Laiguana

Los escondidos

Los escondidos

Artículo publicado en www.diariofenix.com, si quieres verlo pincha aquí

Enciendo la televisión ¿quién me mandaría? Me pregunto. Pero lo hago. Veo las noticias y me indigno. Ya la información, hace tiempo que lo vengo diciendo, no es información. Es opinión pura y dura. Los partidos políticos alcanzan todo con sus tentáculos y hacen que un grupo empresarial apoye a unos, y el rival al contrario.


En medio estamos nosotros. Recibiendo sus descargas de opinión. Ráfagas que usan para reforzar sus principios básicos; mientras que escuchemos, leamos o veamos la prensa de su movimiento, saben que no habrá problemas. Un porcentaje, más o menos elevado, será convencido y votará a quien les paga. Misión cumplida. Pero si quiero ser informado y no manipulado ni adoctrinado, ¿qué puedo hacer?


¿Intentar ver las noticias de ambos bandos porque en el punto medio está la virtud? ¿Por qué existe esta forma de periodismo? Al crear una corriente de opinión refuerzan los principios del partido que paga a determinada prensa, consigue reforzar la conciencia de los ya convencidos y convencen a nuevas adquisiciones, consiguiendo el voto para su mecenas. Aseguran, tanto PP como PSOE, sus aproximadamente 7 millones de votos cada vez que hay elecciones. Perpetuan el inmovilismo que impera en la política de este país al reforzar el bipartidismo.


Escucho la radio, ¿quién me mandaría? Me pregunto. Pero lo hago. Pongo música, claro, para desinformarme me valgo yo solito. Escucho lo que quieren poner. Lo que han decidido que nos tiene que gustar. No es que se haga un estudio de los gustos musicales de la gente. Lo que se hace es que se nos muestra cada vez más lo que deciden que escuchemos y, finalmente, la gente lo escucha, le gusta y lo compra ¿Creen que alguien, en su sano juicio, va a querer escuchar motu propio a Juan Magán o a Pit Bull? Pienso que sí saben que existen más cosas y más opciones. Igual deciden comprar y escuchar lo mismo, allá ellos. Pero si enseñas únicamente cuadros de Picasso, no se apreciará otro arte. No se sabrá que hay otros pintores. Como Goya, Velázquez o Dalí. Sólo se consumirá el arte mostrado, ignorando que hay más, que no es el único. Aunque, obviamente, no se quiera mostrar por intereses económicos. La gente demanda lo que existe. Si escondes lo que no quieres que se vea, consigues que la gente no lo conozca. Es decir, manipulas el consumo. Por mediocre que sea el producto. Pero el mercado underground crece exponencialmente entre los que reniegan de radio-fórmulas.


Abro un periódico, ¿quién me mandaría? Me pregunto. Pero lo hago. Acudo a leer columnas de gente que merece mi respeto y mi atención, por lo que acabo pronto. Gente a los que yo llamo los maestros actuales. Gente como Pérez-Reverte, Almudena Grandes, Millás o Ussía. Muchas veces me enfado de lo que me cuentan cuando hablan de política. Detesto que intenten adoctrinarme. Pero siempre que acudo a ellos aprendo algo. Desde una palabra nueva, referencias a obras fundamentales que, me gustaran en su momento o no, revisito por si no le tomé el pulso en su debida forma; hasta escuchar determinados músicos o visitar determinados restaurantes. Es decir, aprendo, me enriquezco y vivo.


Me impulsan a encender el ordenador y escribir. Echo de menos las columnas de Francisco Umbral o de Cela en los periódicos, claro. Se nos fueron estas grandes estrellas, pero hay recambio. Dejen de crear autómatas que voten. No siempre el fin justifica los medios. Gente válida hay, desde luego, hay intelectuales de verdad en España, aunque no sean publicitados porque no se venden. Así que los esconden. Ignorando que su magnetismo y sabiduría sería su mejor publicidad.

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