Laiguana

Uno de los míos I

Uno de los míos I: Loquillo

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No puedo dejar pasar la oportunidad de tener un espacio público y no agradecer a mis artistas preferidos, todos ellos iconos, vivos o muertos, de mi propia existencia. Entre ellos habrá escritores clásicos y modernos, directores de cine clásicos y modernos y músicos, sobretodo músicos. En este espacio intentaré, con mayor o menor fortuna, contaros cómo se produjo mi primer acercamiento a ellos y, si existen, alguna anécdota. El primero de estos iconos propios, por orden de prioridad y cercanía, no puede ser otro que Loquillo. Mucho has tardado, diréis quienes me conocéis de veras. No, os contestaré yo, todo llega a su debido momento. Bueno, al grano, he de agradecerle muchas noches inolvidables, muchas fiestas alrededor de su música y el sentirme identificado con él.

 

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La primera vez que yo vi a Loquillo fue en el mítico bar madrileño Rock-Ola. La verdad es que no llegué a entrar, porque cuando llegué con la pandilla de amigos del hermano mayor de mi mejor colega, estaban saliendo escoltados por los guardias de seguridad. No sabíamos bien qué había pasado, pero luego nos contaron que lo que había sucedido es que “este tío no es rocker, es un punky de mierda” Hemos de recordar que estamos hablando de los años 80, época de etiquetas muy encorsetadas y nada elásticas. Pues el caso es que el “no rocker” a mí me molaba. Le ví salir del garito desafiante y desafiando a todos: “¡Qué pasa, hijos de puta!” Le escuchaba gritar mientras se lo llevaban. Pero esa fue mi primera experiencia en vivo. Musicalmente le había escuchado en una cinta que tenía un amiguete grabadas varias canciones. Me encantaban. Así que líe a mis padres para que me compraran el disco “Los tiempos están cambiando”. Estamos hablando de 1981 o quizá 1982 con lo que yo tenía poco más de diez años. Desde entonces era mi héroe. Un tipo que desafiaba a todo el mundo, que se enfrentaba sin miedo (aparente) a una muchedumbre que le increpaba. Mi héroe. No mi cantante preferido, sino el único. El de verdad, el jefe. Mi ídolo.

 

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Después fueron llegando uno tras otro sus demás discos. Todos ellos me gustaban, por supuesto. Y con cada uno de ellos, discutía con mis amigos rockers. Me sentía muy rocker entre el resto de gente que conocía y muy poco rocker junto a mis colegas del tupé. Yo era uno de ellos y lo que hacía Loquillo no era rockabilly auténtico. No ¿y qué? A mí me gustaba. Que era punk rock en español, vale. Que no era puro rockabilly, vale. Me la pela. También me gustaban y me gustan The Clash, The Ramones, Sex Pistols, Stray Cats, Johnny Cash, Phil Ochs, Bob Dylan, Eric Burdon, Burning, etc. De hecho, en esa época hizo varios de los que yo considero mis himnos personales. A saber, “Piratas”, “La mala reputación”, “La Policía” y luego, un escalón por debajo, todas y cada una de sus canciones me gustaba por uno u otro motivo. El caso es que me sentía identificado con él, con sus letras, con los estados de ánimo que dejaban entrever en sus melodías y en el mensaje que daba. Había veces que me ponía algún disco de loquillo en mi habitación y parecía que me cantaba a mí solo. Al oído.

 

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Llegamos a la época de “Hombres” un disco con el que, desde mi punto de vista, se alejó de mí. No me hablaba al oído, no le sentía tan cercano. Su música no era la mía. Pero, aún así había canciones como “Brillar y Brillar” y “Tarta de Limón” que me encantaban.  Se deslizó con otro disco como era mientras respiremos que, si bien, tiene letras que me gustan, la música se estaba alejando más aún de mí. Pero tenía un himno, para mí, entre sus canciones, como fue la enorme versión que hace del clásico del no menos grande Johnny Cash, el hombre de negro.

 

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Pero llegaron los discos de poesía que también compré, por supuesto. Las poesías me abrían un nuevo mundo de poetas a los que empecé a leer con mayor interés y ahínco gracias a Loquillo. Antes de esta etapa de Loquillo ya me gustaba escribir y pretendía emular a cuántos leía o las letras que escuchaba. Sin embargo, a pesar de gustarme las poesías seleccionadas y la musicalización de los poemas, no conseguía engancharme como antes. Aunque, no por ello, dejara de gustarme. ¡Joder, era el loco!

 

Tras esta travesía por el desierto, llegó a mis manos un nuevo trabajo de loquillo que sabía a despedida de los viejos buenos tiempos para dar paso a los nuevos buenos tiempos. Además tuvo el buen gusto de sacar este trabajo a la venta el día ocho de Abril, día de mi cumpleaños. Así que ese día me fui con mi mujer a comer a un centro comercial y me regaló el disco doble con doble dvd que se titulaba “Hermanos de Sangre”

 

Desde el primer momento que puse el disco en el coche, supe que me estaba volviendo a cantar a mí. Me estaba contando todas esas cosas que nos pasaban a los dos. Además, mi mujer estaba embarazada y tenía la canción que da título al trabajo en cuestión, que es la canción de mi hijo y mía. ¡Dios, qué grande eres Loquillo! Y no sólo físicamente. Me ponía el disco a todas horas, vi el vídeo de los conciertos de Barcelona y Baracaldo en varias ocasiones. Era mi disco, mi regalo. Es una auténtica pasada que tu ídolo te regale un disco por tu cumpleaños. Aunque sonara a despedida. Mención aparte he de hacer de los troglos.

 

Llegamos a la época en que dice adiós a los trogloditas. Qué gran grupo fueron los trogloditas. Me imagino que a ellos les dedica la canción “Cuando fuimos los mejores” porque fueron los mejores. No cabe la menor duda. Nunca han sido lo suficientemente valorados y reconocidos, porque, le pese a quien le pese, han sido los mejores músicos de España con diferencia. Con mucha diferencia.  Tenían el mejor directo que ha habido en este país. En estudio eran también fantásticos. Me dio mucha pena que se acabase esa etapa. Como siempre que se cierra una etapa que forma parte de tu vida y se abre una nueva. Esa nueva se abre con mucho temor, con la incertidumbre de no saber qué te va a deparar este nuevo camino emprendido. Pero, a la vez, con la ilusión de ver qué puedes esperar de tu ídolo.

 

Pues bien, llega el momento en que tengo en mis manos “Balmoral” primer trabajo de loquillo en solitario como tal. Con unos grandísimos arreglos y con unos susurros marca de la casa, cantos desgarrados a la nostalgia y al paso del tiempo, unas canciones de autor para su gente, que a mí me llaman, que me llegan y que me encantan. Ha vuelto a ser el loquillo de siempre. El que se queda solo ante el peligro y obvia sus compañeros de viaje quedándose de nuevo solo en el camino. El que se atreve a ir contra corriente. El que se mete en el barro con sus declaraciones, el de las frases lapidarias y el que me ha hecho crecer, creer, sentir y al que tengo tanto aprecio. Ha vuelto a cantarme al oído, ha vuelto a decirme cosas, ha vuelto a ser mi hermano de sangre, tomándonos algo en nuestros Balmorales particulares y cantándome como al jóven airado que soy. En definitiva, ha vuelto a ser uno de los míos.

Comentarios

Joder, Javier es cierto. Estoy muy tonto. Esto pasa por escribir las cosas y no revisarlas. El disco que llegó a mis manos el día de mi cumpleaños, es decir el 8 de Abril, fue "Balmoral" fallos de memoria a mi edad son naturales, muchas gracias por la rectificación. En cuanto a lo de los trogloditas, simplemente decirte que es cuestión de gustos. A mí me llegaron mucho más los trogloditas que los actuales, pero lo dicho, para gustos los colores. Pido perdón por el error.

Con todo respeto... He seguido a Jose María tantos años como usted... y aunque encantándome los Trogloditas, no pienso que sean los mejores musicos que haya habido en España. Insisto que me encantan y tal... pero no. Prefiero a la nueva banda como calidad instrumental. Y por cierto, Hermanos de Sangre, salió a la venta un 28 de Febrero de 2006. Se lo aseguro. Un abrazo y saludos

Grandísimo comentario, AMIGO OVY. ¿Recuerdas aquél famoso concierto en el Parque de Atracciones? Al final del mismo, la gente pedía Cadillac Solitario, Cadillac Solitario... y nosotros dos, como dos posesos, Autopistaaaa, Autopistaaaa, desgañitándonos... Y el loco, pausado como sólo él sabe ser, dijo: "Ahora vamos a hacer (Señaló a la muchedumbre) Cadillac Solitario y (señalándonos a nosotros) Autopista. Creo que estuve una semana entera empalmado. De hecho, no hacíamos más que contárselo a todo aquél que quisiera, o no, escucharnos.

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