Laiguana

Historias del Hombre Lobo

Historias sobre el Hombre Lobo.

 

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Existen documentos que prueban que en 1521 Pierre Burgot y Michel Verdun fueron llevados ante el parlamento de Bezanzon y que se confesaron “loups-garous” declararon que, durante el período de licantropía, habían atacado, matado y devorado a muchos niños y niñas y que se lo pasaban mejor con las lobas que con sus propias esposas. Admitiendo, asimismo, haber danzado y haber ofrecido sacrificios al Diablo. Fueron muertos en la hoguera. En 1591 Gilles Garnier, fue juzgado y condenado por loup-garou por el departamento de Dôle, ya que atacó, mató y devoró en parte a varios niños y niñas, llevándole el resto a su esposa, que fue quien le denunció. Fue quemado vivo públicamente.

 

Más famosa es la historia de Jean Granier, de catorce años, vecino de Saint Antoine de Pizon, quien fue denunciado por Marguerite Poirier, de trece años. Grenier confesó ser un hombre lobo y que, en tal estado, había atacado y comido a varios perros y varios niños y niñas. Acerca de su iniciación sobre tan terrible y despiadada costumbre, confesó: “Cuando tenía diez u once años, mi vecino, Duthilliare, me presentó en las profundidades del bosque, al Señor De la Forest, un hombre negro, quien me señaló con su uña y, después, nos dio a Duthilliare y a mí, un ungüento y una piel de lobo. Desde entonces he corrido por el bosque como un lobo. El presidente del tribunal consideró que todo era fruto de la imaginación del joven, además de su temprana edad, y le sentenció a prisión perpetua en el monasterio de Burdeos, lugar en que Delancre le visitó, encontrando que sus ojos eran hendidos e inquietos, sus dientes largos y afilados, sus uñas cortas en algunos puntos y negras. Además, era incapaz de comprender las cuestiones más sencillas. Falleció a los veinte años de edad, cuando llevaba siete de encierro.

 

Entre los años 1764 y 1767 alrededor de cien personas, entre ancianas, niños, adolescentes y mujeres, fueron muertas y devoradas por un enorme lobo en Gévaudan. Fue tan terrible el clamor que se levantó entre el pueblo, que Luis XV envió a sus mejores cazadores y soldados para exterminar a tan espantosa alimaña. Mataron a diversos lobos, pero los ataques y las muertes no cesaron hasta 1767, en el mes de Junio, tras ser abatido un enorme lobo, por Jean Chastel. Tales hechos dieron lugar a la leyenda de la Bestia de Gévaudan llegando a establecer diversas hipótesis para su explicación, llegando a decir que el causante fue un enorme hombre lobo hasta la hipótesis de que los ataques los produjeron tres enormes lobos, el último de los cuales, fue el que abatió Jean Chastel.

 

Como caso extraordinario de peligrosa licantropía está el del “lobishome”, lobo hombre en gallego, Manuel Blanco Romasanta, al que le fueron probados nueve asesinatos cometidos durante su “trance lupario”. El juicio causó sensación en Galicia, así como en el resto de España. Romasanta fue condenado a muerte el 6 de Abril de 1853 pero Isabel II le conmutó la pena de muerte por la de prisión a perpetuidad, el 13 de Mayo de 1854.

 

Otro caso no menos interesante, es el de la Loba de Posillipo, que sucedió, según el relato de Osvaldo Pegaso en su Manual de la Magia y la Brujería, así, en sus propias palabras:

 

“Su marido no sabía nada, pero tres semanas después de la boda, la mujer presintió síntomas del conocido ataque y, con tal de que el marido no pudiera verla en tal estado, se escapó de su casa y no volvió hasta el amanecer. Fue necesaria una explicación y ésta fue muy penosa. Siguieron algunos años de tratamientos inútiles y de altibajos en la relación matrimonial. Al final, la mujer se tuvo que ir a Nápoles para esconderse de los conocidos y estar cerca del mar en los momentos más críticos; el mar, además, no estaba tan helado como las fuentes romanas. Pero el dinero que le pasaba el marido era escaso. Una noche, la mujer fue detenida en una sala nocturna y fue sometida al ultraje de una revisión dermosifilopática, en donde la ataron a una cama temiendo la repetición de un ataque. Pero la crisis tuvo lugar igualmente y, con la cara contraída y llena de baba, profirió tan espeluznantes gritos, que los paralíticos, que durante años no abandonaban la cama, huyeron arrastrándose o de rodillas. Después de algún tiempo, consiguió, de todos modos, ser puesta en libertad. Nació la leyenda de la loba de Posillipo. Durante las noches en que la Luna llena iluminaba el mar e invitaba a la pesca, un grito helaba la sangre. Se trataba del grito lacerante y prolongado que, bajando de tono, acababa en una especie de gruñido. Los pescadores habían hecho bendecir las olas llevando un sacerdote al mar. Algunas personas vieron cómo una figura desnuda, semejante a una fiera, se precipitaba hacia el mar, y un pescador que se hallaba en los alrededores sintió en su carne la herida de un fuerte arañazo. Finalmente, la policía consiguió detener a la mujer, que no recordaba nada de esta agresión; sólo sabía que cuando tenía una necesidad urgente de agua fría todo lo que se interponía en su camino era un obstáculo que tenía que vencer. A la mañana siguiente y durante aquella noche, mirándose las uñas llenas de sangre, sospechó que había efectuado una agresión, pero había preferido no pensar en ello. Durante aquellos días llevaba siempre consigo algunos pedazos de alcanfor para calmar su corazón después de tan terribles crisis”

 

En 1934 un tal Walter Cooper, de Wallop, Hampshire, narró como, cuando era un muchacho, hacia 1870, vivía en su pueblo una bruja llamada Lidia Skeels, la cual parecía tener el poder de transformarse en liebre. En cierta ocasión, un cazador disparó contra una hermosa liebre, hiriéndola, pero ésta pudo escaparse. Al día siguiente Cooper observó que la bruja se encontraba en su casa extirpándose los perdigones que tenía alojados por toda la espalda.

 

Hay muchas formas de llamar al hombre lobo, en danés waerulf, en sueco, warulf; en griego, lukokantzari; en eslavo, volkulaku, vokodlak, wilkodlak; en armenio, mardagail; en italiano, lupo-manaro; en gallego lobishome; en antiguo galo, guerulf; en catalán, home llop... Lo que nos muestra, a las claras, que en todos los pueblos existen leyendas, narraciones, cuentos o relatos protagonizados por un hombre lobo. Así podemos observar que su creencia ha existido a lo largo de los años y en, prácticamente, todos los pueblos que han sido habitados por el hombre. Haciendo que nos preguntemos ávidos de respuestas: ¿será casualidad? ¿acaso un mito? ¿o quizás sea realidad?

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