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Auscultando la crisis

Escrito por laiguana 28-11-2012 en General. Comentarios (0)

Auscultandola crisis

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Comotodo el mundo, cuando decido ir al médico es porque me encuentro mal. Porque lonecesito. Una valoración suya, pienso, puede hacer que el malestar que sientose vaya a hacer gárgaras. Es decir, porque necesito curar mi dolencia. Sinembargo, también puede pasar que ese médico se equivoque. Que para curar unacosa te provoquen otro mal. Puede pasar que haya médicos que confundan eldiagnóstico. Otros confundirán el tratamiento. Por dicho error ya sabemos quiénes el que se irá al hoyo. Como previamente le harán firmar un papel que digaque les exime de toda responsabilidad en caso de defunción, aquí paz y despuésgloria. Y usted, querido amigo, se va al hoyo.

 

Pero¿Qué es peor? ¿Un médico que yerra el diagnóstico? O quizás uno que acierta eldiagnóstico pero no el tratamiento. Atendiendo al resultado, dará igual. Se hamuerto. No importa que digan que han tenido buena intención si ha fallecido.Imagino la escena con usted de cuerpo presente y su mujer inconsolable. Nollore señora, dice el galeno, mi intención era curarle, pero se ha muerto. Y larespuesta resignada de su esposa. Me he quedado sin marido, pero como ha sidocon buena intención, no se preocupe usted. No, la buena intención no salvavidas. Como la buena intención no vence a la crisis.

 

Comparandomedicina y política, el paciente sería España. No en vano, hemos visto que unoserraban negando reiteradamente el diagnóstico; y otros, aún con el diagnósticoacertado, no han sido capaces de dar con el tratamiento y, consecuentemente, entrambosprovocaron paro, miseria, rabia. Y no se ve luz al final del túnel.

 

Lapolítica es el ejercicio de gestionar unos recursos, obtenidos de los impuestosgravados, para conseguir un beneficio común. Los partidos no son capaces de trabajarunidos. Arrimar el ascua a su sardina. Se critican entre ellos. Yo no haría loque usted hace, se dicen. Yo no me dejaría influir por Europa. Cualquier Gobiernotendría que hacer caso a las directrices europeas. Como ya hicieron unos yhacen ahora otros, discutiéndose antes a unos y ahora a otros, la mismadecisión con idéntico reproche pero, dependiendo del partido que seas, éste sehace al gobierno pasado o al actual. Si el problema es económico ¿porqué norecortar en gastos superfluos?

 

Laclase política sólo quiere mantener su status ¿de qué otro modo pueden explicaruna política de recortes siempre en la misma dirección? ¿Porqué no eliminan atanto asesor y tanta duplicidad de competencias? ¿O poner un salario máximo atodo alto cargo público? ¿Y luchar contra el fraude fiscal? Aunque todos tengancompañeros implicados. ¿Qué me dicen de eliminar partidas presupuestarias buscandola autofinanciación de sindicatos, partidos políticos y demás instituciones? Noes necesario un cambio de gobierno, sino un cambio de sistema que evite elduopolio político que nos ha llevado a esta debacle. El problema es que parapoder llevarlo a cabo, es necesaria una alternativa de gobierno que vaya enesta dirección. Un gobierno de ciudadanos. Porque todos hemos visto abienintencionados que, como en el cuento de Orwell, al final el poder corrompióy les convirtió en lo que odiaban.

Quevedo desahuciado

Escrito por laiguana 21-11-2012 en General. Comentarios (0)
Quevedo desahuciado
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Fue la noche del Domingo. Estabaleyendo tranquilamente a Quevedo. Concretamente su Hora de todos o la fortunacon seso. Mientras, mi hijo dormía en su cama y mi mujer estaba a mi ladorecostada en mi hombro. Leía la hora XIX que es la hora del letrado y loslitigantes. Cuando Don Francisco dice eso de: “…en los pleitos lo más barato es la parte contraria, porque ella pidelo que pretende que le den, y lo pide a su costa ,y v. m. por la defensa, pidey cobra a la nuestra…”  Me acordé dela nueva normativa de las tasas judiciales y sonreí. Porque ahora la justiciano va a ser para todos. O sí, porque será para todos los que puedan pagarla. Devez en cuando es tremendamente esclarecedor releer a los clásicos. Además, estoyen una fase de mi vida en que me hastían las mediocridades. Las detesto. Aunque,cuando lo que impera es precisamente la mediocridad, ir releyendo a losclásicos es el mejor remedio.


Digo que estaba leyendo el librode Quevedo cuando comenzó en la televisión un programa de denuncia social, quetiene un éxito mayúsculo. Mi mujer y yo solemos verlo tras la cena,tranquilamente. Hasta que ella se queda dormida y, normalmente, a mí se mecierra el libro. Nunca me quedo dormido en el sofá. En esas estaba cuando, allevantar la vista, vi rotulada en televisión la palabra “deshaucio” escrita mal,como casi siempre. Si alguien se molestase en hacer saber que el verbo desahuciarse forma con el prefijo des, queimplica negación, y ahuciar en sumodo sustantivo (siendo la forma contraída de afiduciar, que proviene defiducia o confianza) se escribiría correctamente la palabra desahucio. Ese detallehizo que prestase más atención a la televisión. Al escuchar a la representantede la asociación de afectados por la hipoteca, me puse a ver el programa.


Se cometen varios errores alhablar del tema del desahucio. Por ejemplo, se dice que las entidades noconceden daciones en pago. No es cierto. En la que yo estuve se concedían. Apesar de no existir legislación al respecto. Incluso asumiendo una quita, quesuponía una pérdida para la entidad. Por lo que supongo que algún otro bancotambién lo haría. Luego, la representante de la asociación, dijo solicitar alos partidos políticos que hicieran una ley de dación en pago porque dichalegislación no existe. En eso sí que tiene razón porque aún no se hanormalizado ese extremo. Otro error es comentar que la entidad se queda la casapor el 50% de su valor. Argumento repetido muchas veces. No es así. Lasentidades se tienen que adjudicar la vivienda habitual del deudor como mínimopor el 60% del valor de tasación a efectos procesales, valor que no tieneporqué coincidir con el de tasación de mercado.


La conclusión a la que se llegano es discutible. Es indudable que los desahucios son injustos y se debe acabarcon ellos buscando una fórmula consensuada. Tampoco lo es el hecho de que, losperiodistas, deben ser más cuidadosos a la hora de informar a la gente. Hay queexigirles un mínimo de calidad en los contenidos de sus informaciones. Y, puestoque, además de informar, una de las misiones más importantes del periodismo esla de  ilustrar al ciudadano, se deberíaser más exigente aún con ellos. Pero ahora se compra opinión no información. Sebusca una opinión favorable a quien me paga. De modo que no cuidan suscontenidos pues las ventas están aseguradas a los que comparten su opinióncreada de antemano. Por eso, cuando veo que se siguen cometiendo los mismoserrores y que no se busca informar e ilustrar al ciudadano sino lo contrario,apago la televisión y abro un libro. De los clásicos, por supuesto.


En la fiesta también caben las lágrimas.

Escrito por laiguana 15-11-2012 en General. Comentarios (0)

Enla fiesta también caben las lágrimas.

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Al principio de estasfiestas todo son saludos, sonrisas y más sonrisas. Es el cumpleaños de Adrián,un amiguito de mi hijo que conocimos en el parque. Allí coincidimos con suspadres haciéndonos amigos y así formamos un grupo.

Por lo que, en lafiesta, habrá varios amigos, algún conocido y gente que no conozco. Veo a losotros que están desperdigados por ahí haciendo lo que yo: sonreír y saludarrepitiendo las mismas coletillas una y otra vez. Todo va bien, por supuesto. Anadie le vamos a contar lo sucedido. Todos miramos furtivamente a Luís. Sentadoen una silla, tomando algo y, mientras habla con alguien que no conozco, siguecon la mirada al niño.

Es el primer cumpleañosde Adrián tras la separación de sus papás. Esther, un día, recogió sus cosas yal niño y se marchó con él, dejando sólo a Luís. Así contado parece que es lamala. Estas cosas nunca pasan de un día para otro. Algo debió ocurrir entreellos. Tal vez el desgaste. Siempre he dicho que, cuando una relación se rompe,es culpa de los dos. No me gusta culpar a uno u otro porque sí. Además los dosson amigos y me va a dar pena no verla. Vamos a echar de menos su conversación.Es una chica muy simpática. Pero, para tomar una decisión así, tiene que haberun motivo. Yo pienso que siempre se reacciona ante un estímulo. Y la inquina deesa reacción es directamente proporcional al daño percibido.

Me reúno con Carlos,uno de los amigos, mientras va a rellenar el vaso de su esposa. Dice que ahorano aguantamos nada, por eso se separa la gente. Siempre hay más de lo que se ve,respondo. Hace un gesto con la cabeza y le da un beso a Miriam, su mujer. Ellale devuelve el beso y coge el vaso de coca-cola. Carlos ve a un conocido y sealeja hablando con él. Le doy un beso a mi esposa y alguien me da en el hombropara avisar de que ya se va. Me despido de él y me acerco a coger una cerveza.Dejamos a las chicas sentadas juntas, como siempre. Pronto se les unirá Ana, lamujer de Felipe.

Al fin, entre todo elconfeti, matasuegras y globos, nos sentamos los cuatro. Luís lo está pasandofatal. Intenta ocultar las lágrimas. Disimuladamente bebe y vuelve a llorar.Nos cuenta su versión de los hechos. No va de bueno. Fueron un cúmulo de cosas,nos cuenta. Todo se fue haciendo insoportable. La decisión la tomó él así queeso es lo menos doloroso. Toda separación, decida quien decida, es traumáticapara todos y más si hay niños por medio. De hecho, lo que peor lleva él, es nover al niño.

De pronto Adrián seacerca y, antes de subir a dormir con los abuelos, dice: “Gracias, papá” Luísresponde: “¿por qué, hijo?” el niño levanta una piruleta y dice: “por esto” Luíshace un gesto orgulloso. Finalmente, Felipe propone el brindis que hace siempre:“Por mí y por todos mis compañeros y por mí el primero” Bebemos todos y Luíssonríe diciendo: “Gracias tíos, de verdad” Ahora brinda Carlos: “Por lasiguiente” Luís replica “¿la siguiente qué? ¿la siguiente chica, separación ofiesta?” Se está riendo y nos reímos los demás. Es la una y media por lo quenos vamos, no sin antes, quedar para lamernos las heridas otro día. Quizás elSábado o quizás en la próxima fiesta.

Cómo estar a la última en 15 días

Escrito por laiguana 11-11-2012 en General. Comentarios (0)

Cómo estar a la última en 15 días

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Para estar a la moda no aguante la puerta del portal. Tampoco la sujete para que pase delante una mujer o un anciano. Ni ceda el asiento en el tren a personas mayores o a una mujer que esté de pie. Ni a embarazadas, ni, obviamente, a embarazadísimas tampoco. No sea débil.

Cuando vea a un vecino por la calle, no esbozará sonrisa alguna ni le saludará. Si llueve y usted lleva paraguas. La moda es evitar, incluso a varillazo limpio, que otro alcance un sitio donde cobijarse, sea cornisa o portal. Su objetivo es que se empape. Si además el otro no lleva paraguas será más divertido aún. Tampoco vaya a utilizar un cuchillo y un tenedor correctamente. Tiene que parecer un asesino de película de serie B cuya víctima es un solomillo al cabrales. No se le ocurra entrar en una tienda y decir “por favor” al pedir algo o “Adiós, buenos días” al despedirse. Ni saludar al tendero. Solo faltaría.

Recuerde que, debe desviar la mirada cuando se cruza con alguien conocido, aunque sea de su familia, y gruñir a modo de saludo. Deberá, al entrar en cualquier transporte público, ir corriendo y sentarse raudo. Queden o no ancianos, chicas, señoras o mujeres embarazadísimas de pie. No desvíe la atención de su objetivo. Es su mantra desde hoy: “el objetivo es estar a la moda” Repítalo, sin desmayo, una y otra vez.

No olvide que debe colarse en cualquier lugar y después largarse lo más altivo y desafiante posible. Soltará la puerta del portal cuando vea llegar algún vecino cargado como una mula. Tendrá que colarse en el ascensor. Para lo cual es mejor mientras alguien lo sujeta. Usted dé a su piso y deje con un palmo de narices al vecino de turno.

Grábese en la memoria que tiene que comer como un oso pardo. Porque, si está en un restaurante e intenta comer correctamente, habrá quien le señalará. Dirá alguna gracia al comensal de al lado y se reirá de usted. Probablemente le caerá comida de la boca. Le parecerá una guarrería al principio, pero él está de moda y usted no. Hágalo cuando vaya por ahí a cenar. Repítalo hasta que lo automatice.

El paroxismo llega desde su vehículo. Olvide las normas. Se colará siempre al aparcar y meterá el morro al de delante pitando y dando las largas. Seguramente le gritarán, insultarán y gesticularán. Hágalo, sin miedo, usted también.

Irá con el móvil en la mano. La música a todo trapo y sin auriculares. Así, además de ir a la moda, molestará. Pero debe aprender “net-etiqueta” para usar redes sociales. Así el resto de usuarios no dejarán de seguirle ni asaltarán su “time line” poniéndole a caer de un mega. Ah, y olvide cuánto haya estudiado en bachillerato porque, para estar de moda, ha de ser un completo ignorante. Compruébelo viendo concursos de televisión.

Si sigue estos consejos estará a la última en quince días. Si no, seguirá siendo un ciudadano anticuado, apolillado y obsoleto. Le rechazarán y quedará apartado y seguirá sin tener vida social. Quien avisa no es traidor.

La lógica de los ancianos

Escrito por laiguana 11-11-2012 en General. Comentarios (0)

La lógica de los ancianos

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Siempre me ha fascinado la lógica con que manejan las situaciones los ancianos. Por extrañas que parezcan éstas, ellos sacan a relucir su pragmatismo haciendo cotidiana cualquier circunstancia que pueda darse.

Mis abuelos, por ejemplo, me impresionaban por sus respuestas lógicas, seguras y claras a los problemas, o cualquier otras situaciones, que se daban en mi familia. Es algo que se quedó grabado a fuego en mi memoria y es, además, de las cosas que más admiro en la gente; el pragmatismo y la lógica. Cualidades que también están presentes en los razonamientos que hacen los niños pequeños. Es alucinante la capacidad que tienen nuestros pequeños para dejarnos con la boca abierta.

Un día, tras estar regañando a mi hijo porque no hacía más que correr cuando íbamos de casa hacia el colegio por la mañana, le dije: cariño ¿no estás cansado de correr todo el rato, mi vida? A lo que contestó: “todavía no, papá” y siguió corriendo. Después, ya por la tarde, volviendo del colegio a casa, le tenía que azuzar para que se apresurara porque el niño tenía entrenamiento de fútbol y llegábamos tarde. Al llegar al vestuario, me dijo que no quería entrenar. Pregunté: “pero hijo ¿por qué no quieres jugar al fútbol hoy?” Y me contestó: “papi, es que ya estoy cansado de correr”

 Solía pensar, y además estaba convencido de ello, que estas cualidades las perdíamos en la adolescencia. Hasta que me di de bruces con una situación que me dejó de piedra. No obstante, su recuerdo hace que sonría.

El otro día llegaba a casa después de ir a recoger a mi hijo al colegio y vi a dos chicos de unos catorce años sentados en un banco en el parque que hay al lado de mi casa. Hasta ahí todo normal. El caso es que uno de ellos lloraba como el niño que es, sin poder pronunciar palabra. De hecho, le venía un hipo y hacía unos aspavientos que para qué. Un drama en toda regla. El otro, el colega de turno, le pasaba el brazo por el hombro y le decía lo típico en estos lances; que si son todas iguales; que si no quería seguir con él es porque no era la chica de su vida; que no sufriera que la vida era muy larga, ellos muy jóvenes, y ya encontrarían su amor... Yo pensaba: “están hablando de la chica y del amor de su vida con catorce años” así que fingí jugar con el niño a la pelota y agucé el oído porque yo, para qué negarlo, soy un cotilla. Además, yo también he pasado por situaciones parecidas... ¿Quién no?

 Los chicos iban vestidos con unos vaqueros raídos de los que se llevan ahora tan bajos que, sin usar la imaginación, se les puede ver la hucha, con los bolsillos traseros a la altura de las pantorrillas, ya me dirán la utilidad de esos bolsillos; vestían una sudadera con capucha y un chaleco de plumas. Igual era el uniforme del colegio porque iban los dos del mismo modo. Ahí, aparcados a su lado, sobre las carpetas, junto a un paquete de tabaco de liar, tenían los papeles y un mechero.

Sin dejar de llorar, el triste plañidero abandonado, se remangó y enseñó a su amigo el brazo izquierdo que lucía un tatuaje en su antebrazo que decía: “Jenny” en una limpia y hermosa caligrafía británica.

Así que, mientras les miraba disimuladamente, jugando con mi hijo a la pelota, esbocé una amplia sonrisa ante lo ridículo de la situación que estaba presenciando. Pero lo que hizo que me riese a carcajadas, ahí en medio de tamaño drama, fue la aplastante lógica del colega que ejercía de consolador, quien, con un gran aplomo, le dijo a su amigo: “Colega, tienes que buscar una piba que se llame igual”. El plañidero abandonado lo abrazó y dijo: “Gracias”, se encendieron un cigarro cada uno y se quedaron ahí con su drama. Cogí la pelota y al niño y nos fuimos para casa. Mientras abría la puerta del portal reconocí la lógica de mi abuelo en las sabias palabras del chaval y volví a reír.