A mis cuarenta.

A mis cuarenta

http://laiguana.blogspot.es/img/iguana.jpeg 

Ha llegado la hora de hacer balance de mi vida. A saber, voy a cumplir cuarenta años el próximo día ocho de Abril por lo que me siento ante la subida de un nuevo escalón vital. No sé si me explico. A ver, mis sensaciones son como de estar cumpliendo etapas y a la vez estar retrotrayéndome una y otra vez. Se cumplen etapas a medida que se van consiguiendo metas o se van alcanzando estados vitales que no sabías que ibas a ser capaz de alcanzar. Ejemplo: me he casado y tengo un hijo. Dos etapas superadas. Y la nostalgia. Porque algunas veces pienso que mirar atrás no es más que un ejercicio de nostalgia y, ahora, con toda esta cultura retro y “revivalista” de los ochenta, te lo ponen más fácil a la hora de hacer balance.

 

http://laiguana.blogspot.es/img/evanasarre.jpg 

 

Lo peor del revival que estamos viviendo es tener que volver a escuchar a Mecano y otras infumables hierbas. Lo mejor es volver a tu juventud o, en algunos casos, infancia. En mi caso, sin ir más lejos, es una mezcla de primera juventud e infancia. Los ochenta, la década prodigiosa, la década del todo vale, la década de Eva Nasarre y sus calentadores fucsias, de pelos cardados y siete hombreras en cada hombro... No sé qué narices se echa de menos de los ochenta. Las chicas ibais horribles y nosotros teníamos acné. Bueno sí que lo sé, antes se permitía crear con absoluta libertad. Lo que llevó a que, además de mucha basura (de la que nadie se acuerda) se hayan obtenido auténticas obras de arte; o hayan emergido artistas mediocres y otra gente que lo de artista le viene muy grande pero se subió en la cresta de la ola y ha vivido (o viven) del cuento de lo que fueron, sin tener la menor opción de volver a ser ni la sombra del cuento que contaron ser.

http://laiguana.blogspot.es/img/cocherojo2.jpg 

Lo de cumplir años sirve para ir, cada vez, echando más cosas de menos, gente o situaciones que dejaste en el camino. Lo normal es que se echen de menos personas. Bueno, hay quienes dicen que la vida es un puente que hay que cruzar deprisa, lo que no dicen es que en ese trayecto, te encuentras personas maravillosas que estarán a tu lado toda la vida; gente formidable que no volverás a ver; gente que creías fantástica y es una basura como persona y como gente del montón; y payasos que te alegran el rato pero no sirven ni para traerte el pan los domingos por la mañana. También, una amiga argentina me dijo una vez que la vida es pérdida. Y no, no lo dijo tras la eliminación de Argentina en el pasado mundial, lo dijo porque su hijo vino llorando y diciendo: “Mamita, perdí el auto rojo” A lo que ella le contestó: “Ay, hijito ¿viste? La vida es pérdida” Y no le falta razón. Desde que llegamos a este mundo vamos perdiendo cosas, desde el cordón umbilical, la virginidad, la sensatez o la inocencia hasta la vida; todo se va perdiendo. Sin prisa pero sin pausa. Como un buen tango. Besos, Adriana.

 

http://laiguana.blogspot.es/img/Botellon.jpg  

 

También conozco gente que te dice que la vida hay que ir saboreándola segundo a segundo y no dar un paso hasta que en el anterior hayas observado hasta la menor brizna de polvo con la que te encuentres. Pienso que la vida es un poco una mezcla de las tres, pero es mi opinión y este post no es de auto ayuda, creo. Va tan aprisa que no te permite más que ir a la carrera, por lo que te vas preparando para saber qué cosa tiene que hacerte detener y tienes que observar y qué cosa desechar y, cuando sabes qué es lo que te merece la pena y te enriquece, es cuando estás más cerca de irte al otro barrio.

 

http://laiguana.blogspot.es/img/CastilloAlameda.jpg  

 

A propósito de otro barrio. He tenido un par de años en los que he estado bastante hundido, porque me detectaron una enfermedad precancerígena de esófago y estoy en tratamiento, así que me veía cerca de irme, luego te vas animando y, cuando te dicen que solo revisiones anuales, te apetece una fiestecita. Pero bueno, a lo que iba, he estado hundido por eso y, cuando estás hundido, empiezas a pensar en gente que ya no ves. A muchos te apetecería volver a ver. Pues bien, tuve la suerte de que un amigo mío del grupo de amigos que frecuentaba hace más de diez años, se casaba por segunda vez. Así que iba a tener la oportunidad de volver a ver a muchos de mis amigos de entonces. Una alegría enorme me produjo ver a la mayoría de ellos. Pero, en el fondo, las aguas vuelven a su cauce y comprendes, tras estar apartado, por qué razón los caminos suyos  y el mío se han separado. Somos absolutamente distintos. Y, mientras nos divertimos, fue estupendo. Hay algunas anécdotas grandiosas. Hay momentos lamentables pero graciosos y hay momentos de auténtico cabreo, que intento olvidar. El caso es que volvía ver la razón por la que nos separamos y, esa especie de mala conciencia que, mientras estaba en tratamiento, me acechaba, se esfumó de un plumazo. Sí que hay gente que merece que la sigamos viendo y, prometo que intentaré hacerlo. Además, para eso también están las redes sociales, vamos digo yo ¿no, Sesil?

 

http://laiguana.blogspot.es/img/MaqEscribir.jpg  

 

Ahora me veo en una situación un poco delicada, porque tras cumplir las etapas de la boda y de ser padre, que jamás llegué a imaginar cumplir, me veo de nuevo en paro. Esta maldita crisis nos está matando a todos. Estoy buscando trabajo y tengo un problema enorme, porque, por un lado, debo ser funcional y buscar un sueldo que me dé para vivir y para que mi mujer y mi hijo vivan lo mejor posible, que es la tarea fundamental. Aunque ahora mismo lo que me ofrecen es menos de lo que gano en el paro. Y, por otro lado, mi sueño siempre ha sido escribir y “vivir” de la literatura. Vivir de escribir. ¿Qué bien suena, no? Eso lo quieren hasta los grandes literatos, pero cada uno tenemos un sueño y ése es el mío. Es muy difícil porque, cuando más intento entrar en ese mundo, peor me siento y más me alejo. No me siento identificado con nadie. Pero bueno, soy muy mío. Aunque lo llevo intentando desde hace tiempo, no os vayáis a creer. De hecho, escribí para una productora unos guiones de un par de largos y de tres series de animación; estoy colaborando, por amor al arte, con una revista de tendencias y he regalado a un colega unas letras de canciones que se me ocurrieron, pero este no me ha contestado, ni me ha enseñado cómo quedaron, así que las retomaré yo y las voy a cantar junto con un amigo mío y, también, he regalado a loquillo unos relatos basados en sendas canciones suyas. Si alguno, lee algo de lo que he escrito y le gusta y me quiere pagar por ello, podemos llegar a un acuerdo rápidamente, je.

 

http://laiguana.blogspot.es/img/VinagreRosas.jpg  

 

He perdonado varios desmanes que han tenido conmigo en varias ocasiones y de personajes variopintos. A saber, desde Sabina, que negó una entrevista a la radio de Rivas, Radio Cigüeña, hace muchos años y al que, desde entonces, no le volví a escuchar, ahora me he regalado su disco “Vinagre y Rosas” y me encanta. Así que, Joaquín, perdonado. De hecho, estoy recomponiendo toda tu discografía. Por otro lado, los desmanes van pasando por el de unos amigos que se olvidaron de llamar a mi mujer cuando su madre, la que ahora es mi suegra, fue operada de un cáncer de mama y a los que, no es que haya perdonado o no, es que se me ha olvidado. Hay cosas de las que mejor pasar. Hasta un colega, al que no veía desde nuestros tiempos de calimocho y Bernabéu y que dejó de venir con nosotros al fútbol no sé muy bien por qué. Pues bien, un amigo común me dijo que el padre de Jorge había muerto de un infarto y fui junto con mi mujer a su funeral, cosa que nos agradeció de corazón. Un abrazo, Jorge.

 

http://laiguana.blogspot.es/img/Tetris2.jpg  

 

Bueno, pues el próximo día ocho son cuarenta tacos. Aquí me veo, en paro, queriendo escribir pero teniendo que ganar dinero; perdonando a cuántos me han tocado las pelotas; superando dramas, avanzando, cumpliendo etapas y me siento joven. Es curioso, me ha salido un post en plan: Yo, en plenas facultades físicas y mentales... Pero estoy bien, me siento bien. Estoy mejor que nunca. Tengo la mujer más maravillosa del mundo y un hijo que es una auténtica bendición. La vida, una vez alguien me dijo, que es nada más que ir sabiéndose conformar con lo que tienes. Puede ser. Lo que está claro es que la vida es para vivirla y lo que a mí me gusta no tiene por qué gustarte a ti, pero juntos si nos esforzamos, podemos encajar como dos piezas de tetris, y entre todos formar algo grande, importante y poderoso. Lo que pasa es que hay veces que las piezas no encajan, ni encajarán. Lo que debe asumirse y se tiene que tirar para adelante. No queda otra.

 

http://laiguana.blogspot.es/img/Pluma2.jpeg 

El dirigible rojo

El dirigible rojo.

Relato basado en la canción SUPERSONICA de Loquillo, para escucharla

haz click aquí

 

http://laiguana.blogspot.es/img/Zeppelin.jpg 

 

Como cada noche, aquí estoy, mirando por la ventana la noche estrellada. Me siento, enciendo un cigarrillo y dejo volar mi imaginación. Algunas veces, logro escaparme a la azotea del edificio donde vivo, lo suelo hacer cuando las noches son realmente claras y cálidas, y contemplo el paisaje de antenas y estrellas. Aunque con la luz de la ciudad las estrellas estén más bien tapadas. De vez en cuando veo alguna estrella fugaz y pido con todas mis fuerzas dos cosas, a saber: poder ir a un concierto de Buddy Holly y volver a ver a Mónica. Dios, qué bella es.

 

http://laiguana.blogspot.es/img/BCN.jpg 

 

A veces me tumbo en la azotea, dejo volar mi imaginación y, mirando al cielo, imagino fantásticas carreras de Harleys y Cadillacs interestelares. De hecho, me veo embutido en un traje de cuero negro y una camiseta blanca, con el negro pelo engominado formando un enorme tupé en forma de quilla de barco y, junto a mis colegas, me imagino tomando copas en bares estelares que hay en la cara oculta de la luna. Ah, si pudieseis ir allí lo que os encontraríais sería fascinante. Grupos de chicos y chicas de mi edad tomando copas, escuchando música, hablando de sus problemas y de sus novias y sus cacharros. A veces, me despierta el frío de la madrugada. Otras veces me despierta tu recuerdo, Mónica.

 

http://laiguana.blogspot.es/img/Bonneville.jpg 

 

Otras veces acompaño a mis amigos a las carreras de los anillos de Saturno. Son unas carreras algo complejas y muy peligrosas, ya que si te sales de la trazada, te vas al limbo. Ponen sus máquinas a punto y, tras las carreras, solemos ir a tomar algo de planeta en planeta. Mientras volvemos. Les gustan las azuladas venusinas que tienen algo de irreal pero un carácter muy difícil, porque son muy suyas. A otros les gustan las tostadas marcianas que son más cálidas y muy melosas. Pero yo no dejo de pensar en Mónica. Ella es mi chica. Aunque haga mucho tiempo que lo dejamos, siempre serás mi chica.

 

http://laiguana.blogspot.es/img/Saturno.jpg 

 

Tan es así que el otro día un amigo me dijo que si quería, una noche clara que no hiciera mucho viento, podíamos intentar acercar un convertible a la casa de Mónica. La idea me sedujo, la verdad, aunque, entre cervezas, las ideas suelen parecernos más memorables de lo que son en realidad. Así que, dejo que se aleje con su venusina cogida a la cintura y les veo alejarse con una mezcla de ternura, incredulidad y esperanza. Miro dentro de mi cerveza, la espuma se va deshaciendo y me bebo de un trago la jarra, pensando: “Qué demonios” Porque ¿por qué razón uno no puede perseguir su sueño?

 

http://laiguana.blogspot.es/img/HD.jpg 

 

Así que, desde ese mismo momento me puse a investigar dónde vivía Mónica. No dejaba que las mañanas en el instituto me abstrajeran de mi deseo, que no era otro que ver a mi chica. Así que, en cuanto pasaban las ocho horas de rigor en el instituto, me cogía una manta y me subía a la azotea a esperar a Toni, a Ovy, a Javi, a Tante y a Cris, a ver si podíamos hacer algo. A Cris siempre se le ocurren las ideas más descabelladas y fue el que me dijo lo de ir en convertible. Creo que Toni se ha agenciado uno rojo enorme, en él cabemos todos. Hemos quedado el próximo viernes para ir a buscarla. Tengo unas ganas indescriptibles. El estómago me hace unas cosas rarísimas, no me entra la comida, no dejo de pensar en ello.

 

http://laiguana.blogspot.es/img/Luna.jpg 

 

Y ahí estaba yo. Con mi cigarro, escuchando una canción de Buddy Holly en mis auriculares y esperando que llegase el momento de ir en busca de Mónica. De modo que esperé a que llegaran con su dirigible rojo que, pensándolo bien, nadie sabía de dónde lo había sacado Toni. No hacíamos preguntas, no fuese que nos las contestara. Lo único que sé es que, cada vez que venía a mi casa, si el coche de mi padre tenía algún problema, lo arreglaba. De hecho, la primera vez que vino a casa mi padre se sorprendió muchísimo, porque le habían cambiado todos los tapacubos. La semana pasada, sin ir más lejos, le puso ruedas nuevas. Mi padre, que ya no se sorprendía, me dijo mientras desayunábamos: “Ayer vinisteis tus amigos y tú a casa ¿no?” Le dije que sí y me dijo que ya lo sabía, su coche tenía ruedas nuevas.

 

Bueno, el caso es que llegó el dirigible y Toni me dijo algo de la luz del sol, no sé muy bien. Yo quería ir a casa de Mónica con todas mis fuerzas y así empezó a bambolearse en el aire el dirigible y fuimos sorteando antenas y eligiendo azoteas, hasta que llegamos a la de Mónica. Al llegar, llamé a la ventana con el llavero y ella, tras dar un respingo en la cama, me miró con su camisón puesto, me sonrió y abrió la ventana. Parecía como si me hubiese estado esperando todo este tiempo, desde que ¿lo dejamos? No podía recordar nada, pero bueno. La emoción no me permitía reír, ni llorar, me movía de un modo algo robótico. No podía hablar, la saliva había huido de mi boca y se escuchaba el latido de mi corazón cada vez más fuerte y, de fondo, aunque llevaba aún los auriculares puestos, Peggy Sue de Buddy Holly. A un gesto de Mónica, entré en su habitación.

 

Al pasar, ella cerró la ventana y me pidió que la besara sin dilación. Qué dulce, qué suave, ¡Dios, como la quería!. Le di un beso con todo mi amor y rodeé su cintura, torpemente, con mis brazos. Entramos en una espiral de calor, pasión y de amor como nunca jamás he sentido. Nos desnudamos lentamente sin dejar de besarnos. Acaricié su cuerpo lo más suave, delicado y despacio que pude y supe. Ella me acariciaba también, las caricias más suaves que nadie nunca ha conseguido otorgar a ninguna otra persona en este mundo. Lo era todo, yo no me sentía  más que un juguete para ella, y era consciente de ello. No me importaba. ¿Por qué carajo tuvimos que dejarlo? No podía recordar nada en absoluto de todo aquéllo.

 

Supongo que eso es el amor. Sentí la felicidad más grande que Dios ha regalado a nadie nunca. No era sólo el sexo, que fue torpe por mi culpa. Me estaba entregando, de nuevo, todo su ser. Me estaba regalando su vida, se estaba dando al hombre que ella misma hizo. La emoción, el deseo y que fuese la primera vez que hacía el amor condicionaron la torpeza con que me conduje. Me emocioné, eso es amor: te das a alguien sin falsas promesas, sin dudas, sin esperanzas, sin nada. Esperando nada. Te das y después, si todo va bien, recibirás. Pero tan sólo con el amor que sientes, con la pasión que transmites y con la felicidad que das. La segunda vez estuve algo mejor. Eso me dijo. También me contó que era su primera vez. Todo el mundo le había dicho que se sentía dolor cuando lo haces por primera vez. Ella me confesó, con una emoción que hizo que mi endeble entereza se tambalease, sólo había sentido que era lo que quería hacer desde hacía muchísimo tiempo. Me hizo temblar de la emoción. ¿Por qué tuvimos que dejarlo? le pregunté y ella, con una mirada entre triste y distante, sonrió de un modo extraño. Carente de emoción. Me dijo: "no preguntes nada, sólo debes saber que te quiero".

 

Es tremendo que tu vida entera, que tu paz, que tu felicidad que el sentido de tu vida te diga eso. Yo no pude hacer más que temblar y dejarme caer en el inmenso amor que sentía por ella. Me sentí como si me sumergiera en un universo de paz. La quiero, la quise y la querré siempre. Y para siempre, estamos hechos el uno para el otro. Experimentamos el placer por primera vez. Me dijo que me quería, que me estaba esperando y que, si bien me había esperado, yo había tardado mucho en ir. Sentí como si me hirieran aquéllas palabras. La verdad es que mi corazón, cada vez que palpitaba, gritaba su nombre con una pasión infinita. Estábamos enamorados. La besé de nuevo antes de irme. Era casi de día.

 

Al día siguiente, llamé al instituto y dije que no podía ir porque estaba malo. Así que me fui por la mañana a casa de Mónica otra vez. Había escrito una pequeña poesía y la quería dejar en su buzón para que ella la leyese. La había metido en un sobre en el que ponía “para Mónica” y, al llegar allí, lo que descubrí sacudió mi mente y mis sentidos como si una corriente eléctrica recorriera mi espina dorsal. El edificio estaba en ruinas, era un solar enorme que se había derrumbado hacía mucho tiempo. Comprobé una vez tras otra la dirección; subí a las azoteas de al lado, y nada. Era ahí, no cabía duda. Lloré. Unas  lágrimas cayeron desde mis ojos y todo alrededor se volvió gris, sucio, áspero, feo.

 

Sólo entonces recordé que ella ya no estaba. Había muerto hacía unos meses en aquél maldito accidente de tráfico que estaba en un lugar tan recóndito de mi cerebro que no era capaz de recordarlo. Recordé nítidamente la noticia en el periódico. Las muestras de dolor en el instituto... Así que desee con todas mis fuerzas que llegase la noche para verla de nuevo. Esa noche me subí a la azotea, con mi manta, mis auriculares, mis cigarros y mi mechero y esperé a que llegaran de nuevo mis amigos. Pero no podía esperar. Así que salté desde lo alto de la azotea. Sabía que ella estaría allí y sabía también que mis amigos me recogerían en el convertible rojo. Pues todos ellos, por unas u otras razones, también habían muerto. Todo lo que había vivido y me había hecho sentir ganas de vivir estaba en el cielo. Me sentía feliz y no era consciente de la caida. El aire me alborotaba el cabello y me abrazaba entre cálido e irrespirable. Al caer, todo se fue haciendo más difuso y lejano y la oscuridad me invadió.

 

Mi mente empezó a vagar por mis recuerdos y se detuvo en la lánguida y hermosa sonrisa de Mónica. Su pelo recogido hacia atrás en una hermosa, alta y rubia coleta. Sus pómulos sonrojados que servían de asiento a dos inmensos ojos azules, alegres y vivos, ligeramente achinados, como si de los de una gata se tratase. Podía ver su  cuello perfectamente liso y alargado que se hundía en los cuellos de una camisa azul pálida, mientras los picos de los cuellos de esa camisa sobresalían por una chaqueta burdeos que yo le había regalado nada más empezar a salir. Su cintura se estrechaba graciosamente y dejaba ver un perfecto y redondo trasero que estaba embutido en unos pantalones vaqueros que se amoldaban a su delgado y grácil contorno. Llevaba el pantalón ligeramente remangado, una o dos vueltas por encima del bajo, y dejaba ver sus calcetines burdeos sobre unas bailarinas negras. Llevaba la cazadora de baseball recogida al hombro. Era la chaqueta sobre la que había bordado la letra G del gato, mi letra, la de su novio.

 

Destacaba sobre el gris del asfalto y no podía apartar mis ojos de ella. Se acercaba desde lo lejos, al fondo de una estrecha calle angosta y oscura tan pausadamente como sólo Mónica sabía caminar. Andaba tranquila con la media sonrisa que me dedicaba y tanto me gustaba. La veía acercarse con un brillo descarnado en los ojos que me miraban sin pestañear. Cuando estuvo a mi altura, la luz que emanaba de su sonrisa y sus preciosos ojos envolvía toda la callejuela. Se acercó a mí y me besó. Un beso profundo. Comprendí que yo había muerto. Sentí que flotaba agarrado suavemente a su dulce beso. Saboreé sus labios con los míos y me dejé llevar hasta donde ella quisiera. Era mi guía, mi luz, mi norte, mi amor, mi cariño. Era Mónica. La mujer que siempre he llevado en el interior de mi roto corazón. Cogió suavemente mi mano y me guió a través de la espesa negrura que nos envolvía hacia un punto de luz muy brillante que se veía a lo lejos. Pude sentir más que escuchar sus dulces palabras que me susurraban una y otra vez que me quiere con locura. Que siempre me ha querido. Que ha estado observándome y que estaba muy triste porque me veía realmente mal mientras ellos estaban aquí pasándoselo en grande. Sí, estaban todos mis amigos. Ya que, entre las drogas, los accidentes y demás, todos han ido muriendo. Aunque ahora estaríamos todos juntos de nuevo.

 

Pero yo no quería soltarme de la mano de Mónica que era quién tranquila y dulcemente me llevaba hacia la luz. Una intensa y brillante luz que me cegaba por completo. Una luz que me llenaba de paz interior que destrozaba todas mis dudas y que me hacía sentir tan bien como nunca he sabido que se pudiera sentir. La mano de Mónica seguía siendo igual de suave, su caminar pausado. De repente dejó que su otra mano me abrazara justo antes de entrar en la inmensidad de la luz que se adivinaba al otro lado del agujero luminoso que se abría entre toda esa oscuridad. Rodeó mi cuello con sus brazos y acercó de nuevo sus labios a los míos. Besó mi boca y me sentí estremecer totalmente. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Una lágrima de gratitud y emoción recorrió todo mi rostro. Sus ojos estaban iluminados. El sol no brillaba porque nosotros éramos ese sol. Todo a nuestro alrededor estaba apagado. Me dijo: “Sólo el amor te pudo traer hasta mí” Sin saber muy bien por qué  me sentí orgulloso de haberla conocido. Estaba enamorado de Mónica. Siempre he estado enamorado de Mónica. Una infinita gratitud envolvió mi cuerpo, mi alma, todo mi ser. Nubló mis sentidos y comprendí por una vez en mi vida lo que era sentirse realmente enamorado y amado. Lo que era salir de la oscuridad. Una sonrisa brotó en mis labios y, cuando escuché a Buddy Holly cantarnos "Peggy Sue" al otro lado del túnel, comprendí que aquél era nuestro sitio.

 

El Bucle

El Bucle

 

http://laiguana.blogspot.es/img/bucle1.jpg 

 

Desde hace veintidós años vivo sumido en un bucle. De vez en cuando las cosas se repiten; la vida se repite; el escenario se repite, si bien, la mayoría de los actores cambian. Pero a grandes rasgos, es todo igual. Julio Iglesias cantaba la vida sigue igual. Y, es que, llega un momento en que continuamente vas viviendo dejà vu tras dejà vu. Pareces un abuelo cebolleta, de esos de los que te reías antes, que está diciendo a cada paso: “Esto ya lo he visto” “esto sigue igual” En fin, lo dicho, que vivo un permanente bucle. Lo que no sé es exactamente en qué punto toca la vuelta atrás.

 

http://laiguana.blogspot.es/img/bucle2.jpg 

 

Algunos diréis que muchas cosas han cambiado. Sí, estoy de acuerdo, la vida continua y sigue sus derroteros en la dirección en la que decidimos ir. Yo, por ejemplo, me casé y he tenido un hijo. Mis amigos han tenido hijos y se han casado, o al revés. Algunos se han separado, otros vuelven a tener novia. Otros se han casado dos veces. Pero el escenario vuelve a repetirse una y otra vez. Desde luego, quien escriba el guión de mi vida tiene muy poquita imaginación porque se repite como el ajo. Lo dicho, es un bucle.

 

http://laiguana.blogspot.es/img/camisetaestrella.jpg 

 

Aunque también es cierto que hay en una cosa que ha cambiado. El deporte en España. La selección española de baloncesto es campeona del mundo, cuando ese honor hace veintidós años estaba reservado a Rusia, Yugoslavia y Estados Unidos y no por ese orden, precisamente. También la de fútbol ha ganado un mundial. Así que el deporte ha variado un poco. Viendo a los dos grandes de la liga española no ha variado tan poco. Antes, hace veintidós años, la cantera era patrimonio del Real Madrid, ahora parece que la ha inventado el Barcelona. De hecho, unos años antes, el Real Madrid había jugado la final de copa del Rey contra el Castilla, hecho no vuelto a repetir por ningún otro club. Pero bueno, la cantera ha cambiado de propietario. Cuando toda la vida la mejor cantera de España ha sido la del Atlético de Madrid, pero ese es otro cuento. Los que veis fútbol base sabéis de lo que hablo. Así que, con el afán de copiar un modelo y otro, el Real Madrid ha cambiado el modelo de siempre, el de Santiago Bernabéu, por el menos fructífero de los Núñez y Gaspart; mientras que el Barcelona ha encontrado su camino iniciado a finales de los ochenta, en el del Real Madrid. Si un futbolero se hubiera dormido en los ochenta y se acabase de despertar alucinaría.

 

http://laiguana.blogspot.es/img/Kuwait.jpg 

 

Aún con estos cambios evidentes, mi vida está en un constante bucle, como ya os he dicho. Hace veintidós años aproximadamente, se inició la primera guerra de Irak, la de salvar Kuwait. Ya ves Kuwait. Alucina, vecina. Kuwait era una región de Irak que se apropió un jeque y que, desde ese momento, dijo que era un país independiente. A lo que el resto de países le apoyaron. Tenía petróleo. Así que se inició el conflicto bélico de Irak. ¿Os acordáis que los periodistas no sabían si poner Irak o Iraq, por ejemplo? Pues bien, aquéllos barros han traído estos lodos, ahora tenemos una nueva guerra. Ahora en Libia. Si os acordáis de aquél entonces ya a Gadafi se le quiso matar. Se le enviaron unos mensajes de amor envueltos en tomahawk en su palacio de no sé dónde. Por lo que, vuelvo a sentirme en el día de la marmota. Pero me siento más cansado y más mayor.

 

http://laiguana.blogspot.es/img/Balcanes.jpg 

 

Además, había un inminente conflicto en los balcanes. Que comenzaría a derrocar país tras país, para conseguir una independencia cada uno de ellos. Algo parecido a lo que está ocurriendo en los países árabes, pero con un mayor calado. Puesto que empezó con la guerra de los diez días, allá por el año 1.991 y concluyó con el conflicto macedonio diez años después. Que dio con la segregación de las repúblicas soviéticas amén de las balcánicas. El conflicto que está sobreviniendo en los países árabes, comenzado en Túnez y que continúa en Egipto, Yemen, Libia y demás, no sabemos cómo acabará. Pero mucho me temo que en tres meses no terminan con este conflicto. Así que me siento cansado, muy cansado. Todo se repite. Hasta Chernobyl pero ahora en Fukushima. Espero que mi mujer no tenga una hermana gemela porque si no, me volveré loco del todo..

 

http://laiguana.blogspot.es/img/Fukubyl.jpg 

 

 

¿Desempolvo la pegatina?

¿Desempolvo la pegatina o no?

 

http://laiguana.blogspot.es/img/Noalaguerra.jpg 

 

Todo comenzó hace veintidós añitos. Al menos es el primer recuerdo que me viene a la cabeza de una ¿guerra? Influyente en la sociedad española. Fue allá por el año 89. Un amigo mío hacía la mili, mi mejor amigo, mi hermano y era el primero en hacerla, y todos los que estábamos con él teníamos miedo de lo que pudiera acontecer. No sabíamos si le iba a tocar ir o no. Entre la ignorancia que teníamos de esos temas y que no se sabían las dimensiones que iba a tomar aquello, temíamos por lo que le pudiera suceder a Javier, nuestro amigo. En momentos como aquél sale el típico tipo negativo que te dice: “Esto tiene pinta de que va a ser la tercera guerra mundial porque, como entren los chinos, eso sí que va a ser la leche” Mejor obviarles, claro. El caso es que veíamos los aviones Hércules surcando el cielo de Madrid en dirección a Irak, a esa guerra que nunca existió. Porque para las autoridades españolas esa guerra no fue ni guerra ni nada. Porque, tan sólo fuimos cuatro gatos a una manifestación en contra de la guerra en la que, por cierto, se encontraba Sabina y poco más. No había ningún otro famoso, o no lo vimos, por lo que la repercusión fue mínima y la guerra no fue tal, ya que, en este país, para que una guerra sea guerra tiene que haber una cuota mínima de famosos en contra y porque, parece ser, que dependiendo de quién esté en el poder cuando se declara una guerra, es considerada guerra o no.

 

http://laiguana.blogspot.es/img/GadafiJackson.jpg 

 

Ya  en aquél entonces, el Gadafi este (que aún no iba disfrazado de Michael Jackson ni le habían echado el botox a brochazos) estaba dando la lata por ahí. De hecho, hubo unos cuantos misiles americanos, no sé si se llamaban tomahawk o tenían otra denominación, que tiraron contra uno de los palacios del líder libio. No sé si libio o labio porque con la silicona que se ha puesto el ladrón, me tiene robado el alma. Tigre. El caso es que un tipo que entonces era un imbécil y merecía los misiles que le lanzaban, de la noche a la mañana, pasó a formar parte de no sé qué foro, dando lecciones de humanidad en los foros de las naciones unidas a los que era invitado y en los que le llenaban de agasajos cuál mercader bereber que se precie. Porque, claro, luego vamos allí y no nos deja en sus harenes ni a la gorda Lole, la que sirve el agua y eso tampoco es. Ya que vas a un harén libio que te dejen una concubina en condiciones, porque, ya se sabe, que ir para nada es tontería.

 

http://laiguana.blogspot.es/img/Aznarbushblair.jpg 

 

Después de aquélla guerra inexistente en el inconsciente colectivo español. Llegó al poder un tal José María Aznar, de infausto recuerdo para muchos y de obligado agradecimiento para, aproximadamente la otra mitad de españoles, en cuyo mandato se dieron las crisis del “Prestige” un barco que defecó en la costa gallega española y que, gracias a él, muchos marineros, sin el menor pudor (esto conocido de primera mano) hundieron sus antiguos barcuchos y recibieron subvenciones para cambiar la embarcación, porque la picaresca española es digna de elogio, digan lo que digan, en donde otros países ven crisis, los españoles de bien, ven robo, riqueza, bota de vino y jolgorio. La guerra de Irak, en la que todos recordaremos las pegatinas que, con mayor o menor convicción, llevábamos en la solapa de nuestras chupas vaqueras. Y, en la que también, en un hecho sin precedentes, fue el gran argumento en todos los discursos en la entrega de los premios Goya. Porque esa guerra sí existió, ya que fue lamentable el modo de entrar en ella. Y terminó, con la traca final del famoso once de Marzo, día en que unos malnacidos decidieron segar 195 vidas de gente trabajadora que iba en el tren de cercanías. Espero que mueran todos los implicados de una muerte muy lenta y muy dolorosa.

 

Y llegamos a hoy. Unos días atrás, solo unos días, comenzaron unas revueltas en varios países árabes. Yo no poseo la información de quién mueve los hilos de los rebeldes, pero me encanta que un pueblo decida deponer al dictador de turno ¡aprende Cuba! Y que tengan los santos bemoles de no escuchar los cantos de sirena de sus promesas dictadas por el horror de verse fuera de la poltrona; véanse la que hizo el mismo Gadafi de subir un 100% el sueldo de todos “sus” empleados, por poner un ejemplo, del que, en la oficina nos hicimos eco y nos reíamos con el chiste que nos supuso esta información. Pues bien, los dirigentes de Túnez y Egipto, en los casos más sangrantes, fueron depuestos y huyeron como indigentes, con los oros bajo el brazo, pues sólo riqueza amasaron. Ni un mínimo cariño de su pueblo, sólo terror y riqueza, como buenos dictadores. Y el sinvergüenza de Gadafi no. Este no quiere irse de la poltrona y paga a quien esté a su favor. Con las consiguientes filas en las puertas de las sucursales bancarias. Da armas a todo aquél que quiera matar a un rebelde. Y plantea una guerra civil.

 

http://laiguana.blogspot.es/img/Gasolina.jpg 

 

En ese mismo instante, aunque esto sea otro cuento, viene otra vez la picaresca española, esta vez  estatal, y demostrando la oligarquía y la dictadura de los monopolios en que vive sumida esta triste nación, las gasolineras deciden subir el precio de su combustible (da igual diesel que gasolina) ése que compraron hace unos meses, semanas o días a X dinero y que ahora lo suben un 150% sin el menor escrúpulo y que nosotros pagamos sin decir ni pío. Pasa lo mismo con el cuento que nos hicieron con las telecomunicaciones, farmacéuticas, eléctricas. Todos los suministros españoles están en manos de monopolios y oligarquías destinadas a sangrarnos. Total, el otro día ganaron el Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona, con eso está todo bien. Panis et circensis, que decían los romanos, pues eso. Ah, y todavía no sabemos cómo se llama el hijo de Bardem, algo realmente importante para la vida media española.Disculpen el paréntesis patrio, pero es algo que me tiene muy calentito. Y, en lugar de tener en cuenta los ejemplos tunecino y egipcio, cogemos y les seguimos votando. Diremos, en ese dicho tan español, “total, para que nos robe otro...”

 

http://laiguana.blogspot.es/img/ZapateroyGonzalez.jpg 

 

El caso es que Gadafi plantea una guerra civil a los rebeldes que se le opusieron. La ONU y los EEUU que, desde que están gobernados por Barak Obama, son poco menos que los grandes artífices de la paz global, el planeta ha dejado de calentarse, los muertos están tranquilos en sus tumbas y los pobres ya no son pobres. Deciden enfrentarse al trasunto de Michael Jackson con botox hasta en el prepucio. Además, con ese altruismo que le caracteriza a la ONU, se han debido percatar que en Libia hay petróleo, así que nada a meterle unos tomahawk en el palacio de Gadafi. Y dicho y hecho. Así que estamos sumidos en una guerra en la que, según varios periódicos, hay tropas españolas (no sé si son barcos, aviones, soldados, porque como aquí la información brilla por su ausencia pues no lo tenemos excesivamente claro) actuando en la zona de conflicto, con lo cuál nos hemos metido de lleno en esta guerra. Y el agorero de turno está diciendo: “Ahora vamos a tener un Afganistán mucho más cerca de nuestras fronteras” Pero es que yo ahora no sé si esto es una guerra o si no lo es. No sé si hay que estar en contra o no. No sé qué es lo que toca. Porque, como Zapatero, que es quien está en el poder mientras Rubalcaba no diga lo contrario, es del mismo partido que Felipe González que es quien gobernaba cuando sucedió la guerra de Irak aquélla que no fue guerra ni nada. Así que, chico, tengo un lío. Me temo que me va a tocar ir a una manifestación en la que vamos a ser no cuatro, si no tres gatos. Si está Sabina le diré que me cante unos versos de esos suyos, pero no sé qué hacer ¿Desempolvo la pegatina o no?

Linda

Linda

Basada en la canción Carne para Linda de Loquillo y los Trogloditas. Para escucharla, pinchar aquí.

 

Iba vestida con unos vaqueros raídos y una camiseta blanca de los Who. Llevaba sus John Smith negras y su foulard rojo al cuello. Un Ipod en el bolsillo interior de una rebeca gris en el que sonaban mezcladas canciones de Los Ramones, The Who, The Clash, Sex Pistols, Siniestro Total, Leño, Rosendo, Loquillo y Los Extremoduro. En su raída bandolera roja se podían encontrar esquelas y periódicos amarillentos además de algún que otro reportaje sobre algún grupo de música que le gustara. Miraba por debajo del hombro de los demás, con esa mezcla de timidez y odio que hacía que sus compañeros de clase la reverenciaran, envidiaran y temiesen a partes iguales. Había algo extraño en su flequillo ladeado y su media melena negra enmarcando unos ojos almendrados y una brevísima sonrisa que afloraba muy de vez en cuando.

 

No solía cruzar palabra con las chicas de su edad, salvo en raras ocasiones y, muy de vez en cuando, se dejaba ver en las clases de gimnasia en pantalón corto. Demostrando que siempre quería tapar sus pálidas piernas. Era una chica, en cambio, muy hermosa. Era delgada, sí y era extraña también, pero hermosa. Tenía una hábil combinación de fragilidad y autosuficiencia que hacía que no supieras cómo acercarte a ella y, mucho menos, entablar conversación. Ya que solía zanjar las charlas con un par de monosílabos y, si la cosa se ponía más complicada, con un par de improperios que conseguían aumentar su fama de inaccesible.

 

Cuando coincidía en el cuarto de baño con alguna compañera de clase, no solía ni darse cuenta, ya que, en el mismo momento en que salía del aula, conectaba su Ipod, y su música conseguía abstraerla del mundo real. Pues bien, sus compañeras miraban sus delgadas, esbeltas y bellas formas con una mezcla de odio y de envidia. Alguna malintencionada comentaba que debía ser anoréxica, como si ella estuviera libre de pecado. Posiblemente si Linda la hubiese escuchado habría mirado, sonreído y se habría largado sin decir ni mú; pero, si no estuviera por la labor de dejar las aguas correr, posiblemente en ese mismo instante, o al día siguiente a más tardar, toda la escuela supiera lo enorme de la talla de vaqueros de la gorda lenguaraz de turno. Lo que ellas no sabían es que ella era de siempre carnívora. Una carnívora convencida.

 

En su casa las cosas no estaban mejor, puesto que su madre. Una mujer abnegada, preocupada y fuerte como solo una madre puede ser. Estaba convencida, como las envidiosas de su colegio, de que esa niña que no salía de su habitación hasta bien entrada la tarde y que nunca comía con ellos, tenía que estar sufriendo algún tipo de trauma a consecuencia de los cambios que estaban produciéndose, desde hacía unos años ya, en el cuerpecito de su niña. Porque, para las madres, una hija, como era el caso de diecisiete años, era una niña. Siempre sería una niña. Pensaba que la anorexia estaba haciendo estragos en el cuerpo de su niña porque la veía delgada, aunque ella nunca se pusiera mala. El padre, torpe, funcional y engañado, como solo los padres pueden ser, y más aún con una niña en esas edades, pensaba que, si estaba fuerte, podría ser delgada pero la niña jamás se había puesto enferma, así que ¿dónde estaba el problema? él no lo veía por ninún lado. Linda nunca había cogido ni un constipado. Así que sí, era delgada y pálida, pero era una niña sana porque no enfermaba nunca y no daba muestras de debilidad de ningún tipo. Eso era lo que le preocupaba al padre. De hecho, la última discusión que habían tenido por la niña fue algo así:

 

-         ¿Has visto a tu hija? – con esa preocupación que tienen las madres.

 

-         Sí ¿Qué le pasa está mala? – Con esa funcionalidad que tienen los padres.

 

-         No, pero es que sigue tan rara... No me habla... No habla con nosotros...

 

-         Cariño, ya no te acuerdas cuando tú eras una adolescente... También nosotros creíamos que el mundo estaba en nuestra contra y la tomábamos contra todo lo que nos rodeaba.

 

-         ¿No se drogará, no?

 

-         Siempre sacas las cosas de quicio. ¿Qué hace tu hija que te extrañe tanto?

 

-         ¿Que qué hace? ¿No la ves? ¿No ves que nunca come con nosotros? ¿Que no tiene apetito? Que nunca nos cuenta nada de su vida. No sabemos a qué se dedica.

 

-         Pues se dedica a estudiar, saca unas notas increíbles, es callada, sí. Siempre fue tímida. Está en una edad muy difícil y, además, es una niña. Las niñas comen menos que los niños, es un hecho.

 

-         Tú siempre te pones de su parte.

 

-         No es ponerme de su parte, cariño, es que tienes unas preocupaciones que no sé yo a qué se deben.

 

-         Es que, cuando voy al mercado...

 

-         No me digas más... Esas envidiosas... El año que viene menos mal que empieza la universidad, porque, además, no sé si no te has dado cuenta que tu hija es la más pequeña de su clase. Eso ha sido así toda la vida. Se ha defendido siempre ella sola... Me hubiera gustado, por una vez, que ella estuviera delante cuando te digan algo de ella, las madres de esas niñas gordas. ¿Has ido tú alguna vez al colegio? ¿Has visto en los festivales cómo los niños se rifan el bailar con tu hija? ¿Harían eso con una niña rara? De verdad, cariño, no hagas caso a esas catetas, por favor.

 

-         Ya, pero me cuentan que sus hijas les han dicho esto y lo otro... Además, Linda anoche no estuvo en su habitación...

 

-         ¿Desde cuándo espiamos a la niña? Vamos a ver, Carmen, tendrá un noviete y se escapará con él por las noches, se darán besos y se contarán sus penas... No te preocupes... Y a esas petardas tú les dices que tu hija es autosuficiente y no necesita que la defendamos todo el día ni que la tengamos que reforzar en sus convicciones. Es una niña fuerte. Y, cariño, hazme el favor de no llorar, que Linda es lo mejor que nos ha podido pasar en la vida.

 

-         No, si no es espiarla, pero a veces no puedo dormir y oigo cómo se abre su ventana. Probablemente tienes razón, Paco, a veces me dejo llevar por la envidia... Será un noviete, mi hija con su primer noviete ¿no te gustaría saber quién es?... A mí, que me hubiera gustado ponerle lazos y flores y verla con vestidos... Y ahora con un novio que no conocemos...

 

-         Dale tiempo al tiempo, por favor, que es una chica buena, con otros gustos, pero es fantástica... No te preocupes, mi amor, hazme caso que Linda es maravillosa. Cuando ella considere que su relación es lo suficientemente firme será cuando decida traer el chico a casa, no te comas la cabeza, anda Carmen. No permitas que te engañen esas gordas envidiosas.

 

-         Está bien Paco -con esa abnegación que tienen algunas esposas.

 

En las mañanas no solía levantarse hasta bien entrado el día, por lo que nunca solía desayunar con sus padres. Desde que su madre le dijo al padre que la niña se las veía con un novio, eran más condescendientes, sobretodo él, con sus salidas nocturnas. Así que se levantaba con el tiempo justo, se tomaba un vaso de agua y se largaba al colegio deprisa, poco más o menos que su madre la veía el trasero antes de cerrar la puerta tras de sí, sin, siquiera, mirar atrás. Esa era la dieta que la veían hacer sus padres a diario. La dieta que hacía que su madre estuviese preocupada. Luego, Linda hacía lo posible por llegar tarde y, de este modo, no cenaba con ellos. Cuando ella no escuchaba ningún ruído en la casa, tras haber anochecido, se podía escuchar cómo, sigilosamente, abría la ventana de su habitación y salía al calor de la oscura noche.

 

Cuando tenían que ir a alguna comida familiar, aunque ella se prodigaba poco porque buscaba excusas más o menos plausibles. Aunque cada vez se hacía más difícil poder saltarse las comidas familiares. En dichos eventos, a veces accedía a tomar algo de sopa, un poco de pescado o de carne, pero poco más. Comía variado, eso sí, poco pero variado, por aquello del qué dirán. Miraba con tranquilidad a todos los comensales y parecía que los estaba escrutando, lo que al novio de Míriam, su prima mayor, le ponía nervioso y podía ver cómo cuchicheaba con su prima diciendo: "¿Ves? ya está la loca de tu prima" Míriam se reía por lo bajini y le daba un golpe cariñoso. Casi siempre, las comidas familiares acababan igual: sus tíos le decían que tenía que comer algo más; ella les sonreía, les decía alguna gracia y se iba tranquilamente. Como era la menor de sus primos y ellos, al verla tan rara y ser más mayores, se largaban pronto con sus amigos sin decirle nada, ella se quedaba sola. Cosa que agradecía, así no tenía que negarse ni poner ninguna excusa, así que se ponía su música y se largaba tranquilamente caminando.

 

Al finalizar el colegio, la invitaron a la fiesta de fin de curso, al menos quince chicos de su edad. Todos los más populares y más solicitados por las compañeras de Linda, lo que llenaba de envidia y odio a sus compañeras. Ella los miró a todos y accedió a ir con el más pálido, desaliñado y de peor aspecto de cuantos solicitaron su compañía. Dejando al resto de chicos que se tenían por bien guapos, no en vano eran los que más éxito tenían con las chicas de su clase, terriblemente extrañados. Todas sus compañeras se preguntaban si tramaba algo; porque Linda no podía hacer nada sin que el resto de compañeras tuvieran la certeza de que era sospechoso. Según ellas, si iba con una camiseta de Los Sex Pistols, significaba que estaba de mal humor; eso lo habían decidido ellas. Pero a Linda el qué dirán le importaba más bien poco. Así que accedió a ir con Marcos, el chico más delgado y pálido de la clase de al lado.

 

Llegó el baile, que hicieron en el gimnasio del colegio, y se pusieron a bailar todos. Linda no bailaba, lo que hacía que Marcos estuviera algo incómodo, porque se había puesto lo más guapo posible ¡hasta se había engominado! Cosa que las compañeras se tomaban a risa. Hasta que, en determinado momento, Linda se acercó al DJ y le dijo que pusiera: “Baby, I love you” de Los Ramones, para poder bailar con su chico. Sacó a Marcos a bailar y éste le demostró a los atónitos compañeros que sabía sacar partido a su oportunidad. Linda dejaba que él acercase sus labios a escasos milímetros mirando fijamente a sus ojos, lo que hacía que él se excitara sobremanera. Bailaban sensualmente pero no era nada que el resto de chicos no hicieran, lo raro era la pareja que lo hacía. En un momento de la noche, en la que Linda parecía haber tomado vitaminas, porque se había revitalizado, le dijo al chico que se iba a dar una vuelta. El quiso acompañarla dondequiera que ella fuese.

 

Llegaron a las afueras del pueblo por un camino que Marcos no había sabido que existía. Desde allí se podían ver las estrellas y se escuchaba el mar rompiendo abajo, en el rompeolas. Era un sitio de lo más romántico. Ellos estaban en lo alto de un acantilado dejando que el aire les refrescara las ideas y Linda parecía estar husmeando el aire. El la seguía atónito y vio como llegaba hasta el antiguo faro, en cuyo jardín trasero había tierra removida. Linda, en un susurro y con su leve sonrisa, le dijo: “¿Te quieres acercar un poco más?” y él, atraído por la voz de la chica, se acercó hasta que Linda le besó los labios. El paroxismo del placer le llevó a perder la cabeza hasta el punto que él creía estar volando. Sólo tuvo la certeza de su muerte un breve instante, al darse cuenta que el mar se acercaba vertiginosamente. Ahora lo comprendía todo. Linda le había empujado al acantilado, o quizá no. A lo mejor se había caído mareado al besarla. No sabía. Pero todo se oscureció repentinamente.

 

En ese momento, Linda entró en el faro, cogió una libreta y apunto en ella el punto exacto donde había caído Marcos. Se acercó a un lugar donde había señales de fuegos anteriores y quemó varias páginas amarillentas con esquelas en las que los nombres estaban tachados con rotulador negro. Vio cómo se consumía el papel y dejó que se extinguiera el pequeño fuego desmenuzando cada hoja de papel con un palo. Con total normalidad, abrió una pequeña nevera y extrajo un brazo humano, que empezó a comer con total avidez. De vez en cuando, entre bocado y bocado, se acordaba de algún familiar, o compañero enfermizo y le brillaban los ojos. Marcos no había sido más que un "daño colateral" tenía que hacerse con un chico débil al que pudiera tirar fácilmente al acantilado. Además, apenas quinientos metros más allá, es donde iban las jóvenes parejas a retozar. Cuando ese pensamiento se consumió como las esquelas en el fuego, volvió a concentrarse en el sabor salado de la carne del brazo que estaba comiendo. Cuando lo hubo terminado, guardó los huesos en su bandolera y se largó no sin antes mirar que ya no quedara ningún resto de Marcos. Se acercó a donde las basuras del pueblo eran depositadas y tiró los huesos de la carne que había comido, allí pasarían desapercibidos entre la basura. En aquél faro solían pasar la noche algunos mendigos a los que no se les volvía a ver jamás. Nadie les echaba de menos y ella, en sus felices noches, se comía con total placer la carne de los muertos.

 

Así, llegó hasta el lugar desde donde pudo ver a varias parejas en coches y directamente en el prado retozando tranquilamente. Se alborotó el rostro y se tuvo que esforzar por tirar una roca por el acantilado con cuidado de que nadie la viese. Y nadie la vio, estaban absortos en sus besos y sus caricias. Así que, tras un inmenso esfuerzo, tiró la piedra e intentó llorar cuando lo consiguió, empezó a gritar salvajemente ¡Marcos! Se ha caído... Marcos, Noooo. Varias parejas la oyeron y se acercaron. Al preguntarle, se pusieron a buscar con la mirada y alguien llamó a la policía. Pero Linda no había sido, pobrecita niña, ella no podía haber tirado al chico por el acantilado. Ella siguió disimulando su dolor varias semanas, pero seguía largándose por la noche a comer su carne de los muertos. Disfrutando su alimento. Con eso es feliz. No necesita nada más.

Fulanitas de tal

Fulanitas de tal

 

http://laiguana.blogspot.es/img/Cervezas.jpg 

 

Hubo un tiempo en mi vida, imagino que como en la vida de todos, en que mi vida era una fiesta. Una fiesta continua. Iba al colegio, la universidad o al trabajo y estaba deseando que llegara el fin de semana para reunirme con mis amigos. Normalmente, quedábamos los jueves para salir a tomar algo por ahí “en plan tranqui” cómo solíamos decir, aunque muchas de aquéllas veces termináramos a las seis o siete de la mañana, llegáramos a casa justo para ver a nuestros padres levantándose, nos metiésemos en la ducha, por aquello de qué dirán y nos volviésemos a vestir para ir, de nuevo, al trabajo, universidad o clase.

 

http://laiguana.blogspot.es/img/Botellon.jpg 

 

Lo normal era que al día siguiente, que ya empezaba el fin de semana, quedásemos para hacer botellón. Nos íbamos unos cuantos a comprar la bebida y, normalmente quien iba tenía la oportunidad de comerse una hamburguesa antes de volver a hacer el botellón. Se compraba una botella de alcohol para cada tres y luego se tenían en cuenta las pamplinadas de cada uno. “Oye, Emilio, estáte al loro que Inma quiere coca light” por poner un ejemplo y se le compraba o, si el presupuesto era escaso, se le decía que se nos había olvidado. Así que, una vez comprada la bebida, nos reuníamos en un descampado que había al lado del castillo de la Alameda y nos poníamos a beber, poniendo música en el coche, o no. Para, posteriormente, salir de copas por Madrid. Ir a beber, sobretodo, ligar, en raras ocasiones, a bailar y reír. De hecho, recuerdo un jueves memorable en el que había unos americanos en el bar donde solíamos ir y les preguntábamos literalmente: “Do you wanna ser my friend?” nos hacía gracia, les hacía gracia y nos reíamos todos.

 

http://laiguana.blogspot.es/img/Cubatas.jpg 

 

Salíamos al garito de turno, en aquél entonces el garito en el que siempre se nos podía ver era uno llamado “Gatsby” y hacíamos lo que solíamos hacer: seguir bebiendo, reírnos a mandíbula batiente y bailar. De hecho, nos poníamos a hacer el imbécil encima de la tarima donde bailaba la gente y el resto del público se bajaba y se congregaba abajo para vernos bailar, lo dicho, haciendo el imbécil. Así nos daban las siete de la mañana, volvíamos a casa, dormíamos, quedábamos para el aperitivo y volvíamos a empezar de nuevo, para el Domingo, religiosamente, ir a jugar los partidos de fútbol sala, en algunas ocasiones íbamos borrachos, en otras habíamos dormido una hora escasa, en otras... Pero bueno, el caso es que jugábamos, ganábamos o perdíamos y, de nuevo al aperitivo y, después de tomarnos unas cañas rememorando lo acaecido en las noches de jueves, viernes y sábado, íbamos a un bar en el que veíamos el fútbol para, como decíamos nosotros: “hacer el previo del partido” que consistía en una partidita de mus y unas cervezas antes de ver el partido de rigor.

 

Bueno, pero este relato lo he empezado para dar las gracias a esas mujeres de rostro difuminado, a las que difícilmente podría reconocer por la calle, cuyas curvas no sé muy bien cómo eran y en cuyos labios he depositado más de un cálido beso. Flacas, mis preferidas, gordas, las que me preferían, y mujeres, al fin y al cabo, de las que, si me cruzo con alguna, no tendría la menor idea de quiénes son. Pues bien, esos recuerdos etílicos, casi siempre a oscuras, borrosos y que me despiertan una sonrisa en los labios, son para ellas. Para esas chicas borrachas o no, guapas o no, daba igual, que se acercaban a nosotros y nos prodigaban sus sonrisas, su atención y sus besos. Porque poco más sucedía, porque poco más podía suceder y porque uno, con tal tasa de alcohol en el cuerpo, sería un fenómeno si hubiera podido hacer algo más.

 

Pues a todas esas fulanitas de tal, porque eran fulanitas en el sentido de que, por una copa que las invitaras y, a veces, ni eso, se te abrazaban, te besaban y te robaban alguna caricia bajo la ropa. Recuerdo el momento de despedirme de alguna de ellas como algo atropelladamente torpe.

 

-         Bueno, nos llamamos o algo.

-         No, no te preocupes, si nos volveremos a ver por aquí.

-         Ah, pues me parece bien, aunque yo he venido porque era una fiesta de mi facultad.

-         Vale, no te preocupes, ya sabes, si vienes, te estaré esperando en la barra de abajo.

-         De acuerdo.

-         Ciao.

-         Ciao.

 

Más o menos algo así eran las despedidas, acto seguido, si no recordabas muy bien cómo era la chica porque el alcohol te incapacitaba para recordarla al día siguiente, con la misma ropa, en una rueda de reconocimiento, al día siguiente estabas deseando contárselo a un colega. Bueno, mejor dicho, que te lo contara el colega que no bebía o el que estaba más sobrio en ese momento. Le preguntabas ávidamente, ¿cómo era? Y, podían ocurrir dos cosas:

 

a)      te contestaba: Fea. A lo que, todas las veces que ocurriera, contestabas: “joder tío, estaba tan borracho... poco menos que me violó...”

 

Tu amigo normalmente se hacía el loco porque te había visto suplicarle un beso durante tres horas, pero bueno. Por eso somos amigos ¿no?

 

b)      te contestaba: Guapa, tío, era una tía muy guapa. Y contestabas: “Si, bueno, no estaba mal” mientras pensabas: “mierda y no le pedí el teléfono”

 

Porque en aquél entonces no había aún móviles o eran tan grandes que era un coñazo llevarlo.

 

http://laiguana.blogspot.es/img/Barbies.jpg

 

Así que, a todas esas mujeres, que a mí me gusta recordar como pequeñas barbies a las que les servimos para apaciguar su calentón, tanto como ellas nos apaciguaron el nuestro. Desde aquí quiero decirles, que, si bien no tengo ni la menor idea de quiénes son, no pasa nada. Las recuerdo con cariño y amnesia. Pero con más cariño. A todas ellas, gracias.

¿La mejor liga del mundo?

¿La mejor liga del mundo?

 

http://laiguana.blogspot.es/img/LFP.jpg 

Ser aficionado al fútbol hoy en España es algo muy triste. A no ser que seas del Real Madrid o del Barcelona. Si hace años los socios y directivos de otros clubes se sentían molestos porque la liga era cosa de dos, ahora esa afirmación se hace, si cabe, aún más evidente. Porque tanto Real Madrid como Barcelona son los dos equipos más importantes del panorama futbolístico español. Del Nido, presidente del Sevilla, junto con algún otro presidente que también lo dice, con mayor o menor claridad, denuncia la injusticia que supone que las televisiones paguen más a estos dos clubes por derechos de imagen que al resto. Lo que no se da cuenta este señor, es que, ambos clubes, son los que despiertan una mayor demanda en el consumidor medio. Amenazan, sin pensarlo mucho tampoco, con hacer una liga paralela. Digo sin pensarlo mucho, porque desde hace tiempo se está gestando una Superliga europea. Lo que dejaría mortalmente heridos a otros clubes de menor presupuesto, historia, masa social y demanda televisiva. Por lo tanto, sería una mala solución para equipos modestos, que se hiciese la Superliga y sería un despropósito que se pagasen exactamente los mismos cánones televisivos a todos los clubes, porque, tanto Real Madrid como Barcelona serían los más demandados por el espectador. De modo que, también así, saldrían perdiendo el resto de equipos.

 

Puesto que los grandes clubes no están dispuestos a renunciar a las gallinas de los huevos de oro en que se han convertido los contratos televisivos, mucho me temo que la medida dirigida por Del Nido con el beneplácito de algún que otro presidente de otros clubes, no sería bien vista por los dos grandes dinosaurios de la liga española y provocaría, probablemente, la implantación de la Superliga europea. Porque, claro está, los ingresos por los contratos televisivos suponen un enorme beneficio en los clubes. Además del resto de partidas que les surten de liquidez, como pueden ser los contratos por publicidad (hemos visto cambiar del aplaudido UNICEF al mundial de Qatar por un quítame allá unos milloncejos, o cómo, por poco deportivo que sea, algunos clubes, como el Real Madrid, son patrocinados por casas de apuestas); también los derechos de imagen generados por los jugadores (ambos clubes son los que cuentan en sus plantillas con mayor número de estrellas de toda la liga y de parte de Europa y que, además, en el caso del Real Madrid repercuten un porcentaje de esos derechos en el club, cuestión que desconozco si es igual en el Fútbol Club Barcelona); o las cuotas sociales (tanto Real Madrid como Barcelona son los dos clubes con mayor masa social) y los traspasos millonarios de sus estrellas. De las que, dicen por ahí, también se lucran los representantes de los jugadores.

 

Tanto el Barcelona como el Real Madrid tienen muy claro que los beneficios futuros pueden venir de las arcas orientales o americanas, lo que hace que ambos clubes (y, en menor medida otros clubes de menor calado tanto nacionales como extranjeros) han decidido hacer caja en verano. Dando lo mismo si es bueno o no para la preparación de los jugadores; para la planificación de la temporada deportiva y, por supuesto, primando lo económico sobre lo deportivo. Porque, de este modo, se pueden abrir las arcas televisivas de aquellas latitudes. No en vano, ya estamos oyendo hablar tanto a Florentino Pérez como a Sandro Rosell de la conveniencia de jugar partidos a las 15:00 horas, de modo que, por ejemplo, en China se puedan ver en directo los partidos de fútbol. De modo que, el pingüe beneficio que consiguen de las televisiones patrias les parece poco y van queriendo acaparar más y más para conseguir también saquear las arcas de los países orientales y de EEUU. 

 

http://laiguana.blogspot.es/img/Futbol2.jpg 

 

Lo que no tengo muy claro es que ese beneficio sea para el club o que estos grandes empresarios, que no dirigentes, busquen algo tan legítimo como inmoral a los ojos de un aficionado a un club de fútbol; como es el lucro personal. Porque, yo no lo sé, pero lanzo esta pregunta al aire ¿cuántas obras concedidas tiene ACS que es la empresa regentada por Florentino Pérez en China, por ejemplo, desde que el Real Madrid en su primer mandato iniciara las giras asiáticas? Y he escuchado que el señor Rosell tiene también algún que otro trapo sucio que tapar de no sé qué negocios turbios en Brasil y, tanto él como Laporta, tienen intereses con unos representantes u otros, por lo que sólo hacen negocio con determinados jugadores que llevan determinados representantes. Imagino que esto será práctica habitual. Pero no es un práctica muy ética que digamos, por lo que espero que, si no los hay, se habiliten jueces, abogados, fiscales y juzgados de lo deportivo que conocieran de los casos acaecidos en el deporte, no sólo a nivel de doping o de violencia dentro y fuera de la cancha, sino también a nivel directivo y, si alguien tiene alguna sospecha de que tal o cual directivo tiene prácticas “extrañas” en la dirección de su club, pueda ser denunciado y, si llega el caso, juzgado y sancionado.

 

http://laiguana.blogspot.es/img/Futbol1.gif 

 

Espero y deseo que se tomen medidas oportunas. Empezando por hacer como en la NBA que los equipos tienen determinado cupo para cubrir con jugadores “franquicia” y, a partir de ahí, hacer sus plantillas con uno o dos. Del mismo modo que, si bien nadie está en contra de la ley Bosman, no estaría mal que se limitara su uso a tres extranjeros, como era antes por equipo, de modo que así se tendrían que poner el acento en las canteras. Como sucedía en los años ochenta con el Madrid y la famosa Quinta del Buitre y ahora con el Barcelona. En aquél entonces solo se tenían tres extranjeros por plantilla y eran importantísimas las canteras. La cima de la cantera en el Barcelona quizá la están viviendo ahora y en el Real Madrid fue en el año 80-81 en que la final de copa del Rey fue Castilla - Real Madrid. Y, por último, pagar exactamente lo mismo a cada club por partido televisado y tener una cuota de partidos anual donde todos los clubes sean televisados el mismo número de partidos en abierto. Evidentemente en pay per view tendrían las de ganar los dos clubes más importantes de España. Pero, es que, ahora la liga no es, ni mucho menos, la mejor liga del mundo porque una liga en la que el título se logra en los partidos directos entre los dos máximos aspirantes a la liga y en la que el número de partidos perdidos por el campeón es dos, por definición es una liga lamentable. Así que hagan algo para democratizar la liga.

El cinco de copas

El cinco de copas. Una nueva muerte.

 

http://laiguana.blogspot.es/img/5copas.jpg 

La mañana era gris, de un gris luminoso propio de un día de lluvia. Un aguacero que, tenuemente, caía sobre Madrid. Era una lluvia ligera que garabateaba las vistas del hermoso cielo de la ciudad. La gente caminaba apresuradamente para intentar librarse de las gotas de agua. Mujeres con paraguas miraban ilusionadamente los escaparates de las tiendas de la calle Goya. Hombres trajeados, también con paraguas, se detenían a mirar las portadas de los periódicos en los quioscos de prensa. Toda la ciudad mantenía su latido intacto, seguía la vida al mismo ritmo de siempre. Aunque, por la lluvia quizá, todos los movimientos de gente parecían más veloces. Los mendigos seguían pidiendo la limosna que religiosamente pagaban los viandantes. Estos mendigos sabían a ciencia cierta cuáles eran los puntos más fructíferos para su recolecta de ayudas. De hecho, en la puerta de la iglesia de la Concepción, había dos indigentes que estaban tratando de librarse del aguacero. Las cornisas de la iglesia les parapetaba del orvallo que caía. Los magníficos portones de la casa de Dios estaban abiertos para todo el mundo, como es natural. Dentro, unas ancianas estaban arrodilladas en los reclinatorios de los bancos de madera, pasando suavemente las cuentas del Rosario que rezaban como autómatas, entre sus marchitos dedos. Un murmullo invadía el silencio reinante. Era un silencio atronador en el que relampagueaban, de vez en cuando, los murmullos monocordes de las devotas mujeres. El olor de la cera ardiendo se posaba sobre cada rincón de la iglesia. Sus minúsculos puntos de luz centelleaban por toda la nave. Los pobres rayos de luz luchaban contra la penumbra, dibujando reviradas sombras grotescas en el suelo. Un monaguillo, ayudante del sacerdote, limpiaba con pasión las herramientas de trabajo de un buen cura. El altar, deliciosamente adecentado, resaltaba sobre cualquier otro punto del templo mientras destellos dorados hacían girar la cabeza hacia el maravilloso retablo. Las gotas de lluvia se precipitaban sobre los cristales de las ventanas produciendo un repiqueteo continuo que acompañaba rítmicamente las oraciones de las ancianas. En toda la iglesia imperaba una tranquilidad pasmosa.

 

Esa tranquilidad se vio aniquilada en el momento en que se abrió la puerta. Una claridad gris se apoderó de todas las sombras que se esparcían por el suelo. Las llamas de las velas bailaron conjuntamente la música inaudible, cantada por la brisa que penetró, cercenando la vida de algunas de las lucernas más cercanas a la puerta. Las ancianas se sobresaltaron y cesaron en sus oraciones, algunas de ellas se levantaron de su postración. Los murmullos se callaron y dieron protagonismo a unos apresurados pasos que semejaban el ritmo del latido de un inmenso corazón. El eco de los cojos zapatos aplacó toda la salvaje quietud que se había impuesto en el templo. El ayudante del cura giró su cuerpo tambaleándose mientras sus abultados ojos no distinguían la figura que se recortaba contra la dolorosa luz que se derramaba por la puerta. De improviso todo volvió a la calma, la puerta se cerró de un portazo. Reverberó la sombra de nuevo liberada. Pero una nueva sombra se movía confundiéndose con las otras más intrincadas y volubles. Era una sombra alargada que pugnaba con las demás por hacerse la dueña del suelo. Se retorcía impasible mientras avanzaba, a paso acelerado por toda la sala.

 

El monaguillo, cuando sus ojos se acostumbraron de nuevo a la sombra, se sorprendió al ver la majestuosa figura del hombre que se le acercaba. Aunque mal vestido, llamaba la atención su compostura y gran elegancia en sus movimientos. Llevaba un apolillado gabán sobre un jersey de punto rojo y unos pantalones vaqueros. Calzaba unas zapatillas de deporte y llevaba en la mano un raído paraguas con las varillas oxidadas. Bajo el brazo portaba un sobre con algunos folios garabateados, en cuyo exterior –y con rotulador rojo- había escrito un nombre: Don Antonio. Era, Don Antonio, el cura de la iglesia de la Concepción de Madrid y antiguo compañero, en el convento donde habían recibido sus votos. Se acercó, refrenando su paso y persignándose, mientras le dijo al muchacho:

 

-         ¿Dónde está don Antonio? –Con una voz gutural que denotaba el cansancio que padecía el hombre cojo.

-         Debe de estar al llegar, si quiere puede pasar a la sacristía y le espera usted allí. –Le hizo un gesto con la mano, mientras le escrutaba con el rabillo del ojo.

-         No, déjalo, no me vendrá mal rezar un poco. Además, creo que me sobra el tiempo. –Dijo , como anhelante, mientras miraba de reojo la puerta de la iglesia.

-         Pues, ya le digo, don Antonio tiene que venir enseguida, ha ido a hacer unas gestiones. –Se sonrió el muchacho al escucharse decir semejante estupidez.

 

Qué es una gestión, pensaba, cualquier cosa que se vaya a hacer. Mientras, vio cómo, sin que casi hubiera podido darse cuenta, el hombre que acababa de preguntar por el sacerdote, se había sentado en un banco alejado de las señoras que rezaban. Después de depositar cuidadosamente el legajo en el banco, se arrodilló y empezó a mover la boca de un modo casi imperceptible.

 

Las sombras le ocultaban la mitad del rostro, al postrado caballero. Tenía la cara alargada, tanto que parecía un inmenso pasillo de sufrimiento y pesar, pues, aunque joven, unas profundas arrugas le horadaban la cara. La nariz aguileña y afilada se dejaba caer sobre su poblado bigote. La nuez abultada y quejumbrosa remataba la profusa invención de ángulos que iluminaban al extraño. Nadie le conocía en aquélla iglesia, pensaba, así que un rato de descanso no le vendría mal. Tenía que ver a su antiguo amigo, pues sólo un sacerdote que todavía estuviera en activo podría ayudarle a confesar sus pecados. Quería quedar en paz con Dios, pues sabía que estaba a punto de morir. Lo comprendió cuando le llegó una incompleta baraja de cartas a su casa.

 

Las sombras se agitaron de nuevo. El velo de tranquilidad que reinaba en la iglesia volvió a verse aniquilado. Esta vez los pasos fueron más presurosos y el hombre arrodillado seguía rezando haciendo caso omiso a los recién llegados. Las sombras danzaron con un ritmo incesante y macabro. La luminosidad de algunas de las velas que permanecían encendidas dejó de existir. El monaguillo miró con los ojos crispados a los dos recién llegados. Eran un hombre y una mujer vestidos de negro y que se dirigían presurosamente hacia el hombre arrodillado. El monaguillo no podía ver sus caras. Solo percibió un leve movimiento en los labios, producto de sus rezos, del hombre que le acababa de preguntar por Don Antonio. Cuando los dos recién llegados estuvieron a la altura del beato, éste, sin dejar su postura arrodillada y clemente, preguntó con una voz crispada que se hizo audible para todos los feligreses: “¿Es la hora?” Un leve movimiento en los labios de la mujer y el hombre arrodillado alzó los brazos en cruz y alzó la cabeza al cielo, dejando que su frente fuese un blanco perfecto. Sin dejar de mirar el crucifijo que pendía sobre el altar murmuró: “Esto es hecho, Señor”. Un brillo metálico aterrorizó al monaguillo que se quedó echado en el suelo, bajo la protección del altar, cuán largo era. Al ver el revólver no pudo contener sus intestinos y un ruido gutural salió de sus entrañas. Un sonido seco y profundo como un trueno llenó la estancia. El resplandor del disparo iluminó la cara del Cristo. Las plañideras se sobresaltaron y callaron sus rezos. Los recién llegados giraron y, tras lanzar algo al suelo, se marcharon como habían venido. Nadie supo ni siquiera exhalar un suspiro de angustia. Y el hombre yacía muerto en el suelo. Al acercarse al cadáver pudieron ver nítidamente que a su lado había un naipe. Un inocente cinco de copas.

Albergado en:blogspot.es

Noticias: Noticias

Contador gratis contadorplus.com