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Lycaón, el primer lobo de la historia.

Lycaón, el primer lobo de la historia.

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Ovidio, en su “metamorphoseon” narra, y más concretamente, en el Libro I, 230 –237, como Lycaon es transformado en lobo por Zeus tras poner a prueba la paciencia del dios. Antes de dicho momento, el lobo no existía. De este modo, el pensamiento mitológico, siempre buscando la lógica en sus explicaciones, nos iluminará sobre el por qué de la existencia de una fiera peligrosa, merodeante, acechadora y sanguinaria sobre la faz de la tierra.

 

En la región de Arcadia, región remota de Grecia, hay un monte con forma de pirámide y solitario. Para el resto de los griegos resultaba una zona realmente muy atrasada cuyos moradores realizaban, no sólo, ritos cruentos y vivían como animales, sino que hasta era posible que fueran antropófagos. El que fuera primer aborigen de la región conocido como Pelasgo gobernaba la zona. Este caudillo arcadio introduciría ciertas dosis de civilización a la zona, enseñando a la gente a comer bellotas en lugar de raíces, a vestirse con pieles en lugar de deambular desnudos y a procurarse chozas para cobijarse de las inclemencias meteorológicas. Al cabo del tiempo, Pelasgos tuvo un hijo al que llamó Lycaón, que fue un hombre religioso que siguió culturizando su remota patria de la manera que mejor supo.

 

Lamentablemente, su piedad estaba mal encaminada y, puesto que intentaba ser fiel a sus dioses, no se daba cuenta de que las acciones que emprendía ponían a prueba la paciencia de las deidades. Tanto es así que, tras construir varios templos en honor a Zeus, le ofreció sacrificios humanos ignorando que al dios no le agradaban. Zeus se horrorizó el día que vio llegar hasta las alturas celestiales el aroma salvaje del sacrificio de un niño pequeño. Tras haber escuchado rumores sobre las prácticas salvajes de las gentes de la Arcadia decide transformarse en un anciano y visitar a los habitantes de la región para ver de primera mano cuál era su catadura moral y cuales eran sus costumbres.

 

Así, el anciano termina siendo invitado al palacio de Lycaón a un suntuoso banquete. Éste, que tiene sus sospechas de que aquél anciano sea un dios, intentándole agradar sobremanera, le presenta para cenar un guiso de niño pequeño, dada la ternura de sus carnes. Además Lycaón era un personaje singular puesto que planeaba posteriormente matar al anciano al entender que otros habitantes de la región habían sospechado de la naturaleza divina del viejo, debido a su señorial porte y a que había comenzado a rezar plegarias. Liberándole de su disfraz humano para que no pudieran dañar al dios. Esta impiedad, que pudiera ser interpretada quizá como la soberbia natural del ser humano, es inadmisible a los ojos del dios. Y decide someter a un Lycaón impío al castigo de la transformación de su cuerpo en el de un lobo, por las atrocidades cometidas.

 

El pueblo de los molosos había enviado a Arcadia un rehén. Quien no era más que un adolescente, o un niño quizá. Lycaón le da muerte siendo los miembros de este moloso a los que, según Ovidio describe, ablandará Lycaón con agua hirviendo, mientras acaba tostando, a los otros que captura, sobre el fuego. Demostrando una vez más cuan es su salvajismo. El moloso es un tipo de perro pastor, raza muy apreciada desde la antigüedad. La víctima primigenia del pueblo de los molosos, el rehén, a manos de Lycaón, sellará por tanto el odio eterno entre las dos familias de cánidos, lobos y perros pastores.

 

Los textos nos ofrecen así un halo luminoso acerca del origen remotísimo del mito del nacimiento del lobo. En la remota Arcadia existía un rito, según el cual, un individuo que comía carne humana, tanto de manera real como figurada, se convertiría en lobo. Así, después, desnudo, atravesaba a nado un estanque y se ocultaba en los bosques. Si, durante los siguientes años, se abstenía de comer carne humana, podía regresar a la comunidad convertido nuevamente en humano. Todo ello nos muestra un rito de iniciación en el que un grupo de jóvenes arcadios abandonaban la comunidad conviviendo en los bosques y regresaban, pasados unos años, ya como adultos.

 

Hay otros autores que nos relatan el mito de Lycaón indicándonos que los asesinos fueron únicamente los hijos de éste. Mientras él, tremendamente desolado, una vez hubo visto el desastre provocado por sus hijos, construyó un templo en la cumbre de un monte, también llamado Lycaón, dedicado al Tonante. Aunque hay autores que nos dicen que dicho monte no se llama Lycaón, si no Liceo, lo cuál entra en frontal oposición con la etimología de la palabra Liceo. De este modo, Lycaón instauró un culto dedicado a Zeus Licaeo en dicho monte. Se cuenta desde antiguo que los que traspasaban el umbral de dicho templo, fueran hombres o bestias, dejaban de producir sombra en su interior. Además, se instituyeron unas fiestas en su honor, las Lupercales. Que revivirían los antiguos ritos arcadios de iniciación a la vida adulta.

 

Hay, según varios textos antiguos, hasta nueve Lycaones distintos. Es curioso que al dar significado a la crueldad del hombre, dicho nombre haya sido adoptado por otros personajes a lo largo de la historia. Aristóteles, en Atenas, adoctrinaba a sus discípulos desde la colina denominada Liceo que estaba cerca de otra sobre la que se erigía un templo a Apolo Liceo, del griego Lykoi, que significa “el matador de lobos” Lo cuál también nos haría dudar de la etimología de la palabra Liceo.

 

En la región de Sicione un grupo de pastores desesperados ante la cantidad de ataques a sus ovejas por parte de los lobos de la región, le piden consejo al dios oracular por excelencia, Apolo, quien convertido en Apolo Lykoi, les recomienda cortar corteza de cierto árbol de modo que se mezclase con carne y se la ofrecieran a los cánidos. De este modo, el corcho anulaba los efectos de los ácidos gástricos y los lobos morían de un modo horrendo. Así se cumpliría la profecía del dios, puesto que aquéllos lobos que comieran la letal mezcla, perecerían.

 

La palabra licántropo debe su etimología directamente de este mito de Lycaón, puesto que “Hombre lobo” procede directamente del latín “Lycanthropus” que, a su vez, procedería del griego Lykos “Lobo” y anthropos “Hombre”

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