho, sentando cátedra, como siempre por supuesto, y, por lo tanto, dando las bases a otros menos inteligentes que él, para el desprestigio de este movimiento, que entre los que se han apostado en Sol, hay gentes pertenecientes a un grupo terrorista. Me he sentido insultado por la ignorancia de quien emite estas opiniones. Este movimiento, como he dicho más arriba, si se hubiera molestado en intentar entender lo que estaba pasando lo habría sabido, es un colectivo de colectivos y, si viera la televisión, se habría dado cuenta que, el otro día, salió hablando desde sol una monja a la que intentaron entrevistar y no se dejó. Un tipo que se cree tan erudito como usted un día nos desayunamos con la noticia de que ha muerto en un ataque de ego.
Ya para acabar y, sin dejar de pedir disculpas por la extensión de este artículo, decir que espero que el movimiento 15-M sirva para algo, que se unan y piensen una alternativa real al sistema político, financiero y judicial español actual. Que la democracia la queremos todos y que lo que queremos es que sea una democracia más justa, más del pueblo y, en consecuencia, más democracia. Que esto a algunos les molesta, pues que les moleste. Que estoy a favor vuestro porque lo que estamos viviendo es insostenible, porque una democracia debe, en cada asunto de importancia, realizar referéndums consultivos al pueblo; porque deberían haber listas abiertas para evitar que gente imputada en casos de corrupción y en otros casos más sangrantes, puedan presentarse o salir en listas a las que votamos, casi a ciegas; que la ley D’hont hay que erradicarla para que mi voto sea más representativo; que, a mi modo de ver, deberían haber unas primarias; que el sistema financiero español está basado en un oligopolio y es lamentable; que los bancos tienen a los partidos políticos cogidos por el coleto porque los financian y no vas a morder la mano que te da de comer; que el sistema judicial está supeditado a la política y, por ello, es menos justo. Por todo ello seguid adelante. Gracias por darme esta alegría y por hacer que reniegue menos de esta sociedad. De verdad, seguiremos en la lucha. Desde aquí os digo que lo que necesitéis, no tenéis más que pedirlo. A ver si lo conseguimos.
Democracia real (y III)
Decía estos días que me tienen indignado tanto el sistema político arcaico, rígido y obsoleto que tenemos en España, como su carta magna que, supuestamente, era provisional y que nos la tenemos que tragar como si de aceite de ricino se tratase; que, tampoco me gusta el sistema financiero y económico que tenemos. Puesto que, las cajas que financian los partidos políticos, no van a ser intervenidas por éstos (no vas a morder la mano que te da de comer) ni controladas, ni nada por el estilo, se hará un paripé de modo que la gente se crea que estás muy enfadado con ellas y punto. Además de tener un sistema financiero basado en el oligopolio ya que las empresas que nos abastecen los servicios básicos están regidas por este sistema monopolista ya que, precisamente, la ley antimonopolio no actúa contra ellas, salvo en contadas y obvias excepciones, interponiendo una demanda irrisoria.
Así que los precios de estas empresas de abastecimientos están en manos de unos pocos que deciden en reuniones de altísimo secreto establecer un precio para gasolinas, telecomunicaciones, electricidad, gas, agua, etc. y nosotros, como no, a seguir pagando. Este tipo de cosas me indignan, hacen que la rabia salga por cada poro de mi piel y que quiera gritar. Ver esto y ver, por ejemplo, que las cajas de ahorro son utilizadas para blanqueo de operaciones de políticos y de hijos de políticos que, a cualquier ciudadano de a pie le supondría un castigo ejemplar, y, en este sistema en que vivimos, no solo no se castiga a los políticos, ni a sus hijos, sino que, probablemente, pasen a engrosar una de las listas cerradas que nos presentan los partidos políticos para que ejerzamos nuestro derecho al voto, ya que, sino no tendré derecho a quejarme ¡anda ya! Pues bien, a mí esta gentuza no me representa. De este modo intentaba señalar los que, a mi juicio, son problemas de esta sociedad en que nos ha tocado, por fortuna o por desgracia, vivir. Pero, además, si éstos políticos se les pone, probablemente por ventajismo electoral o político o hasta por error, a disposición judicial, en lugar de devolver lo robado (que es lo que tendrían que hacer inmediatamente) se quedan tan tranquilos y con todo tipo de beneficios en la cárcel. Con los bienes robados a buen recaudo, a nombre de sus mujeres, concubinas, meretrices, felatrices o mancebillos que les frotan la espalda y, cuando salen de prisión repeinados y elegantemente vestidos, se irán a Brasil a disfrutar de la samba o donde les salga de la breva. Luego igual les hacen canciones, un partido benéfico, les sacan en los programas de televisión a hablar de cómo robaron, les hacen una estatua en su pueblo, o, cuando van a juicio (esto me indigna sobremanera) les llaman: “guapas/os” en lugar de correrlos a guarrazos por toda la ciudad. Y, es que, otro grave problema de esta podrida sociedad, a mi modo de entender, es el sistema jurídico.
Empezaré por intentar explicar lo que yo entiendo que es justo que no tienen porqué compartir. Es que, para mí, la justicia tiene que tener un cierto aroma a venganza, si no, jamás será justa. Déjenme explicarme, un tipo que realiza un acto contra otro, por ejemplo: meter un dedo en el ojo, está expuesto a que le responda; a eso me refiero con lo de venganza. Se le tiene que castigar. Ahora bien ¿cómo se le castiga? Le cortamos el brazo. Va a ser que no, porque estaríamos castigando de manera desproporcionada el acto que ha realizado contra nosotros. Le decimos: “no lo hagas” y le dejamos ir tan airoso con una palmadita en la espalda. Pues tampoco es justo, porque no nos sentiríamos “vengados” al no ser una respuesta proporcional al acto que realizó ¿Qué quiero decir con esto? Pues muy sencillo, que si alguien comete un delito tiene que ser castigado de una manera que sea proporcionada con el delito cometido pero, a su vez, que el que sufrió su delito se sienta resarcido, al menos en parte por el castigo impuesto al delincuente. Por lo que, a mi modo de ver, para eso está el juez, esa es su misión primordial. Ver si el presunto culpable es o no realmente culpable y establecer un castigo que resarza al afectado y que castigue el delito proporcionalmente. No sé si me he explicado bien.
Eso hablando de una justicia que recae sobre el ciudadano de a pie, porque, todos sabemos que en temas políticos, ya nos vamos a otras jurisdicciones. Como el Consejo General del Poder Judicial. Un órgano tan sumamente importante que debería, por definición, ser absolutamente independiente del poder político. Y no lo es. Todos hemos visto la encarnizada lucha por un quítame allá un magistrado que han tenido los dos grandes partidos políticos de España. Eso ¿porqué es? Pues, porque poniendo a sus magistrados las resoluciones irán encaminadas a su beneficio y veremos que lo que dicen luego lo llevan a cabo los jueces. En estos días hemos visto un ejemplo clarificador. Desde el gobierno se ha instado en los medios de comunicación a que se “legalizara” la aparición de Bildu en las elecciones del próximo domingo. Entiendo que, teniendo ellos tantísimos imputados en sus listas, no tienen capacidad moral para decir que un partido no concurra a las elecciones con tipos imputados por delitos. Y todos fuimos testigos de cómo los magistrados en un acto de seguir las consignas del jefe solventaron la situación de la manera más decorosa posible. Después vendrían los lamentos en los medios de comunicación y las camisas rasgadas en forma de: “yo, siempre, siempre, respeto y acato las decisiones judiciales” de, por ejemplo, Rubalcaba. Además, todo ello aderezado por unos medios de comunicación manipuladores, porque aquí hay dos grandes plataformas de la información, una pagada por unos y otra por otros. Cada uno te cuenta la vaina como le da la gana. Cada uno intenta crear una corriente de opinión, que ése precisamente es el cuarto poder, para contentar a su amo. De modo que, si bien los medios de comunicación deberían ser críticos, independientes y rigurosos; en cambio son vendidos, manipuladores y benevolentes con su amo. Les recomiendo a todos cualquier lectura del gran Gay Talese para que vean lo que debería ser el periodismo y que ya no es. Este modo de alentar a las masas en una u otra dirección la utilizaban Hitler para ensalzar los ánimos nazis y Stalin para ensalzar los ánimos rusos. Ahora los utilizan los partidos políticos para que las masas vayan a votar como borregos.
Por último diré que, una vez leída y releída (porque es un rollo absoluto) la famosa ley D’hont por la que se rige la contabilidad de los votos en unos comicios, diré que dicha ley únicamente tiene en cuenta los votos realizados. De modo que, si alguien vota nulo o sencillamente no vota, no se tiene en cuenta para contar dichos votos, por lo que todos los partidos siguen la misma proporcionalidad aunque en mayor medida puesto que se calcula sobre un total menor. Porque si hay censados 3.000 votantes y 500 deciden no votar o votar nulo, el porcentaje se calcularía sobre un total de 2.500 votos realizados. En cambio, si alguien vota en blanco, sí que se tiene en cuenta para el conteo, es decir, serían los 3.000 del ejemplo anterior, pero esos votos se utilizan (al no ir a la saca de ningún partido político) para engrosar el total, por lo tanto para definir el porcentaje de votos y, por tanto, el número de escaños, se divide sobre una cantidad mayor y así se castigaría a los partidos minoritarios que lo tendrían más difícil para llegar al mínimo de votos establecidos. Así que, que cada cual saque sus propias conclusiones y actúe en consecuencia. Yo solo digo que éstos no me representan. Y que lo que estamos viendo en la plaza Sol-ución de Madrid y en otros puntos de España, espero que quiera decir que España se está despertando. Sería algo que me encantaría, de verdad.
Democracia Real (y II)
Veíamos ayer que el sistema político español sigue a pies juntillas los dictados de la famosa consigna de Federico II de Prusia, que, para definir el despotismo ilustrado, utilizaba la siguiente consigna: “Todo por el pueblo pero sin el pueblo” Pues bien, este lema es llevado a su máxima expresión por la clase política española. No les interesamos, no somos más que clientes a los que venderles “su” producto, que nos hacen creer que necesitamos, y, a cambio, nos piden el voto. Todo ello urdido en una Constitución que, si bien nació con un notorio aire de inmediatez y provisionalidad, lo cierto es que nadie quiere cambiar, aunque haya pasado con creces su hora de cambiar. Ni por el pueblo, ni para el pueblo.
Además del problema político español, que es enorme y muy grave, otra de las bases de nuestra democracia es el sistema económico y financiero. No voy a entrar en la crisis, si ha estado bien gestionada, mal gestionada, si hay algún político capaz de haberla lidiado mejor o no, etcétera. No me interesa. Porque sí que creo que en estos años hemos tenido el peor gobierno que ha tenido este país en toda la democracia aderezado con la peor de las oposiciones posibles, de modo que la gestión hubiera sido más o menos igual. Porque en todas las comunidades autónomas, bien regidas por el PSOE bien por el PP ha seguido, en mayor o menor medida, subiendo el paro y cerrando tiendas y pequeñas y medianas empresas, por lo que digo que la gestión hubiera sido más o menos igual.
Con el tema inmobiliario, muchas de esas entidades se han lucrado creando sociedades más pequeñas que les servían para dar préstamos de un alto riesgo a los clientes a los que el banco en cuestión, por política comercial, no podía dárselo. Ahora, que han venido las vacas flacas para todos, cierran esas empresas que les han dado tanto dinero y santas pascuas. Además, si los clientes a los que, aún sabiéndose que esto podía pasar por el riesgo que suponía, se les concedió el préstamo (algunos son caraduras profesionales y ahora van de mártires habiendo metido en el préstamo todos los gastos más la financiación de su segunda vivienda, coche y demás; si bien otros son ignorantes que han sido engañados y otros eran gente ilusionada que se iban a la entidad donde les concedían el crédito) y si ahora no pueden pagar, se quedan con el bien y se acaba el problema. Tengo entendido que, con la normativa Basilea IV, las entidades financieras están obligadas a dotar un porcentaje del valor del bien obrante en su poder proveniente de una adjudicación por impago o dación en pago o lo que sea, variando dicho porcentaje cada año, y creo que ya al segundo año tienen que dotar por el 100% del valor de dicho bien. De modo que las entidades no se van a poder quedar los pisos indefinidamente y ponerlos a la venta cuando los valores vuelvan a subir. Por cierto, me da que pensar el hecho de que las sociedades tasadoras hayan salido indemnes de este caos en el mercado inmobiliario cuando son de las principales causantes, ya que eran las que, por orden de las entidades financieras, inflaban los precios de las viviendas. Aunque, en eso estoy algo esperanzado, me da la sensación que, con la normativa de Basilea IV, el mercado inmobiliario va a ir activándose de nuevo, pero en una medida ínfima en comparación a como estaba hace unos años.
La banca en general, como empresas privadas que son, pueden gestionarse como quieran, pero por el poder que tienen, lo que es cierto es que deberían ser sometidas a unos controles muchísimos más severos. Lo que no es ético es la cantidad de dinero que obtienen de beneficios que sólo redundan en vacaciones en las Seychelles o dónde les venga en gana al banquero de turno. Teniendo este país casi cinco millones de parados y obtener estas entidades dichas sumas con los intereses que les ofrece nuestro dinero, dan ganas de ir todos el lunes a sacar todo el dinero de nuestras cuentas. Por que, además, si algún gran gerifalte de la banca es pillado en un renuncio, véanse los Mario Conde, Jesús Gil, Vera y compañía, en lugar de ser juzgados una vez devuelto a la comunidad el dinero robado (y mantener una prisión preventiva hasta que llegue ese momento) lo que se hace es que se permite que se pongan los bienes obtenidos en las fechas en que dispusieron de sus cargos para hacer su santa voluntad, a nombre de quien le salga de las colganderas y la sociedad española a tener cientos de miles de millones menos en sus arcas, pero no pasa nada. Hasta Ruiz Mateos vuelve a verse en los tribunales y ya veremos cómo acaba ese culebrón. No sabemos si volverá con el “que te pego, leche” o tonterías por el estilo para llamar la atención, o no, lo que sí sabemos es que esto pasa por el “gran miedo” que se tiene en este país a que te pillen en un renuncio, como la ley es tan laxa nadie teme que le pillen y hacen de éste país, la casa de tócame Roque.
Lo que es cierto es que los partidos políticos mantienen cientos de cajas de ahorro en este país por interés único de los propios partidos. Les sirven de financiación y les sirven para, en algunos casos, maquillar cuentas de empresas, contratos con empresas familiares, etc. La lógica nos lo dice, al menos a mí, es que tendría que haber, como mucho, una caja de ahorros por cada comunidad autónoma. Con un órgano rector que tuviera la misma proporcionalidad, en cuanto a representación política se refiere, en sus filas, que la obtenida en las urnas. De modo que no sea el coto privado del político de turno, con sistemas de control y de inspección enormes, puesto que son los “bancos centrales” de las comunidades autónomas. Dando un servicio a la comunidad mayor porque, si bien uno de sus “leit motiv” sea realizar obras sociales, lo cierto es que apuran y ajustan el presupuesto para gastar el mínimo en dichas obras sociales, cuando tendrían que ser obligadas a dar un servicio social muchísimo mayor (desde cursos, a servicios a mayores, servicios contra el maltrato, a servicios al menor...)
Además del problema que nos supone el sistema financiero y bancario español, tanto ético como económico y político, puesto que, al financiar a los partidos, estos bailan al son que tocan los bancos; hay un problema enorme en la sociedad española, a mi modo de ver, y es que vivimos un oligopolio, es decir, el poder de unos pocos. A mi me indigna sobremanera la incapacidad o, mejor dicho, inacción de quienes tienen que imponer la ley antimonopolio, porque da grima ver lo que hacen las eléctricas con sus precios, las telecomunicaciones, las petrolíferas, las de gas, el agua... Es decir, los servicios básicos de este país, son monopolios. Deciden sus precios y los sacan al mercado y nosotros, pobres mortales, tenemos que tragar con lo que nos quieran dar.
En definitiva, que estoy indignado con un sistema político, como es el español, oscuro, rígido, anclado en el pasado, inamovible, regido por ineptos que no me representan en absoluto; que quiero una democracia de verdad, con listas abiertas y transparentes, con doble vuelta; que quiero convivir con una carta magna moderna, ágil y actualizada; que quiere tener un sistema financiero transparente y mejor regulado; que necesito tener muchas menos cajas de ahorro y que se desvivan por el ciudadano con sus servicios sociales. Porque, que nadie lo olvide, somos nosotros quienes los sustentamos, los alzamos al poder y los mantenemos. Y somos nosotros los que no queremos esta sociedad. Leí a Gabilondo el otro día que los grandes partidos se tendrán que refundar. Pero eso es un mal menor porque lo que debería refundarse es el país en general, el sistema político, el financiero y el judicial... Mañana seguiré.
Democracia Real
La palabra democracia etimológicamente significa “el poder del pueblo” Pues bien, el poder del pueblo reside en la capacidad de elección que tiene el ciudadano mayor de edad en la celebración de los comicios. Eligiendo, con dicha participación, uno u otro partido político en función de la relación existente entre las promesas electorales y sus necesidades personales presentes y futuras. Para después, esperar cuatro años a que otra vez los políticos cuenten con nosotros para que participemos en determinado acto, tomemos en cuenta la opinión, creando corrientes de opinión masivas utilizando sus medios de comunicación afines o participando en determinadas manifestaciones, intentando tocar nuestra fibra sensible, nuestra conciencia, nuestro bolsillo o nuestros miedos, ya que todo vale con tal de que les hagamos el juego y les alcemos a la poltrona.
Bien, les comentaré de qué modo he elegido yo siempre a quién votar, yo he usado la siguiente fórmula: el que, con su programa electoral, más se acerque a las necesidades presentes y futuras que yo tenga, a ese voto; o el que mayor número de esas necesidades cubra, a ese votaré; o el que cubra las necesidades que yo considere más importantes dentro de una escala de valores absolutamente personal e intransferible, ese será el que se lleve mi voto. En cambio, en este país, hay un tipo de gente que es incapaz de votar al de al lado. Hay gente que no votará jamás al PP, hagan lo que hagan; y otros, que no votarán jamás al PSOE, hagan lo que hagan.
Con lo cual, y éste, considero, que es uno de los más graves problemas que tenemos en nuestra democracia, ambos partidos saben que cuentan con una cuota de voto de X porcentaje. Lo que les hace estar un poco más tranquilos con respecto al resto. Además, al saber que en este país, hay un bipartidismo atroz, saben que van a ser los dos más votados, por lo que no se preocupan más que de quitarse los votos indecisos que, ya les digo, son poquísimos. Como agravante tenemos que el tercer partido político en discordia que es el que, a la postre más importa, pues actúa de pinza política, es un partido al que no le ha votado ni el 1% del electorado, pero tanto el PSOE como el PP han utilizado la ayuda de los nacionalistas.
A ninguno de los dos partidos políticos más importantes de este país les interesa que se cambie la ley electoral para que se realicen listas abiertas. De este modo no entrarían en el juego democrático los corruptos que ahora sí entran puesto que, al ser listas cerradas (y confeccionadas de un modo que nadie conoce) los partidos políticos las rellenan con los personajes que les apetezca. Bien para otorgarles una inmunidad diplomática o un sillón que les apetezca en el pago de no se sabe bien qué favor. Además, así podríamos elegir al político que nos gustara de verdad independientemente de la opción política a la que perteneciera. De modo que nos gobernarían listas realmente abiertas, plurales y, en definitiva, lo que yo entiendo por democráticas.
También, creo que habría que realizar unas primarias y luego decidir todo con unas elecciones definitivas. Del mismo modo que hace el PSOE con sus candidatos, realizar luego unas primarias entre todos los partidos políticos y que los más votados fuesen los que concurriesen a las elecciones definitivas. De modo que los nacionalistas se unirían en un solo partido y, de este modo, se favorecería a más Comunidades Autónomas, no sólo a las dos de siempre. Si los nacionalistas no pudiesen confeccionar un partido único tendrían el foro del Senado abierto para sus alegatos y peticiones. No, como sucede ahora, que, al tener que ceder a las exigencias de unos con respecto a otros, se está cediendo siempre a favor de unos contra los intereses del bien común. O, al menos, dejando de ser justos con el resto de regiones. En cambio, el chiringuito político en España lo montaron así tanto PSOE como PP en connivencia porque saben que de este modo tienen garantizado el poder unos y otros alternativamente. A ninguno de los dos les verán solicitando el cambio de la ley electoral. Entre otras cosas porque, para hacerlo, tiene que solicitarlo un parlamento, que luego se elija uno nuevo y volver a votarlo, puesto que así lo dispone la Constitución, pero eso supondría llegar al gobierno, solicitar el cambio de ley, largarse del gobierno y volver a realizar unos comicios. Considero que este sistema es indispensable para el buen funcionamiento democrático. No olvidemos que este sistema se emplea en otras democracias más veteranas, como por ejemplo, la francesa y les da buen resultado
En estos días hemos visto como en Estados Unidos, han acabado con Bin Laden. No voy a entrar en si han hecho bien o mal, lo que sí voy a establecer es el siguiente paralelismo: En EEUU estaba gobernando el republicano George W. Bush, cuando se perpetró el atentado de las torres gemelas y denominaron a Bin Laden el enemigo público número uno del país; Pasado un tiempo llegó el demócrata Barak Obama a la presidencia y el enemigo público número uno de Estados Unidos seguía siendo Osama Bin Laden. Ambos partidos fueron de la mano por, lo que consideraron erróneamente o no, el bien de su pueblo. Pero todos a una, como Fuenteovejuna. En este país, cuando sucedió el atentado del 11-M en Madrid, era patético ver cómo un partido político estaba deseando que el autor, o los autores de tal atrocidad, hubiesen sido los asesinos de ETA; mientras el partido político de enfrente estaba rezando porque fuesen los árabes.
Desde hace unos meses asistimos a las manifestaciones ciudadanas de los países árabes pidiendo una democracia real para cada uno de esos países. En este mismo blog le di las gracias a Túnez por su lección de democracia. Pues bien, desde aquí, todos y cada uno de los representantes de nuestra clase política, se rasgaron las vestiduras, se han hecho eco de las protestas en Yemen, Túnez, Egipto, Libia y demás países y han aplaudido a los rebeldes. Porque la perspectiva que da la distancia no les permitía ver el riesgo que corrían estando en la poltrona. Aquí ha sucedido lo de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio. Habrán pensado nuestros políticos: “¿cómo va a suceder eso en España? no puede ser, porque nosotros semos europeos. Ellos son árabes y a medio civilizar así que es normal que les pasen esas cosas. En España no puede pasar eso”
En nuestro país, se están produciendo en todas las ciudades cada vez más quedadas y más manifestaciones contra los partidos políticos y los banqueros. Ante las cuales, el PSOE ha mostrado su miedo y el PP absoluta indiferencia. Se están acusando mutuamente, más por parte del PP al PSOE que al revés, de haber provocado estas revueltas, sin darse cuenta que la culpa es de todos los partidos políticos, estén o no en el poder, ya que son incapaces, corruptos, ignorantes, ególatras y farsantes. Espero que la contrainformación que utilizan los partidos para “ningunear” a los manifestantes y la represión que usan, no lleve a las consecuencias de otros lugares. De modo que, para poder dar una visión real al mundo, invito a todos los manifestantes a que graben cuánto suceda y lo cuelguen. Porque tanto derecho tienen unos a votar en blanco, como a no votar, como a manifestarse por la Ley Sinde, La guerra o contra la clase política que, por desgracia, tenemos. Ya que no representa a nadie más que a sus propios intereses y porque estamos hartos, porque queremos, de una santa vez, una Democracia de verdad.
Isabel
Relato basado en la canción "Todo el mundo ama a Isabel" de Loquillo y los Trogloditas. Para escucharla, haz click aquí
Todos querían besarla y ella lo sabía. Caminaba cadenciosa y calmada por la calle sobre unos tacones de aguja que hacían que sus piernas se parecieran más largas de lo que ya eran y que resaltaban un trasero redondo y respingón que estaba embutido en una corta falda que, como los zapatos, era negra. Caminaba como una diosa de la urbe. Las medias oscuras también ayudaban a fabricar una imagen de sí misma más estilizada si cabe. Una blusa blanca, estratégicamente desabrochada, dejaba entrever un sujetador negro que sostenía un seno voluptuoso y sensual. La melena rubia al viento y unos labios rojos que invitaban a quien la miraba a besarlos Y unos ojos verdes de gata callejera que, más que mirar, te escrutaban. Era una bellísima mujer. Que, además, sabía sacar partido a sus armas de mujer.
Todos querían besarla. Todos los chicos, fuesen acompañados o no, la miraban y la deseaban por igual. Los codazos de los chicos con los que se cruzaba, usados para avisar al más despistado del grupo del paso de semejante beldad por delante de sus miradas, estaban a la orden del día. Del mismo modo que los enfados de las novias despechadas que veían a sus novios mirar con deseo a la chica con la que se cruzaban. Ellos la veneraban; ellas la insultaban. Ella lo sabía y sonreía para sí. Era feliz siendo deseada. Muchas veces había escuchado promesas de amor eterno de abandono de la pareja estable para irse con ella, pero ella no quería amor. En más de una ocasión, los hombres se acercaban y le decían de carrerilla sus posesiones, aunque estas no fueran más que unos cuantos billetes. Ella les miraba y, tras observarles un rato, les despachaba con un: “No, gracias” o accedía, según fuese el tipo en cuestión.
Los rechazados, que eran muchos, se sentían morir, pues habrían dado por ella la totalidad de cuánto poseían. Por tener un rato de sexo con semejante belleza hubieran llegado a matar o morir; llegar a abandonar a sus familias o ser abandonados por ellas; o llegar perder el trabajo o no, nada tenía importancia al lado de una noche de sexo con esa chica. No tenían ningún reparo en qué sucedería después, sólo querían conseguir sus cálidas caricias. Tal era el estado de fascinación en que sumía a sus enamorados. Por su parte, los seleccionados por ella para recibir sexo, se desesperaban por ser los dueños de su corazón. Hubieran llegado a morir o matar por haber sido los primeros que la enamorasen. Pero ninguno lo conseguiría. Ella tenía claro qué quería de cada uno de ellos y el amor no estaba entre sus pretensiones, precisamente.
Todo el mundo la tenía por frívola. Las mujeres con las que se cruzaba la envidiaban, odiaban, deseaban y temían por igual. Los hombres, en cambio, la deseaban con todas sus fuerzas. Pero ella no se sentía plena. Algo le faltaba. No sabía muy bien qué. ¿Estaba buscando algo? Probablemente nada. Quizás amor. Tal vez quisiera ser una persona normal y corriente. Cuando veía a las novias de los chicos con los que se cruzaba, enfadarse, le hacía sentirse deseada. No había nada en el mundo que le gustara más. Poder tener el chico que quisiera y humillarle por una noche de sexo. Desde luego, la gente estaba dispuesta a hacer unas estupideces descomunales, pero no era su problema. Cuando algún desdichado le venía con la foto de sus hijos, a los que su engañada mujer se había llevado lejos y no le permitía volver a ver; ella no mostraba ninguna conmiseración. En cambio, por dentro, la iba minando. Aunque después se decía: “no es mi problema, él quiso, que lo hubiera pensado mejor”
Hubo unas cuantas ocasiones en que encerrada en el baño, desnuda, dejó correr el agua caliente de la bañera y sumergió su voluptuoso cuerpo para acercarse, llorando, una cuchilla de afeitar a la muñeca. Nunca se decidía. Le gustaba sentirse admirada, odiada y deseada. Le encantaba provocar esa sensación de impotencia en algunas mujeres y todos los hombres. Por lo que tiraba la cuchilla y se disponía a arreglarse para salir a causar . Tenía materia prima de sobra para ser deseada, amada y venerada en cantidades industriales. Porque Dios le regaló su cuerpo, un cuerpo de auténtica locura, y los hombres le dieron muchas grandes dosis de vanidad. Una vanidad que le hacía sentir bien. Se sentía viva mientras su vanidad se viese colmada. Pues esa era su mayor aspiración: sentirse deseada por cuántos la rodearan. Y a fe que lo conseguía. Eso sí, si alguna vez tenías la indecencia de intentar consolarla o, peor aún, compadecerla, te mirará con su altivez acostumbrada, te anulará y se reirá en tu cara. Y te sentirás la peor sabandija del mundo. Pues su triste risa ataca lo más hondo de tu orgullo, te hunde, te mutila, te desgaja el alma y te hace sentir un cabrón.
Un buen día me crucé con ella y tuve que dejarlo todo. Abandoné mi chica a su suerte. Jamás la volví a ver. Mis ojos estaban ocupados en ese cuerpo escultural. Pues sólo un deseo se apoderó de mi corazón: poseer esa mujer. Poseerla como jamás la hubiera poseído nadie. Hacerle el amor despacio, sin prisa, durante toda la noche. Saboreando cada poro de su piel. De modo que, como si la vida dependiese de ello, salí corriendo tras ella. Al llegar a su altura, me miró, sonrió y ¡Dios qué sonrisa más bella! Me dijo que la llevara a mi apartamento sin dejar de sonreír. Tomamos un taxi y llegamos a mi casa. Abrí la puerta y la dejé subir las escaleras delante mío. Me sentí transportado a otro universo. A otro mundo. Contorneaba su cuerpo mientras subía las escaleras y no pude, ni quise, apartar los ojos de sus piernas. Cuando entramos en casa hablamos un poco, si bien no recuerdo la conversación, tomamos unas copas y se desnudó tranquilamente. Hicimos el amor despacio, a mi ritmo, dejé que cada sentido se hiciese eco de lo que estaba sucediendo. Aspiré su aroma, saboreé su saliva, acaricié su cuerpo y me dejé mecer por su cálido abrazo. Estuvimos toda la noche haciendo el amor. Y me quedé dormido.
Al despertarme, me puse los pantalones y fui a la cocina. Allí me tomé un café y miré por la ventana la gente, quise gritarle al mundo que me había acostado con ella. Que había sido una noche maravillosa. Entonces lo vi. Mi cartera estaba abierta sobre la encimera de la cocina. Había vaciado mi cartera, se lo había llevado todo. Mi papelina de medio gramo, mi costo, mi dinero... Todo. Me sentí como un imbécil. Me habían enamorado, engañado, estafado y robado. Así que me empecé a reír de mí, del mundo, de mi chica abandonada. Me surgió una gran risa. Al acabar el café, me puse una copa y luego otra y la risa no desaparecía, en cambio se hacía más y más persistente. ¡Qué sonrisa tiene! Aún así, engañado y estafado, quise gritarle a la gente que había ahí abajo: ¡Todo el mundo ama a Isabel!
Hasta luego, Severiano.
Todo el mundo dice que fue un innovador en su deporte: era golfista. A mí el golf, qué queréis que os diga, no voy a ser un cínico, no me gusta. No sé por qué pero nunca me ha gustado este deporte. Me aburre. Cuando veo golf en la televisión cambio de canal porque es tremendamente, a mi modo de ver, aburrido. Entiendo que, a los que os guste, os parezca la quintaesencia, a mí no. Me pasa igual que con la vela que entiendo que practicar estos deportes debe ser maravilloso pero ¿alguien ha intentado ver una regata en televisión? ¿Hay algo más aburrido? Aún así, viendo imágenes de Severiano Ballesteros en acción, en la televisión estos días, me he dado cuenta de que, efectivamente fue algo soberbio. No sólo por dar golpes desde debajo de un coche o desde cualquier otro lugar donde se alojara la pelota, no. Simplemente por imaginárse esos golpes. No soy yo, un profano en estos temas, quien lo dice. También lo dicen sus competidores. Eso dice mucho del Severiano deportista. Esto es un ejemplo nada más del tamaño de la pérdida deportiva que hemos sufrido con su adiós. Un ejemplo de que fue un señor, de eso no me cabe la menor duda, lo tenemos al ver la reacción de sus máximos rivales al conocer la noticia. Quedan desolados, huérfanos y desorientados.
Pero el Severiano ser humano, ese que hemos podido entrever en las entrevistas que le han realizado. Sobretodo en los últimos tiempos a raíz de la terrible enfermedad que, a la postre, se lo ha llevado. Podemos verlo en las frases en las que alaba sin disimulo a la sanidad española, hablando a favor de ella, contra la opinión de que es mejor largarse a Houston o cualquier otro lugar a que te curen por la supuesta incapacidad de los médicos españoles. De su integridad, pues dicen quienes le conocen que ha llevado la enfermedad con una entereza encomiable y envidiable. Y que ha podido despedirse uno a uno de todos sus seres queridos. Lo que me hace pensar en nosotros que, con un simple esguince, estamos inmóviles en la cama y él... Madre mía cuánto tenemos que aprender. También hay una frase que me ha marcado, creo que es en una entrevista en el Diario Montañés, respondiendo a la pregunta del periodista, que le dice: ¿Qué clase de persona es Severiano? Y él contesta: “Una persona extraordinaria... porque, en los tiempos que corren, es absolutamente extraordinario encontrarse una persona normal” Cuánta grandeza en esa sencilla frase. Es una frase que me encanta. Y ese es el Severiano que me interesa, el que es realmente importante. La persona que jamás, por desgracia, llegaré a conocer. Al que, sus seres queridos, tienen la inmensa fortuna de haber conocido.
Recuerdo en estos momentos a mi tío Felipe, fallecido hace ya unos años, y que como tú jugaba al golf y que como tú era un ejemplo a seguir y al que, allá donde vayas, estoy seguro que conocerás. Les doy a tus familiares, desde mi humilde salón, el pésame por tu marcha. Aunque tengo la total convicción de que existe Dios, como cristiano que soy, y de que Él a su lado os va a querer tener, a mi tío y a ti. Invito a todo el mundo a conocerte, a indagar cómo eras y cómo viviste. Porque, este tipo de personas como Severiano y mi tío, son auténticos ejemplos vivientes. Vosotros sois de ese tipo de gente que con vuestra simple presencia dáis a los demás lecciones vitales. Por lo que no podéis, bajo ningún concepto, caer en el olvido. Así que, desde mi humilde teclado, doy la enhorabuena a tus familiares por haber tenido la enorme suerte de compartir su vida contigo y, desde aquí te prometo que intentaré aprender de ti, Seve, como intento aprender de Felipe, de vuestro ejemplo, de vuestra entereza e invito a la gente a que te diga, como yo le digo todas las noches a mi tío, sin temor a vivir engañado: “hasta luego" así que: Hasta luego, Severiano.
El tono hace la música (Mourinho vs. Guardiola)
Siempre he dicho que hay dos formas de hacer las cosas, a saber: bien o mal. Pues bien, extrapolando esta máxima a la manera de hablar o expresarse, también cabría decir que las cosas se pueden decir de dos modos: bien o mal. Iris, una amiga alemana, siempre me dice que el tono hace la música. Lo que quiere decir que no solo importa lo que digas sino también, y casi es más importante a la vista de los resultados, cómo digas esas cosas. Puedes tener más razón que un santo en tus alegaciones que como no tengas un modo racional y “simpático” de decir las cosas caerán en saco roto.
Guardiola, jugador listísimo y persona no menos inteligente, conoce desde hace muchos años como funcionan los medios informativos en este país. Tiene un amplísimo recorrido como futbolista en el FC Barcelona y en el Brescia italiano y como entrenador en el Barcelona B y ahora en el primer equipo desde hace tres años. Así que sabe lo que tiene que hacer para que se le considere el ejemplo a seguir, que es lo que ha conseguido en su etapa al frente del primer equipo del Barcelona. ¿Cómo? Muy sencillo. Dándoles a los medios lo que quieren. Guardiola sabe que yendo de humilde y educado la prensa le va a llevar a los altares diga lo que diga y haga lo que haga y, como persona inteligente que es, lo va a aprovechar. Pep se sienta en las salas de prensa y tiene preparado su discurso de antemano, sabe lo que va a decir, cómo lo va a decir y qué mensaje quiere difundir. Como lo realiza desde la prudencia, la humildad y la educación ese mensaje llega y hace una fina labor de calado en el inconsciente colectivo. Es decir, tras ver seis ruedas de prensas de Guardiola le amas, quieres ser como él, te rapas el pelo y vistes a la moda que, por cierto, una cosa no quita para la otra, viste fenomenalmente bien. A mí me encanta su estilo.
En esas estábamos en la liga española con el Barcelona ganando todo lo ganable y algo más, con su presidente haciendo política pero daba igual porque eran los guapos, listos, buenos y educados; y con el entrenador modelo en todos los sentidos. La prensa se rendía a sus pies, a su estilo, a su modo de caminar, era el modelo a seguir en definitiva. Todo ello aderezado con el fútbol que realizaba el Barcelona, que era exquisito. Porque todos sabemos que esas trazas, esa educación y toda esa parafernalia al fin y al cabo, si no entra la pelotita no sirven para nada. Llegó a ser un modelo tan cotizado que hasta se duda que el Fútbol Club Barcelona haya existido antes que él. De modo que sí, Iris, el tono hace la música tienes toda la razón.
Porque Guardiola en una rueda de prensa habló de independentismo con el famoso: “somos de un país que está ahí, chiquitito, al que nadie hace ni caso...” Pero no pasa nada, puede decirlo, es Guardiola. Además tiene un tono de victimismo que viene muy bien a sus propósitos. En otra ha dicho: “...todos sabemos el poder que tiene el Real Madrid, tanto dentro como fuera del terreno de juego” No hay ningún problema, es Guardiola por Dios. Luego dijo que él jamás se metería con un colega, jamás. En otra ha llegado a solicitar que no hubiera, en las semifinales de Champions League frente al Madrid, ningún árbitro portugués, afectando la designación arbitral. Además de la salida de tono en la rueda de prensa en el Santiago Bernabéu. En la que todos vimos cómo recordaba a Mourinho su pasado culé como traductor de Robson, cuarto entrenador de Van Gaal y, posteriormente, su ayudante. Ha dicho que han ganado al equipo más rico. Siempre aluden al dinero. Diciendo que se dejaba aconsejar por la Central Lechera (denominación con el que se conoce a un grupo de periodistas supuestamente afines a Florentino Pérez) en lugar de por sus amigos de verdad del Fútbol Club Barcelona. También dijo que Mourinho ganaba en las ruedas de prensa que ahí era el puto amo, aludiendo o dejando entrever, que su categoría como entrenador es dudosa. Otra vez apelando al victimismo para que sus amigos de la prensa le defiendan a capa y espada posteriormente.
Por otro lado, aparece José Mourinho, antiguo traductor, cuarto entrenador y segundo entrenador del Barcelona; posteriormente inició su andadura en Portugal y llegó al cúlmen de su carrera en Portugal como entrenador del FC Porto; luego pasó al Chelsea inglés y de ahí al Inter de Milán desde donde viene al Real Madrid. En el pasado, tanto con el Chelsea como con el Inter ha tenido duros enfrentamientos con el Barcelona, llegando a haber un cruce de declaraciones bastante duras. Y con un modo de actuar bastante rudo y, parece, espontáneo. Digo parece porque, probablemente, sea otra manera de plantear las ruedas de prensa. En este caso no es ejemplo de nada, es arrogante, ofensivo, faltón y hasta hiriente. Plantea las ruedas de prensa como guerras y los periodistas le tienen respeto por ello. Pero un respeto mal entendido porque, si bien a Guardiola luego en sus crónicas le ponen por las nubes, le respetan de verdad; a Mourinho en las crónicas le atacan considerablemente, aunque parezca que la rueda de prensa ha vencido el técnico portugués.
Joyitas suyas son el rifirrafe con Preciado donde dijo que adulteraba la liga porque ponía una alineación en el Nou Camp que el Sporting no ha vuelto a sacar y que, pensándolo fríamente, tenía razón puesto que, si sacas esa alineación en el Nou Camp es que la consideras una de las más, sino la más competitiva que puedes sacar, puesto que la estás confrontando al todopoderoso Barcelona. En cambio nunca más ha jugado en toda la liga esa alineación. O adulteras la liga en el Nou Camp o en el resto de partidos que no sacas a la más competitiva de tus alineaciones posibles ¿no? Aquí empezó todo. Incomprensiblemente tanto desde la prensa como desde otras ruedas de prensa se le demonizó, se le atacó y se le vituperó. Hubo colegas que le insultaban con el beneplácito de la prensa. De modo que ahí se empezaron a gestar otra vez las dos Españas, a saber, la madridista y la antimadridista.
Otra joyita suya es la lucha contra los calendarios, esta la ha tenido en todos los países donde ha entrenado, pero sí que es cierto que el Olimpique de Lyon jugó un viernes para enfrentarse al Real Madrid un martes y el Real Madrid jugó un Sábado con lo que tenía un día menos de descanso. Pero eso es tan fácil como comprobar los calendarios que han tenido los clubes y hacer un calendario único, pudiéndose modificar si les eliminan de Champions o Copa del Rey o si pasan eliminatorias, equiparando el calendario español al del resto de países europeos, teniendo todos igualdad de condiciones.
También ha tenido las joyitas de las ayudas arbitrales al Barcelona y las no ayudas al Real Madrid en liga, eso son juicios de valor. Habría que ver si es cierto o no. Que se revisen vídeos, si interesa, como se ha hecho en el programa Futboleros de Marca Televisión, en el que se vieron todos los penalties pitados al Real Madrid y todos los pitados al Barcelona. En el que se ve claramente que los pitados al Real Madrid son todos y los del Barcelona hay uno que es dudoso que es a Villa. Y lo del once contra once y once contra diez. En esta serie de cuatro partidos, tres han terminado once contra diez, en el de liga el Madrid jugó mejor; en el de copa es muy al final la expulsión de Di María y no influyó y en el primero de semifinales de Champions fue determinante para el resultado porque, a partir de entonces, se rompió la tela de araña que planteó Mourinho en el centro del campo y el Barcelona jugó a sus anchas. Pero bueno, eso no son más que, vuelvo a repetir, juicios de valor y cada uno tiene su opinión.
Aquí, en la serie de cuatro clásicos, se destaparon los dos técnicos, abrieron la caja de Pandora y dejaron sacar todo su arsenal al igual que los clubes. Que los del Barcelona fingen las entradas y las agresiones, insultos racistas, malos arbitrajes, en mi opinión el peor arbitraje que he visto en mi vida fue el del partido de vuelta de la Champions, fue increíble y lamentable, ese es el discurso por parte del Real Madrid. El Barcelona, desde el primer partido, el de liga, empezó a hablar de dureza madridista, de posesión de balón, de que tenía que ganar el fútbol y poco más. Llegando incluso a haber sendas denuncias en la UEFA ambas desestimadas y dejando una imagen del fútbol español que ha llegado a alterar al inalterable Marqués de Del Bosque.
Futbolísticamente ambos han jugado sus armas. El fútbol siempre se ha dicho que es para pillos y para hombres. Bueno, pues con pillería se condujeron los barcelonistas y con firmeza y hombría los madridistas. ¿El buen fútbol? Cada uno va a decir una cosa. Yo me voy a mojar. A mí no me gusta un pelo que el Madrid en el partido de liga se metiese atrás a esperar al Barcelona y salir a la contra. Como me desesperan los trescientos toquecitos entre los centrales, portero y mediocentro del Barcelona. Me parece que ambos estilos son especulativos. Uno con balón y otro sin él. En la final de Copa del Rey, el Real Madrid demostró que el Barcelona sufre cuando se le presiona más arriba y que tiene una portentosa preparación física puesto que al final parecía que el Real Madrid había descansado una hora y el Barcelona no. Así que el Real Madrid marcó y la ganó. Es un torneo menor, siempre ha sido considerado así, salvo por el que lo gana.
En Champions, el Real Madrid intentó jugar al Barcelona como en la liga y el Barcelona tampoco estaba jugando a nada. Era más bien un partido de ajedrez planteado por los dos técnicos y estaba ganando el aburrimiento. Pero en una entrada discutidísima echaron a Pepe, el jugado clave en la serie de partidos y ahí se rompió el choque, el Barcelona se puso a tocar el balón aburriendo al personal... Ahora, cuando el Barcelona decide ir al ataque y da los cinco pases y gol o tiro a puerta, me parece maravilloso. Pero son momentos muy esporádicos. Y en el segundo partido de Champions, el Madrid jugó como debe jugar siempre, arriba, presionando, con tensión. Pero se encontró con un árbitro que se empeñó en empañar la victoria culé. Paró contras madridistas por faltas previas inexistentes la mayoría de los casos; no pitó ninguna de las faltas que le hicieron al Madrid cerca del área del Barcelona; pitó una falta a Di María porque se quedaba solo frente a Valdés pero nadie vio esa falta; y, por último, anuló el gol de Higuaín que, a mi modo de ver, es legal.
De modo que, la actuación en las ruedas de prensa ha pasado a ser algo muy importante en el fútbol, sobretodo entre los dos mastodontes del fútbol mundial actual, porque predisponen a la prensa a dar una u otra valoración y, por lo tanto, manipulan la opinión pública lo que calienta más o menos un choque y lo que, a su vez, hace que el árbitro de turno, que tiene su corazoncito se decante por uno u otro y pite con mayor simpatía hacia un lado que hacia otro. Así que, desde aquí hago un llamamiento al Real Madrid y le pido que le digan a Mourinho que aprenda de Guardiola, porque, efectivamente, el tono hace la música.
El pez
Miré al cielo, entendí: soy un pez
anhelando poder caminar
y, queriendo del agua saltar,
fui temprano a volver a caer.
Mudé triste al saberme incapaz.
La razón me ha hecho comprender
que no es propio volar siendo un pez
lo entendí y sólo pude llorar.
Si, hasta un pez, al final comprendió
que no puede del agua salir.
¿No puede entender mi razón
que de ti es propio huir de mí?
¿es que nunca podré tener yo
el amor que te entrego feliz?
SCHOOL DAYS (Chuck Berry)
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Yo iba a uno de esos colegios que está plagado de niños bien. Los que tanto asco siempre me han dado. Esos que, cuando hablan, empiezan cada frase con la palabra “o sea”. Esos que van impecablemente vestidos con ropa de la marca de moda. Chicos que van con sus papás al fútbol o a comer al campo todos los domingos. Los que agachan la cabeza cada vez que les regañan. Niños de papá odiosos es lo que eran mis compañeros de escuela. Como ya habrán averiguado yo iba a un colegio privado. Normalmente en los colegios privados es donde más abunda ese tipo de gente, digo gente no compañeros. No les tenía por compañeros míos. La verdad es que nunca, ni siquiera al principio cuando éramos realmente pequeños, les he considerado amigos míos y, lógicamente, poco a poco nos fuimos distanciando. Primero fue por mi culpa, ya que entendía que no tenía nada en común con ellos; después ellos me miraban con caras raras, porque se dieron cuenta de que, efectivamente, no teníamos nada que ver.
Siempre he sido completamente distinto a ellos. Verdaderamente siempre he sido distinto a casi todos los que se han cruzado en mi camino, sobretodo en aquellos tiempos. Y, normalmente, lo distinto nos repugna o nos da pánico. A veces, las menos, nos atrae. Yo he sido de ésos tipos que buscan en la rareza algo que disfrutar. Pues en lo por venir, en lo distinto, en la antípoda de nuestra conciencia y de nuestra existencia estará el morbo y la intriga por saber qué hay detrás. Me ha parecido que siempre me podrá enriquecer más alguien que tenga una visión de la vida distinta a la mía que alguien que es exactamente como yo. Sin embargo hay otra gente que no están dispuestos a que les saquen de su placentera monotonía. Aún hay gente demasiado acomodada en sus sillones como para intentar averiguar si les gustaría o no saber qué esconden tipos distintos a ellos. Esta diferencia, cuando éramos pequeños, era motivo de distanciamiento; luego cuando crecemos, este distanciamiento se suele acrecentar para llegar a no ver jamás a los estúpidos que fueron tus compañeros de clase. Con un poco de suerte no vuelves a saber nada de ellos en toda tu vida. Los ridículos niños de mi clase habían bebido la comodidad en sus casas y lo distinto les aterraba porque era malo, grosero o perverso. Lo distinto en el colegio era yo y no querían tener nada que ver conmigo. Así que, como entenderán, yo iba a lo mío. No me integraba con gente que me daba asco, nunca lo he hecho. Otro motivo de nuestro distanciamiento era la conducta de uno y los otros. Pues bien, tampoco en eso tenía nada que ver con mis compañeros de clase. Mientras se comportaban sumisamente y acataban todas las normas, yo las discutía, las esquivaba y me las saltaba. Mientras ponían a prueba su conciencia ante cada decisión que tenían que tomar y perdían el tiempo pensando en si estaría bien o mal, yo ya había acabado de hacer lo que fuera y me había formado una idea bastante clara de si me apetecía o no seguir haciéndolo. Mientras se quedaban quietos, sin discutir, cuando les prohibía algo algún profesor ocioso, yo había ido y vuelto dos veces a probar qué era aquello que no debía hacer. Mientras hacían los deberes en el patio del colegio, me marchaba a fumar algún cigarro a escondidas, nunca han ido conmigo las imposiciones. En fin, que me consideraban un bicho raro por mi forma de pensar y de ver las cosas. Por mi modo de comportarme tan alejado de su pacífica existencia. De hecho, cada vez que le decía a algún profesor que algo me parecía mal se asustaban porque no era lo que les habían enseñado que debían hacer ni decir. Replicar no era lo correcto. Si no que tenían que acatar sumisa y silenciosamente las imposiciones, obligaciones, deberes y prohibiciones de los profesores. Les estaban preparando para convertirse en tiernos corderitos. Es una educación que nunca tampoco ha sido acorde con mi naturaleza. Nunca he sido un cordero, sino más bien un gato. Un gato anárquico, rebelde y salvaje. Nunca fueron capaces de entenderlo.
Al principio, en el colegio, solo hablaba con dos chicos mellizos: Pablo y José María. Éramos los más grandes de nuestro curso porque, aunque Pablo era más bajo de estatura que nosotros, estaba más gordo y tenía mucha fuerza; sin embargo José María y yo éramos los más altos de nuestro curso y de los más altos de todo el colegio incluidos los alumnos de algunos cursos superiores al nuestro. Ellos dos tampoco les tenían demasiado cariño a los chicos de nuestro colegio. Quizá por nuestra mutua aversión al resto de compañeros del colegio fue por lo que nos unimos. O puede ser que la gente alta y grande busca gente de su mismo tamaño para relacionarse. De todos modos, los tres teníamos bastante manía al resto de compañeros del colegio, así que empezamos a divertirnos a su costa. Nuestra diversión consistía en ir pegando y martirizando a los demás chicos de la clase que marchaban llorando a decirle a algún profesor lo malvados que éramos con ellos. Por supuesto nos castigaban por golpear indiscriminadamente a todos los compañeros de nuestro curso y de algún curso más avanzado. Los chicos de clase nos miraban divertidos mientras estábamos castigados. Pero el castigo solía merecer la pena. A veces, cuando el delito es divertido, el castigo es más llevadero. Aquél era nuestro caso: nos divertía martirizar a aquellos idiotas y el castigo lo asumíamos con total deportividad. Nuestra actitud para con los demás niños hizo que los profesores nos vigilaran a todas horas para, después acabar marchándose con el chivatazo al padre del imbécil que lloraba más que el resto. Normalmente el padre del llorón ése siempre era un profesor del colegio que después llegaría a ser el director del centro. El llorón cumplía con su obligación y lloraba aunque no le pegásemos. Su hijo nos tenía auténtico terror, en cuanto nos acercábamos a dos metros de distancia ya se ponía a llorar desconsoladamente hipando, tapándose la cara con las manos y agachado en un rincón. Era el clásico llorón de los de toda la vida. Desde entonces detesto a los llorones. A todos los llorones.
Así que los profesores nos miraban con lupa desde muy pequeños por nuestros castigos físicos al resto de compañeros. Nos sentíamos observados y vigilados por todos los profesores del colegio. Lo que, lejos de evitar nuestra salvaje conducta o hacernos pensar que aquello no estaba bien, nos producía más placer a la hora de pegarles a escondidas. Cuando detestas algo la conciencia no entra en juego, además, la clandestinidad habitualmente siempre ha sido placentera. Casi todo lo que se hace fuera de las normas establecidas y lejos de la mirada inquisitiva de tus perros guardianes suele tener mejor sabor. Sembrábamos el terror entre los niños de nuestra clase y nos reíamos de ellos. Pero, como todo lo bueno acaba, los días felices se fueron de un plumazo: Pablo y José María se marcharon del colegio al año siguiente. Sus padres se mudaron a otra ciudad a vivir y se largaron, así de sencillo. Después, aunque aún pegaba a algún que otro chico por mi cuenta, ya no era lo mismo. Me quedé solo contra todos.
Estaba solo frente a ellos. No estaba acostumbrado a estar solo. Al principio la soledad asusta y te hace pensar si lo que piensas está bien o mal. Pero cuando recuerdas el éxtasis de la felicidad que te producía ser distinto al resto, la conciencia no te agobia. Esa diferencia te hace fuerte y te sientes orgulloso de mostrar tu rareza al resto de la gente. Aunque eso cuesta descubrirlo, como casi todo. Antes de descubrir lo divertido que es ir contra corriente te sientes mal, te preguntas todo lo que haces, te paras a pensar si es cierta esa diferencia o una invención tuya. Aquellos años de colegio los recuerdo básicamente así: nadando a contracorriente. Era como el salmón que surca los ríos al revés y remonta todo tipo de obstáculos, pues yo me sentía un poco salmón. Pero la soledad puede llegar a convertirse en un oso agazapado intentando pescarte. Es dura la soledad. Más cuando te dices: “Bueno, vamos a intentarlo. Seamos como ellos” Pero hay cosas que no pueden suceder nunca. Remonté el río y esquivé el oso para seguir a mis anchas el camino hacia el mar, que era mi libertad. Pero en aquélla época aprendí a base de cabezazos contra los bordillos que no estaba en un río sino en una piscifactoría. Y los chichones dolían mucho estando solo. Era considerado por el resto del colegio algo así como un delincuente y me rechazaron. Cuando se marcharon mis amigos intenté integrarme en clase, pero la gente normal y acomodada no acepta las disculpas de alguien distinto a ellos y me dieron la espalda. Hicieron que me reafirmara en mi aversión a todo lo que ellos significaban. Al principio me sentía angustiado y terriblemente discriminado puesto que los compañeros de clase se asustaban de mí y no se acercaban. Así que, poco a poco, mientras ellos me detestaban y no conseguían perdonarme, yo por mi parte, no me acercaba a ellos porque me empezaban a dar verdadero asco. Solamente hablaba con los dos hermanos que se habían marchado y la única relación que tenía con el resto de compañeros de clase eran las bofetadas que les había propinado proporcionándome un inmenso placer. Así que tragué saliva, apreté los puños, respiré hondo y seguí adelante bien erguido y orgulloso de mostrarles mi diferencia. Además ellos tenían la protección de los profesores que parecían estar guiados por la mano maestra de un tipo siniestro y malvado: el padre del llorón, el profesor que posteriormente sería director del colegio.
Era un hombrecillo calvo y estúpido que, antes de ser nombrado director se portaba estupendamente con todo el mundo, o con casi todo el mundo. Era profesor de química y quería mostrarse como un alumno más. Intentaba aparentar estar en la honda de los jóvenes alumnos o que se sentía identificado con nosotros. Con algunos quizá, conmigo nunca intentó portarse bien. Además hablaba mal a espaldas del anterior director criticando todo cuánto decía o hacía. Intentaba crearse una complicidad amistosa con los alumnos del colegio. E intentaba embaucar al resto de profesores para que le votasen como director. Inventaba rumores acerca de la incapacidad de su predecesor y el resto de profesores le creyeron. Pensaba ser como un reducto hippie de los años sesenta. Iba de coleguita de los niños y de consejero espiritual de los profesores. Iba de informal para que le creyesen un rebelde y un tipo encantador que sería capaz de sacar al colegio de la crisis en que estaba inmerso. En tiempos fue un colegio estupendo, con alumnos estupendos y profesores sabios. Después se convirtió en la basura que yo conocí. Decía que iba de inconformista. De hecho vestía con unos jerseys realmente feos y grandes. De no ser por su calvicie, parecería uno de ésos melenudos que salen en los documentales de los años sesenta. Pero pronto se descubriría su engaño. Porque después, cuando con sus malas artes le usurpó el puesto al director anterior que tanto criticaba para colocarse en su posición, vestía con trajes de saldo creyéndose el personaje más importante del mundo y el más elegante de los que había pisado la faz de la tierra. Era tan tonto que, seguro, creía pertenecer a una de ésas familias tan estiradas de la aristocracia. Tanto se subió a la nube de sus nuevos poderes que no te llamaba por tu nombre sino que te chistaba por los pasillos. No estábamos a la altura de su calidad humana como para poder tutearle y menos aún yo que había estado martirizando a su hijo y era un delincuente. Era realmente estúpido porque se creía una mezcla de Ángel Vengador y Quevedo. Era muy desagradable. Nunca me cayó bien. Al principio por ser un cotilla que se metía con todo el mundo a sus espaldas. Jamás aguanté a los cobardes. Siempre he preferido al tipo que te insulta a la cara antes que al pipiolo que te pone verde por detrás. Tampoco aguanto a los patosos que van de simpáticos y el director me asqueaba porque también iba de gracioso. Se creía muy ingenioso, pero era un auténtico imbécil. Es asombroso ver en qué llegan a convertirse las personas cuando les dan algún poder sobre otros, por mínimo que este sea. Cuando era un profesor normal y corriente de Química, era el típico que se ponía a hablar con todo el mundo muy amistosamente, dejaba que le tutease todo el mundo y quería que todos sintiesen afinidad hacia su persona. Todo era una artimaña para conseguir el puesto de director. Hacía ver que se preocupaba por los problemas de los alumnos, pero todo era falso, pues le estaba haciendo la zancadilla al antiguo director. El típico lobo con piel de cordero. Era un imbécil que se creía uno de esos humoristas de medio pelo que abundan en clubes tan selectos como Cleofás. Era realmente un auténtico mamarracho detestable. Todo un personaje maquiavélico, el tiparraco aquél.
Cuando se marcharon mis amigos me fui convirtiendo en un tipo solitario. Consiguieron que me fuese encerrando más y más en mi caparazón. Es sencillo entender que empecé a aislarme del mundo del colegio. Les tomé manía a todos ellos viéndoles como el enemigo, dejé de lado a todos los que me rodeaban, replicando constantemente a los profesores que sabía conjurados contra mí. El Ángel Vengador en que se había convertido el director orquestaba una Cruzada contra los delincuentes que había en el colegio. Uno de esos delincuentes a exterminar era yo. Estaban intentando cazar a un gato salvaje. Se estaban equivocando. Yo seguía igual que siempre; golpeando, saltándome las absurdas y abusivas reglas impuestas por el director y enfrentándome a los profesores cuando decían o hacían algo con lo que no estaba de acuerdo. Mientras, como siempre, el resto de compañeros me miraban con disgusto cuando les replicaba. No solo me miraban mal, si no que empezaron a cuchichear y a chivarse ellos mismos a los profesores de todo lo que hacía. A veces también de todo lo que nunca he llegado a hacer. Son gajes del oficio de rebelde. Les ignoraba con total devoción. Tampoco es que me disgustase que mis compañeros me mirasen mal, pero yo no era un cordero como ellos. Quisieron domesticar un alma salvaje y eso no es tan fácil. Desde muy pequeño me di cuenta que no había nacido para obedecer. Odiaba que me dijeran lo que tenía que hacer, y más aún si no daban una razón a las tareas que nos encomendaban o a la prohibición que nos imponían. Eso de tener que hacer las cosas porque al vago de turno le apetece, nunca ha ido conmigo. Si me hubieran hecho cómplice suyo de alguna manera, hubiera sido el mejor estudiante del colegio. Pero simplemente me negaba a hacer los deberes ni nada que me impusieran por lo que mis compañeros de clase, que se conducían como unos auténticos borregos aunque muy educados ellos, no me entendían. Cuando había que hacer un trabajo en grupo, yo lo hacía solo y nunca de los temas que proponía el profesor sino de lo que me apeteciera. Hubo un trabajo que había que hacer sobre la revolución francesa y yo lo hice sobre Elvis, me interesaba y me apetecía mucho más. Por supuesto fui castigado. Cuando me castigaban por hacer mi santa voluntad, yo les replicaba diciendo que porqué tenía que hacer lo que a ellos les apeteciese. Mis compañeros de clase miraban extrañados a quien pedía explicaciones por cada cosa que se empeñaban los profesores que hiciéramos, o que dejásemos de hacer. Además se ponían muy nerviosos ante mis enfados y réplicas. De hecho más de una y de dos veces he salido airado y enfadado de clase dando un portazo para largarme a fumar a las gradas del campo de fútbol completamente solo. Era por lo que me empezaron a llevar al despacho del director y del jefe de estudios más a menudo de lo recomendado. Cuando tienes a todo el mundo en contra no puedes mostrar debilidad si no te hunden y te hacen uno de ellos. Los profesores me enviaban raudos al psicólogo, que también era el jefe de estudios, cuando me quedaba callado ante ellos o les rebatía todo lo que proponían con mis argumentos. Hiciera lo que hiciese iba al despacho del psicólogo. Otras veces, por mi afición a la lectura de algún cómic para adultos también iba a su despacho. Allí, el psicólogo del colegio me hacía tests constantemente y yo los pasaba con suma facilidad, por lo que llegaron a la conclusión que no era un problema de falta de inteligencia, quizá fuese lo contrario. No supieron encauzar todo mi odio y toda mi rabia hacia el mundo que ellos querían hacer. Lo único que sucedía es que yo siempre rebatía las órdenes impuestas por nuestros profesores porque quería saber cuál era la misión de los ejercicios y tareas que nos imponían. Eso les decía a ellos aunque, para ser sincero, les preguntaba que por qué razón nos imponían las tareas. El hacer las cosas porque sí no era algo que me gustase. Intentaba razonar con ellos pero era imposible. Cuando hablas con gente que carece del menor estímulo por la enseñanza y la educación pasan esas cosas. Las luces de los profesores debían estar totalmente apagadas. Mi pregunta preferida era “¿Por qué?” Pero nunca sabían qué contestarme. El profesor de turno decía: “hay que hacer estos ejercicios de sociales para mañana por la mañana”. Le replicaba: “Por qué”. Y hubo algún profesor que decía: “porque lo digo yo y punto” Evidentemente esos deberes no iban a estar hechos al día siguiente, ni al mes siguiente, ni al año siguiente, ni, probablemente nunca. Al menos por mí.
No me comportaba demasiado correctamente con ellos pero tampoco se merecían mi buena conducta. No concibo el hecho de imponer las cosas, ni que tengan que quedar por encima de ti tipejos a los que, sin saber muy bien por qué razón ni su capacidad, les han dado cierto poder sobre ti. Algunos había que además de intentar imponer sus deberes y prohibiciones, las intentaban reafirmar con golpes. En mi caso la letra con sangre jamás entró. Además siempre he considerado que los golpes son el recurso de los que no tienen argumentos para defender sus ideas. De hecho sus únicos argumentos eran los golpes y los gritos. Había un profesor en concreto que se divertía mucho golpeando en la cabeza de los alumnos con una pluma que llevaba. Ni que decir tiene que el que más golpes se llevó en la cabeza con la pluma esa fui yo. Ya me tenía harto. Un día que le pude arrebatar la pluma, ésta salió volando por la ventana que daba al patio. Con el consiguiente enfado del profesor y mi malévola sonrisa ante su cara desencajada y roja de ira mientras me gritaba. Me levanté de mi asiento lentamente y me encaminé hacia la puerta, luego eché un vistazo sonriente aún al resto de la clase y di un portazo terrible. Los demás chicos de clase se asustaron mucho de mi comportamiento, lógicamente. Visité de nuevo al psicólogo. Tuve que hacer no sé cuántos tests.
Se preguntarán que qué pasaba en mi familia. Qué pensaban mis padres, que me decían. Normalmente no me decían nada, porque nada sabían de mi comportamiento. Nunca les contaba mis problemas del colegio. De siempre he aprendido, o he intentado aprender, a sacarme yo solo las castañas del fuego. A veces les llamaban a ellos y pasaban un tiempo en el despacho del director. Luego en casa me preguntaban por lo que había sucedido y nunca se lo contaba. Quizá fuese un error porque la única versión que sabían era la que les había querido explicar el director del colegio. Me quedaba callado delante de ellos y no les decía nada en absoluto. Miraba absorto las baldosas del suelo, sentado en la banqueta de la cocina, mientras mis padres me regañaban yo estaba de visita en otros mundos alejados de aquella cocina. Los niños de mi clase, sin embargo, cuando tenían un problema corrían a hablar con sus padres para que se lo solucionara. Mi afán por ser distinto de ellos me hizo querer ser diferente también en eso. Eso era de gente que no tiene iniciativa y no se sabe solucionar sus problemas; y de gente cobarde que no sabe imponerse a sus dificultades. Así que, como yo había visto que a ellos les sacaban las castañas del fuego siempre, les consideraba débiles y cobardes. Nunca quise que nadie me ayudase. Me bastaba para defenderme de todos ellos yo solito. Además sentía que me sobraban fuerzas para aguantar todos los castigos que quisieran imponerme y fueron muchos. Hubo una vez que me castigaron sin razón por haber robado algo que yo no me había llevado. Como me consideraban el delincuente del colegio, me lo tenía que haber llevado yo. Ni siquiera le di la menor importancia. Me quedé castigado el sábado por la mañana y ya está. No lloraba ni pataleaba y, pienso, que eso les sacaba más aún de sus casillas. Había algunos profesores que me miraban con cara de auténtico asco y alguno hay que se habrá quedado con ganas de darme una buena paliza. Tampoco hubiera rechistado. Cuando el verdugo no ve el miedo ni que los nervios se apoderan del castigado, normalmente se debilita y el apresado pasa a ser el poderoso.
Pasados un par de años ya me sentía un completo incomprendido ¡y estamos hablando de la época escolar! Mi repulsa hacia mis compañeros y profesores fue aumentando más y más a medida que pasaban los años. Me asqueaba ver que unos gritaban y golpeaban y los otros se comportaban del modo más triste y patético que existía para mí: como corderos sumisos y obedientes incapaces de rebatir nada. No entendían que hay otra forma de educar a las personas que no son castigos, ni golpes o gritos. Jamás supieron el significado del verbo “motivar”. A veces basta una palabra de aliento para hacer que alguien ceda, sin embargo, los golpes hacen que ya nunca ceda el agredido. Este, al menos, era mi caso. Cuanto más quisieran conducirme menos me iba a dejar conducir. Necesitaba otro tipo de estímulos y eso nunca lo consiguieron entender. Algo iba mal porque ya no solo era el típico borde y, para ellos, un “delincuente” que luego aprobaba fácilmente todos los exámenes. En mis notas no había únicamente observaciones de los profesores, tutores, el director o el jefe de estudios referentes a mi comportamiento: empecé a obtener malas calificaciones. No es que fuera muy mal estudiante la verdad. Con el asco que les tenía no podía ni ver los libros. No estudiaba en todo el año y en los tres meses de verano, sin castigos ni profesores que me acosaran, estudiaba todas las asignaturas que me habían quedado para septiembre –normalmente casi todas- y las aprobaba con soltura. Como no tenía amigos con los que salir en verano porque normalmente en edades tan tempranas los amigos son los del colegio. Tenía bastante facilidad a la hora de estudiarme las lecciones. Con un par de veces que me las leyese me bastaba para aprenderlas. Con lo que las calificaciones eran malas por mi inapetencia a la hora de hacer los deberes y estudiar. En verano, sin embargo, cuando estaba con mis padres, que no me golpeaban sino que me alentaban a hacerlo bien, sacaba las asignaturas con suma facilidad. Al ir cogiendo ese asco por quienes impartían las clases, por mis compañeros y por las clases en general, empecé a perder el interés por ir al colegio. Sus golpes y sus gritos me quitaron cualquier anhelo por aprender sus asignaturas.
Empecé a conversar con chicos de cursos más adelantados, pues les gustaban las mismas cosas que a mí, aunque después me daría cuenta que eran tan estúpidos como los chicos con quienes compartía el aula. Más grandes o más pequeños pero todos eran de la misma calaña. Era más grande que la mayoría de los chicos mayores y no se atrevían a decirme a la cara las cosas que decían a mis espaldas, ni a decirme que no volviese a ir con ellos. Les asustaba la idea de que me enfadase. Ya, algún tiempo atrás, algunos de esos chicos mayores habían aprendido cómo me las gastaba cuando me enfadaba. Como no quería tener nada que ver con los chicos de mi clase, éstos me fueron dando de lado. Además como me veían con los chicos mayores, tenían más excusas a la hora de esconderse de mi. Ni siquiera me miraban. Pensaban que si era capaz de enfadarme de ése modo con los profesores con ellos sería extremadamente malvado. Razón no les faltaba. La cuestión es que me ignoraban y yo a ellos. Les agradecía de todo corazón ese gesto tan amable de no hablarme ni mirarme, y, en más de un caso, de huir de mi. Les detestaba y me odiaban por lo que, cuando iba a clase, me comportaba como un autista. Me sentaba en la última fila de clase y no les hacía ningún caso. Ni les reía las gracias, ni ellos las mías, tampoco nos dirigíamos la palabra y pasábamos absolutamente los unos del otro. Yo, además pasaba de los profesores que daban clase, pero debía seguir yendo al colegio. Era mi deber y se estaba convirtiendo en mi castigo. Cuando hablaba con alguien era, cada vez más a menudo, con los chicos más mayores. Pero no había química entre ellos y yo. Ellos eran corderos. Más mayores, pero corderos. Nada cambiaba sino la edad. No les gustaba mi música, no entendían mi comportamiento, a su lado también era un bicho raro. A veces venía más gente de su clase para ver cómo hablaba y las cosas que les decía. Se creían que no me daba cuenta, pero el caso es que a mí me daba igual lo que pensaran. Era una especie de monstruo de feria al que todos querían mirar para correr a inventarse historias sobre mi persona. Nunca fue conmigo eso del qué dirán. El recreo era el momento en que me marchaba a fumar a escondidas con esos chicos mayores. Al principio suponía algo así como una especie de oasis entre tanto niño pijo que había en mi clase. Pero poco después me di cuenta que todo era igual. Eran más mayores pero pijos al fin y al cabo. La verdad es que los chicos mayores no eran mejores; de hecho, si les hubiera visto uno de esos fines de semana que me relataban entre las caladas de algún cigarro, no les hubiese hecho el menor caso. Tampoco es que yo saliera mucho los fines de semana, me quedaba en casa escuchando música tranquilamente. Leía algún libro y miraba los tebeos que tanto me gustaban. Seguía sin tener amigos con los que marcharme por ahí. Porque el resto de mi barrio estaba plagado de niños pijos como los de mi colegio. Si hablaba con algún vecino de algo no pasaba de “hola” y “adiós”. Si alguna vez fue más amplia la conversación no encontraba gente que le gustara la música que me gustaba a mi, ni gente que entendiera mi modo de divertirme. Ellos escuchaban la música que ponían en las radio fórmulas y compraban discos de grupos que me eran totalmente detestables. Aún así, y siendo consciente de nuestra diferencia, hablaba con los chicos mayores. Además como me tenían miedo podía fumar de gorra más de una mañana. Iba con ellos porque me tenían miedo, fumaban y hablaban de la cantidad de cerveza que habían bebido o de la música que escuchaban. Aunque no conocían a los grupos que yo escuchaba, que solían ser cintas de música de grupos de los años cincuenta que tenía mi padre por casa. Mientras mis compañeros de clase jugaban al fútbol, yo fumaba hablando de música o de lo que había sucedido el fin de semana en nuestras tempranas vidas. A mí nunca me han interesado las cosas que hacían los chavales de mi clase. Eran unos corderitos, como los mayores, pero éstos al menos entendían de lo que les estaba hablando, mientras aquellos no hubieran sabido de qué demonios se trataba. Hablábamos de tiendas de discos donde comprar música y de la belleza de las chicas que había en mi cómic. Los chicos de mi clase gritaban: “Gol” y nosotros nos reíamos a carcajadas de los pechos de la rubia de la portada. Está claro que, yendo a un colegio privado, estar rodeado de pijos tontos es lo menos que te puede pasar. Les fui detestando pues, aunque hablaran de música –que no era la mía- y fumaran cigarros a escondidas, no eran de los míos. No me sentía para nada entre iguales. Fui aborreciendo poco a poco su compañía.
Estaba sintiendo realmente asco por todos los que me rodeaban y eso no es nada bueno para un chico de unos doce años. Simplemente no quería ser como ellos, ni mezclarme con ellos en absoluto, los detestaba con total odio. Mi error fue no decirles a mis padres que me cambiasen de colegio. Aunque no vale compadecerse ni pensar en qué hubiese sido mejor. Todo se ve mejor cuando ya ha pasado, lo difícil, normalmente, es tomar la decisión oportuna en el momento adecuado. No lo hice, pero no quería estar con esa gente. Como detestaba cada vez con más rabia estar entre ellos, los novillos fueron la ocupación fundamental en mis horas lectivas. La verdad es que iba poco a clase, aunque había clases que no me perdía a pesar de todo. Cuando faltaba los profesores no pasaban el mal rato de mis réplicas; mis compañeros no tenían que temer cruzarse conmigo por el patio; los mayores no tenían que venir en procesión a ver al bicho raro; y yo no me asqueaba con sus “enseñanzas”, sus miradas y su triste compañía. En las horas de las clases que detestaba me marchaba solo con mi radio a escuchar buena música y buscaba cualquier ocupación que distrajera el aburrimiento de no saber qué hacer cuando ante ti tienes tres o cuatro horas sin nada que hacer. Esas ocupaciones eran tales como trepar muros, leer algún libro a solas o mirar algún cómic para adultos, como “El Papus”, “El Jueves” o “El Makoki” mientras en el estanco compraba tabaco “Tres Carabelas” sin filtro y me lo fumaba tranquilamente.
La desidia me llevó a pasear por las calles de mi barrio esquivando la zona del mercado donde estaría haciendo la compra mi madre. Vi un grupo de chicos a la puerta de lo que yo creí que sería un bar. Como estaba acostumbrado a que no me aceptasen yo no quería acercarme a ellos. Así que me escondía y les espiaba. Tanto iba por allí que decidí entrar. Resultó que eran unos billares y descubrí el alborozo de jugar a las maquinas de marcianitos. Poco a poco fui frecuentando los billares del barrio y convirtiéndome en un asiduo de las maquinitas. No hablaba con nadie y me dedicaba a jugar yo solo tranquilamente. Con la práctica fui siendo bastante bueno a las maquinitas. Se formaba un corro de gente a mi alrededor para ver en cuanto dejaba el récord de la máquina. Entre exclamaciones de sorpresa ante mi excelente dominio del juego fui intercambiando algunas palabras con los chicos que pasaban su tiempo en los billares. Así fue como empecé a hablar con otros chicos que eran bastante parecidos a mi. Sabían de la existencia de las revistas que siempre llevaba encima. Conocían la música que a mí me gustaba y me prestaban discos y cintas para que empezase a escuchar otros grupos que tocaban el mismo estilo de música que me encantaba. Cada vez fui queriendo estar con ellos más y más. Era distinto a ellos porque solían vestirse y peinarse al estilo de los chicos que aparecían en las portadas de los discos que me dejaban. En cambio yo iba vestido con el uniforme del colegio y me peinaba con la raya a un lado, como un auténtico idiota. Poco a poco mi forma de vestir, de peinarme y de hablar fue cambiando. Estábamos formando nuestra pandilla. Porque esos tres chicos son la pandilla junto a la que pasé el resto de mi vida como si de una familia se tratase.
Cuando salía de casa me marchaba con esos chicos que, al igual que yo, eran considerados por todo el mundo como bichos raros. Cuando la gente de nuestra edad nos veía por la calle a los cuatro juntos intentaban disimular su descontento y, algunos su miedo. Incluso había veces que cruzaban de acera antes que tener que pasar cerca. Pero no hacíamos daño a nadie, simplemente queríamos estar juntos porque no teníamos nada que ver con el resto de la gente del barrio. La gente nos aborrecía y nosotros aborrecíamos a la gente. Nos denegaban su compañía y les denegábamos la nuestra. Nos pasábamos las horas muertas jugando al billar y al futbolín mientras hablábamos de la música que nos gustaba comentando el último disco que nos habíamos dejado, leíamos juntos el último número del tebeo que llevábamos y, a veces, comprábamos alguna revista de música porque salía en portada la fotografía de algún grupo que nos gustaba. También solíamos ir a una vía muerta de tren y, tras comprar unas cervezas, nos las bebíamos escuchando música y fumando cigarros sin filtro. El sabor de aquellas cervezas y el humo de aquel tabaco se quedaron grabados a fuego en mi alma. Fueron tiempos felices.
Cuando los estúpidos chicos de mi edad estaban jugando al fútbol, al escondite o las chapas, yo me marchaba a beber las primeras cervezas y fumar cigarrillos a escondidas. A veces íbamos a la salida del colegio y nos apoyábamos en la tapia, para ver a los chicos de mi clase que tanto miedo nos tenían. Nunca les hicimos nada pero nos divertía mucho ver el miedo en sus ojos cuando pasaban a nuestro lado. Nosotros nos apoyábamos en la tapia del colegio con una cerveza de litro en el suelo, un cigarro en la boca y una maléfica sonrisa en el rostro. Ellos abrazaban fuertemente sus carpetas forradas con fotografías de los cantantes de moda o de los futbolistas de la época y miraban al suelo mientras aceleraban el paso para dejarnos atrás cuanto antes. Nos reíamos del miedo que les provocábamos. Alguna vez alguno de esos chicos ha tropezado delante nuestro y nos hemos reído a mandíbula batiente a costa de su ridícula torpeza. Normalmente teníamos un brillo alcohólico en los ojos y la sempiterna sonrisa. Algunos de los chicos que me acompañaban les decía alguna guarrería a las chicas que se ruborizaban y se largaban mirando al suelo. Era nuestra forma de decirles que estábamos ahí, que éramos distintos y que eso nos hacía sentir muy bien. Sabíamos que estábamos fuera de su sociedad y de su vida, pero no por ello íbamos a escondernos. Cuando no se quiere ser como alguien no hay que demostrar temor ante la diferencia sino sentir orgullo de la distinción. Aunque el distinto sea uno solo.
No sé cuál es la razón pero cuanto más te intentan obligar a hacer algo, o dejar de hacerlo, más tentado te sientes a intentar no hacer lo que quieren que hagas. No se daban cuenta que prohibir no es un modo de educar. Es mejor informar que reprimir. Aunque claro, yo era un bicho raro. Por lo menos para su modo de ver éramos chicos muy malos y auténticos bichos raros. Todos criticaban en el colegio mi modo de actuar a mis espaldas. Para ellos era un “macarra” mientras que ellos eran auténticos modelos de conducta. Me daba igual, siempre tuvieron bastante facilidad a la hora de poner etiquetas a todo lo que no les gustaba. Evidentemente yo no les gustaba. Eso era algo que me hacía sentir muy bien. Ellos se debían creer que me molestaba que me llamaran esas cosas, pero no. Les detestaba y yo no les gustaba en absoluto así que todos tan contentos. Mientras no me molestaran, yo no iba a molestarles a ellos. Que me dejaran vivir mi vida en paz era mi deseo. Que me olvidara de ellos, era el suyo. Por supuesto yo estaba abierto a concedérselo con todo mi cariño.
A mis cuarenta
Ha llegado la hora de hacer balance de mi vida. A saber, voy a cumplir cuarenta años el próximo día ocho de Abril por lo que me siento ante la subida de un nuevo escalón vital. No sé si me explico. A ver, mis sensaciones son como de estar cumpliendo etapas y a la vez estar retrotrayéndome una y otra vez. Se cumplen etapas a medida que se van consiguiendo metas o se van alcanzando estados vitales que no sabías que ibas a ser capaz de alcanzar. Ejemplo: me he casado y tengo un hijo. Dos etapas superadas. Y la nostalgia. Porque algunas veces pienso que mirar atrás no es más que un ejercicio de nostalgia y, ahora, con toda esta cultura retro y “revivalista” de los ochenta, te lo ponen más fácil a la hora de hacer balance.
Lo peor del revival que estamos viviendo es tener que volver a escuchar a Mecano y otras infumables hierbas. Lo mejor es volver a tu juventud o, en algunos casos, infancia. En mi caso, sin ir más lejos, es una mezcla de primera juventud e infancia. Los ochenta, la década prodigiosa, la década del todo vale, la década de Eva Nasarre y sus calentadores fucsias, de pelos cardados y siete hombreras en cada hombro... No sé qué narices se echa de menos de los ochenta. Las chicas ibais horribles y nosotros teníamos acné. Bueno sí que lo sé, antes se permitía crear con absoluta libertad. Lo que llevó a que, además de mucha basura (de la que nadie se acuerda) se hayan obtenido auténticas obras de arte; o hayan emergido artistas mediocres y otra gente que lo de artista le viene muy grande pero se subió en la cresta de la ola y ha vivido (o viven) del cuento de lo que fueron, sin tener la menor opción de volver a ser ni la sombra del cuento que contaron ser.
Lo de cumplir años sirve para ir, cada vez, echando más cosas de menos, gente o situaciones que dejaste en el camino. Lo normal es que se echen de menos personas. Bueno, hay quienes dicen que la vida es un puente que hay que cruzar deprisa, lo que no dicen es que en ese trayecto, te encuentras personas maravillosas que estarán a tu lado toda la vida; gente formidable que no volverás a ver; gente que creías fantástica y es una basura como persona y como gente del montón; y payasos que te alegran el rato pero no sirven ni para traerte el pan los domingos por la mañana. También, una amiga argentina me dijo una vez que la vida es pérdida. Y no, no lo dijo tras la eliminación de Argentina en el pasado mundial, lo dijo porque su hijo vino llorando y diciendo: “Mamita, perdí el auto rojo” A lo que ella le contestó: “Ay, hijito ¿viste? La vida es pérdida” Y no le falta razón. Desde que llegamos a este mundo vamos perdiendo cosas, desde el cordón umbilical, la virginidad, la sensatez o la inocencia hasta la vida; todo se va perdiendo. Sin prisa pero sin pausa. Como un buen tango. Besos, Adriana.
También conozco gente que te dice que la vida hay que ir saboreándola segundo a segundo y no dar un paso hasta que en el anterior hayas observado hasta la menor brizna de polvo con la que te encuentres. Pienso que la vida es un poco una mezcla de las tres, pero es mi opinión y este post no es de auto ayuda, creo. Va tan aprisa que no te permite más que ir a la carrera, por lo que te vas preparando para saber qué cosa tiene que hacerte detener y tienes que observar y qué cosa desechar y, cuando sabes qué es lo que te merece la pena y te enriquece, es cuando estás más cerca de irte al otro barrio.
A propósito de otro barrio. He tenido un par de años en los que he estado bastante hundido, porque me detectaron una enfermedad precancerígena de esófago y estoy en tratamiento, así que me veía cerca de irme, luego te vas animando y, cuando te dicen que solo revisiones anuales, te apetece una fiestecita. Pero bueno, a lo que iba, he estado hundido por eso y, cuando estás hundido, empiezas a pensar en gente que ya no ves. A muchos te apetecería volver a ver. Pues bien, tuve la suerte de que un amigo mío del grupo de amigos que frecuentaba hace más de diez años, se casaba por segunda vez. Así que iba a tener la oportunidad de volver a ver a muchos de mis amigos de entonces. Una alegría enorme me produjo ver a la mayoría de ellos. Pero, en el fondo, las aguas vuelven a su cauce y comprendes, tras estar apartado, por qué razón los caminos suyos y el mío se han separado. Somos absolutamente distintos. Y, mientras nos divertimos, fue estupendo. Hay algunas anécdotas grandiosas. Hay momentos lamentables pero graciosos y hay momentos de auténtico cabreo, que intento olvidar. El caso es que volvía ver la razón por la que nos separamos y, esa especie de mala conciencia que, mientras estaba en tratamiento, me acechaba, se esfumó de un plumazo. Sí que hay gente que merece que la sigamos viendo y, prometo que intentaré hacerlo. Además, para eso también están las redes sociales, vamos digo yo ¿no, Sesil?
Ahora me veo en una situación un poco delicada, porque tras cumplir las etapas de la boda y de ser padre, que jamás llegué a imaginar cumplir, me veo de nuevo en paro. Esta maldita crisis nos está matando a todos. Estoy buscando trabajo y tengo un problema enorme, porque, por un lado, debo ser funcional y buscar un sueldo que me dé para vivir y para que mi mujer y mi hijo vivan lo mejor posible, que es la tarea fundamental. Aunque ahora mismo lo que me ofrecen es menos de lo que gano en el paro. Y, por otro lado, mi sueño siempre ha sido escribir y “vivir” de la literatura. Vivir de escribir. ¿Qué bien suena, no? Eso lo quieren hasta los grandes literatos, pero cada uno tenemos un sueño y ése es el mío. Es muy difícil porque, cuando más intento entrar en ese mundo, peor me siento y más me alejo. No me siento identificado con nadie. Pero bueno, soy muy mío. Aunque lo llevo intentando desde hace tiempo, no os vayáis a creer. De hecho, escribí para una productora unos guiones de un par de largos y de tres series de animación; estoy colaborando, por amor al arte, con una revista de tendencias y he regalado a un colega unas letras de canciones que se me ocurrieron, pero este no me ha contestado, ni me ha enseñado cómo quedaron, así que las retomaré yo y las voy a cantar junto con un amigo mío y, también, he regalado a loquillo unos relatos basados en sendas canciones suyas. Si alguno, lee algo de lo que he escrito y le gusta y me quiere pagar por ello, podemos llegar a un acuerdo rápidamente, je.
He perdonado varios desmanes que han tenido conmigo en varias ocasiones y de personajes variopintos. A saber, desde Sabina, que negó una entrevista a la radio de Rivas, Radio Cigüeña, hace muchos años y al que, desde entonces, no le volví a escuchar, ahora me he regalado su disco “Vinagre y Rosas” y me encanta. Así que, Joaquín, perdonado. De hecho, estoy recomponiendo toda tu discografía. Por otro lado, los desmanes van pasando por el de unos amigos que se olvidaron de llamar a mi mujer cuando su madre, la que ahora es mi suegra, fue operada de un cáncer de mama y a los que, no es que haya perdonado o no, es que se me ha olvidado. Hay cosas de las que mejor pasar. Hasta un colega, al que no veía desde nuestros tiempos de calimocho y Bernabéu y que dejó de venir con nosotros al fútbol no sé muy bien por qué. Pues bien, un amigo común me dijo que el padre de Jorge había muerto de un infarto y fui junto con mi mujer a su funeral, cosa que nos agradeció de corazón. Un abrazo, Jorge.
Bueno, pues el próximo día ocho son cuarenta tacos. Aquí me veo, en paro, queriendo escribir pero teniendo que ganar dinero; perdonando a cuántos me han tocado las pelotas; superando dramas, avanzando, cumpliendo etapas y me siento joven. Es curioso, me ha salido un post en plan: Yo, en plenas facultades físicas y mentales... Pero estoy bien, me siento bien. Estoy mejor que nunca. Tengo la mujer más maravillosa del mundo y un hijo que es una auténtica bendición. La vida, una vez alguien me dijo, que es nada más que ir sabiéndose conformar con lo que tienes. Puede ser. Lo que está claro es que la vida es para vivirla y lo que a mí me gusta no tiene por qué gustarte a ti, pero juntos si nos esforzamos, podemos encajar como dos piezas de tetris, y entre todos formar algo grande, importante y poderoso. Lo que pasa es que hay veces que las piezas no encajan, ni encajarán. Lo que debe asumirse y se tiene que tirar para adelante. No queda otra.
El dirigible rojo.
Relato basado en la canción SUPERSONICA de Loquillo, para escucharla
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Como cada noche, aquí estoy, mirando por la ventana la noche estrellada. Me siento, enciendo un cigarrillo y dejo volar mi imaginación. Algunas veces, logro escaparme a la azotea del edificio donde vivo, lo suelo hacer cuando las noches son realmente claras y cálidas, y contemplo el paisaje de antenas y estrellas. Aunque con la luz de la ciudad las estrellas estén más bien tapadas. De vez en cuando veo alguna estrella fugaz y pido con todas mis fuerzas dos cosas, a saber: poder ir a un concierto de Buddy Holly y volver a ver a Mónica. Dios, qué bella es.
A veces me tumbo en la azotea, dejo volar mi imaginación y, mirando al cielo, imagino fantásticas carreras de Harleys y Cadillacs interestelares. De hecho, me veo embutido en un traje de cuero negro y una camiseta blanca, con el negro pelo engominado formando un enorme tupé en forma de quilla de barco y, junto a mis colegas, me imagino tomando copas en bares estelares que hay en la cara oculta de la luna. Ah, si pudieseis ir allí lo que os encontraríais sería fascinante. Grupos de chicos y chicas de mi edad tomando copas, escuchando música, hablando de sus problemas y de sus novias y sus cacharros. A veces, me despierta el frío de la madrugada. Otras veces me despierta tu recuerdo, Mónica.
Otras veces acompaño a mis amigos a las carreras de los anillos de Saturno. Son unas carreras algo complejas y muy peligrosas, ya que si te sales de la trazada, te vas al limbo. Ponen sus máquinas a punto y, tras las carreras, solemos ir a tomar algo de planeta en planeta. Mientras volvemos. Les gustan las azuladas venusinas que tienen algo de irreal pero un carácter muy difícil, porque son muy suyas. A otros les gustan las tostadas marcianas que son más cálidas y muy melosas. Pero yo no dejo de pensar en Mónica. Ella es mi chica. Aunque haga mucho tiempo que lo dejamos, siempre serás mi chica.
Tan es así que el otro día un amigo me dijo que si quería, una noche clara que no hiciera mucho viento, podíamos intentar acercar un convertible a la casa de Mónica. La idea me sedujo, la verdad, aunque, entre cervezas, las ideas suelen parecernos más memorables de lo que son en realidad. Así que, dejo que se aleje con su venusina cogida a la cintura y les veo alejarse con una mezcla de ternura, incredulidad y esperanza. Miro dentro de mi cerveza, la espuma se va deshaciendo y me bebo de un trago la jarra, pensando: “Qué demonios” Porque ¿por qué razón uno no puede perseguir su sueño?
Así que, desde ese mismo momento me puse a investigar dónde vivía Mónica. No dejaba que las mañanas en el instituto me abstrajeran de mi deseo, que no era otro que ver a mi chica. Así que, en cuanto pasaban las ocho horas de rigor en el instituto, me cogía una manta y me subía a la azotea a esperar a Toni, a Ovy, a Javi, a Tante y a Cris, a ver si podíamos hacer algo. A Cris siempre se le ocurren las ideas más descabelladas y fue el que me dijo lo de ir en convertible. Creo que Toni se ha agenciado uno rojo enorme, en él cabemos todos. Hemos quedado el próximo viernes para ir a buscarla. Tengo unas ganas indescriptibles. El estómago me hace unas cosas rarísimas, no me entra la comida, no dejo de pensar en ello.
Y ahí estaba yo. Con mi cigarro, escuchando una canción de Buddy Holly en mis auriculares y esperando que llegase el momento de ir en busca de Mónica. De modo que esperé a que llegaran con su dirigible rojo que, pensándolo bien, nadie sabía de dónde lo había sacado Toni. No hacíamos preguntas, no fuese que nos las contestara. Lo único que sé es que, cada vez que venía a mi casa, si el coche de mi padre tenía algún problema, lo arreglaba. De hecho, la primera vez que vino a casa mi padre se sorprendió muchísimo, porque le habían cambiado todos los tapacubos. La semana pasada, sin ir más lejos, le puso ruedas nuevas. Mi padre, que ya no se sorprendía, me dijo mientras desayunábamos: “Ayer vinisteis tus amigos y tú a casa ¿no?” Le dije que sí y me dijo que ya lo sabía, su coche tenía ruedas nuevas.
Bueno, el caso es que llegó el dirigible y Toni me dijo algo de la luz del sol, no sé muy bien. Yo quería ir a casa de Mónica con todas mis fuerzas y así empezó a bambolearse en el aire el dirigible y fuimos sorteando antenas y eligiendo azoteas, hasta que llegamos a la de Mónica. Al llegar, llamé a la ventana con el llavero y ella, tras dar un respingo en la cama, me miró con su camisón puesto, me sonrió y abrió la ventana. Parecía como si me hubiese estado esperando todo este tiempo, desde que ¿lo dejamos? No podía recordar nada, pero bueno. La emoción no me permitía reír, ni llorar, me movía de un modo algo robótico. No podía hablar, la saliva había huido de mi boca y se escuchaba el latido de mi corazón cada vez más fuerte y, de fondo, aunque llevaba aún los auriculares puestos, Peggy Sue de Buddy Holly. A un gesto de Mónica, entré en su habitación.
Al pasar, ella cerró la ventana y me pidió que la besara sin dilación. Qué dulce, qué suave, ¡Dios, como la quería!. Le di un beso con todo mi amor y rodeé su cintura, torpemente, con mis brazos. Entramos en una espiral de calor, pasión y de amor como nunca jamás he sentido. Nos desnudamos lentamente sin dejar de besarnos. Acaricié su cuerpo lo más suave, delicado y despacio que pude y supe. Ella me acariciaba también, las caricias más suaves que nadie nunca ha conseguido otorgar a ninguna otra persona en este mundo. Lo era todo, yo no me sentía más que un juguete para ella, y era consciente de ello. No me importaba. ¿Por qué carajo tuvimos que dejarlo? No podía recordar nada en absoluto de todo aquéllo.
Supongo que eso es el amor. Sentí la felicidad más grande que Dios ha regalado a nadie nunca. No era sólo el sexo, que fue torpe por mi culpa. Me estaba entregando, de nuevo, todo su ser. Me estaba regalando su vida, se estaba dando al hombre que ella misma hizo. La emoción, el deseo y que fuese la primera vez que hacía el amor condicionaron la torpeza con que me conduje. Me emocioné, eso es amor: te das a alguien sin falsas promesas, sin dudas, sin esperanzas, sin nada. Esperando nada. Te das y después, si todo va bien, recibirás. Pero tan sólo con el amor que sientes, con la pasión que transmites y con la felicidad que das. La segunda vez estuve algo mejor. Eso me dijo. También me contó que era su primera vez. Todo el mundo le había dicho que se sentía dolor cuando lo haces por primera vez. Ella me confesó, con una emoción que hizo que mi endeble entereza se tambalease, sólo había sentido que era lo que quería hacer desde hacía muchísimo tiempo. Me hizo temblar de la emoción. ¿Por qué tuvimos que dejarlo? le pregunté y ella, con una mirada entre triste y distante, sonrió de un modo extraño. Carente de emoción. Me dijo: "no preguntes nada, sólo debes saber que te quiero".
Es tremendo que tu vida entera, que tu paz, que tu felicidad que el sentido de tu vida te diga eso. Yo no pude hacer más que temblar y dejarme caer en el inmenso amor que sentía por ella. Me sentí como si me sumergiera en un universo de paz. La quiero, la quise y la querré siempre. Y para siempre, estamos hechos el uno para el otro. Experimentamos el placer por primera vez. Me dijo que me quería, que me estaba esperando y que, si bien me había esperado, yo había tardado mucho en ir. Sentí como si me hirieran aquéllas palabras. La verdad es que mi corazón, cada vez que palpitaba, gritaba su nombre con una pasión infinita. Estábamos enamorados. La besé de nuevo antes de irme. Era casi de día.
Al día siguiente, llamé al instituto y dije que no podía ir porque estaba malo. Así que me fui por la mañana a casa de Mónica otra vez. Había escrito una pequeña poesía y la quería dejar en su buzón para que ella la leyese. La había metido en un sobre en el que ponía “para Mónica” y, al llegar allí, lo que descubrí sacudió mi mente y mis sentidos como si una corriente eléctrica recorriera mi espina dorsal. El edificio estaba en ruinas, era un solar enorme que se había derrumbado hacía mucho tiempo. Comprobé una vez tras otra la dirección; subí a las azoteas de al lado, y nada. Era ahí, no cabía duda. Lloré. Unas lágrimas cayeron desde mis ojos y todo alrededor se volvió gris, sucio, áspero, feo.
Sólo entonces recordé que ella ya no estaba. Había muerto hacía unos meses en aquél maldito accidente de tráfico que estaba en un lugar tan recóndito de mi cerebro que no era capaz de recordarlo. Recordé nítidamente la noticia en el periódico. Las muestras de dolor en el instituto... Así que desee con todas mis fuerzas que llegase la noche para verla de nuevo. Esa noche me subí a la azotea, con mi manta, mis auriculares, mis cigarros y mi mechero y esperé a que llegaran de nuevo mis amigos. Pero no podía esperar. Así que salté desde lo alto de la azotea. Sabía que ella estaría allí y sabía también que mis amigos me recogerían en el convertible rojo. Pues todos ellos, por unas u otras razones, también habían muerto. Todo lo que había vivido y me había hecho sentir ganas de vivir estaba en el cielo. Me sentía feliz y no era consciente de la caida. El aire me alborotaba el cabello y me abrazaba entre cálido e irrespirable. Al caer, todo se fue haciendo más difuso y lejano y la oscuridad me invadió.
Mi mente empezó a vagar por mis recuerdos y se detuvo en la lánguida y hermosa sonrisa de Mónica. Su pelo recogido hacia atrás en una hermosa, alta y rubia coleta. Sus pómulos sonrojados que servían de asiento a dos inmensos ojos azules, alegres y vivos, ligeramente achinados, como si de los de una gata se tratase. Podía ver su cuello perfectamente liso y alargado que se hundía en los cuellos de una camisa azul pálida, mientras los picos de los cuellos de esa camisa sobresalían por una chaqueta burdeos que yo le había regalado nada más empezar a salir. Su cintura se estrechaba graciosamente y dejaba ver un perfecto y redondo trasero que estaba embutido en unos pantalones vaqueros que se amoldaban a su delgado y grácil contorno. Llevaba el pantalón ligeramente remangado, una o dos vueltas por encima del bajo, y dejaba ver sus calcetines burdeos sobre unas bailarinas negras. Llevaba la cazadora de baseball recogida al hombro. Era la chaqueta sobre la que había bordado la letra G del gato, mi letra, la de su novio.
Destacaba sobre el gris del asfalto y no podía apartar mis ojos de ella. Se acercaba desde lo lejos, al fondo de una estrecha calle angosta y oscura tan pausadamente como sólo Mónica sabía caminar. Andaba tranquila con la media sonrisa que me dedicaba y tanto me gustaba. La veía acercarse con un brillo descarnado en los ojos que me miraban sin pestañear. Cuando estuvo a mi altura, la luz que emanaba de su sonrisa y sus preciosos ojos envolvía toda la callejuela. Se acercó a mí y me besó. Un beso profundo. Comprendí que yo había muerto. Sentí que flotaba agarrado suavemente a su dulce beso. Saboreé sus labios con los míos y me dejé llevar hasta donde ella quisiera. Era mi guía, mi luz, mi norte, mi amor, mi cariño. Era Mónica. La mujer que siempre he llevado en el interior de mi roto corazón. Cogió suavemente mi mano y me guió a través de la espesa negrura que nos envolvía hacia un punto de luz muy brillante que se veía a lo lejos. Pude sentir más que escuchar sus dulces palabras que me susurraban una y otra vez que me quiere con locura. Que siempre me ha querido. Que ha estado observándome y que estaba muy triste porque me veía realmente mal mientras ellos estaban aquí pasándoselo en grande. Sí, estaban todos mis amigos. Ya que, entre las drogas, los accidentes y demás, todos han ido muriendo. Aunque ahora estaríamos todos juntos de nuevo.
Pero yo no quería soltarme de la mano de Mónica que era quién tranquila y dulcemente me llevaba hacia la luz. Una intensa y brillante luz que me cegaba por completo. Una luz que me llenaba de paz interior que destrozaba todas mis dudas y que me hacía sentir tan bien como nunca he sabido que se pudiera sentir. La mano de Mónica seguía siendo igual de suave, su caminar pausado. De repente dejó que su otra mano me abrazara justo antes de entrar en la inmensidad de la luz que se adivinaba al otro lado del agujero luminoso que se abría entre toda esa oscuridad. Rodeó mi cuello con sus brazos y acercó de nuevo sus labios a los míos. Besó mi boca y me sentí estremecer totalmente. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Una lágrima de gratitud y emoción recorrió todo mi rostro. Sus ojos estaban iluminados. El sol no brillaba porque nosotros éramos ese sol. Todo a nuestro alrededor estaba apagado. Me dijo: “Sólo el amor te pudo traer hasta mí” Sin saber muy bien por qué me sentí orgulloso de haberla conocido. Estaba enamorado de Mónica. Siempre he estado enamorado de Mónica. Una infinita gratitud envolvió mi cuerpo, mi alma, todo mi ser. Nubló mis sentidos y comprendí por una vez en mi vida lo que era sentirse realmente enamorado y amado. Lo que era salir de la oscuridad. Una sonrisa brotó en mis labios y, cuando escuché a Buddy Holly cantarnos "Peggy Sue" al otro lado del túnel, comprendí que aquél era nuestro sitio.
El Bucle
Desde hace veintidós años vivo sumido en un bucle. De vez en cuando las cosas se repiten; la vida se repite; el escenario se repite, si bien, la mayoría de los actores cambian. Pero a grandes rasgos, es todo igual. Julio Iglesias cantaba la vida sigue igual. Y, es que, llega un momento en que continuamente vas viviendo dejà vu tras dejà vu. Pareces un abuelo cebolleta, de esos de los que te reías antes, que está diciendo a cada paso: “Esto ya lo he visto” “esto sigue igual” En fin, lo dicho, que vivo un permanente bucle. Lo que no sé es exactamente en qué punto toca la vuelta atrás.
Algunos diréis que muchas cosas han cambiado. Sí, estoy de acuerdo, la vida continua y sigue sus derroteros en la dirección en la que decidimos ir. Yo, por ejemplo, me casé y he tenido un hijo. Mis amigos han tenido hijos y se han casado, o al revés. Algunos se han separado, otros vuelven a tener novia. Otros se han casado dos veces. Pero el escenario vuelve a repetirse una y otra vez. Desde luego, quien escriba el guión de mi vida tiene muy poquita imaginación porque se repite como el ajo. Lo dicho, es un bucle.
Aunque también es cierto que hay en una cosa que ha cambiado. El deporte en España. La selección española de baloncesto es campeona del mundo, cuando ese honor hace veintidós años estaba reservado a Rusia, Yugoslavia y Estados Unidos y no por ese orden, precisamente. También la de fútbol ha ganado un mundial. Así que el deporte ha variado un poco. Viendo a los dos grandes de la liga española no ha variado tan poco. Antes, hace veintidós años, la cantera era patrimonio del Real Madrid, ahora parece que la ha inventado el Barcelona. De hecho, unos años antes, el Real Madrid había jugado la final de copa del Rey contra el Castilla, hecho no vuelto a repetir por ningún otro club. Pero bueno, la cantera ha cambiado de propietario. Cuando toda la vida la mejor cantera de España ha sido la del Atlético de Madrid, pero ese es otro cuento. Los que veis fútbol base sabéis de lo que hablo. Así que, con el afán de copiar un modelo y otro, el Real Madrid ha cambiado el modelo de siempre, el de Santiago Bernabéu, por el menos fructífero de los Núñez y Gaspart; mientras que el Barcelona ha encontrado su camino iniciado a finales de los ochenta, en el del Real Madrid. Si un futbolero se hubiera dormido en los ochenta y se acabase de despertar alucinaría.
Aún con estos cambios evidentes, mi vida está en un constante bucle, como ya os he dicho. Hace veintidós años aproximadamente, se inició la primera guerra de Irak, la de salvar Kuwait. Ya ves Kuwait. Alucina, vecina. Kuwait era una región de Irak que se apropió un jeque y que, desde ese momento, dijo que era un país independiente. A lo que el resto de países le apoyaron. Tenía petróleo. Así que se inició el conflicto bélico de Irak. ¿Os acordáis que los periodistas no sabían si poner Irak o Iraq, por ejemplo? Pues bien, aquéllos barros han traído estos lodos, ahora tenemos una nueva guerra. Ahora en Libia. Si os acordáis de aquél entonces ya a Gadafi se le quiso matar. Se le enviaron unos mensajes de amor envueltos en tomahawk en su palacio de no sé dónde. Por lo que, vuelvo a sentirme en el día de la marmota. Pero me siento más cansado y más mayor.
Además, había un inminente conflicto en los balcanes. Que comenzaría a derrocar país tras país, para conseguir una independencia cada uno de ellos. Algo parecido a lo que está ocurriendo en los países árabes, pero con un mayor calado. Puesto que empezó con la guerra de los diez días, allá por el año 1.991 y concluyó con el conflicto macedonio diez años después. Que dio con la segregación de las repúblicas soviéticas amén de las balcánicas. El conflicto que está sobreviniendo en los países árabes, comenzado en Túnez y que continúa en Egipto, Yemen, Libia y demás, no sabemos cómo acabará. Pero mucho me temo que en tres meses no terminan con este conflicto. Así que me siento cansado, muy cansado. Todo se repite. Hasta Chernobyl pero ahora en Fukushima. Espero que mi mujer no tenga una hermana gemela porque si no, me volveré loco del todo..